Tomás Linn
Tomás Linn

Rascando el tacho

Parecen obsesionados. Peso que puedan sacarle a alguien, peso que importa. Buscan, hurgan e imaginan nuevas fuentes para ser gravadas. Es que hasta ahí les llega la imaginación. Más no se les puede pedir. Lo único que les importa es cobrar dinero de otros sin ahorrar el que tienen en caja. Así actúan muchos legisladores frentistas. Los dirigentes del Pit-Cnt no son diferentes.

Parecen obsesionados. Peso que puedan sacarle a alguien, peso que importa. Buscan, hurgan e imaginan nuevas fuentes para ser gravadas. Es que hasta ahí les llega la imaginación. Más no se les puede pedir. Lo único que les importa es cobrar dinero de otros sin ahorrar el que tienen en caja. Así actúan muchos legisladores frentistas. Los dirigentes del Pit-Cnt no son diferentes.

Al acercarse la discusión parlamentaria respecto a la Rendición de Cuentas, tan solo proponen eso: más impuestos y a como dé lugar. Nada de recortes al gasto público.

Los reclamos de los sindicatos en la misma dirección solo se explican porque los sectores más fuertes dentro de la central son los de empleados públicos. Saben que para que sus demandas salariales sean atendidas, el estado debe contar con recursos y para eso hay que poner más impuestos, aunque eso implique exprimir a los que trabajan.

A eso se opone, por ahora, el ministro de Economía Danilo Astori. Entiende que la carga tributaria aumentó lo suficiente y no es bueno agregar más impuestos.

Muchos legisladores frentistas discrepan y consideran que el país soporta más aumentos. Días pasados en el programa televisivo Off the Record, el diputado por la lista 711 José Querejeta argumentó en esa línea. Dijo que el capital podía soportar más impuestos aunque reconoció que había que ser cuidadoso ya que podía afectar la productividad del país. Luego empezó a enumerar una larga lista de pequeños nichos a los que se les podían sumar nuevos gravámenes para así obtener más recursos. Dio la imagen de alguien desesperado por rascar hasta el fondo del tacho para juntar, aunque fueran moneditas, un poco más de dinero.

Al referirse a otros asuntos, el diputado Querejeta actuó como un político informado y articulado. Pero en el tema de los impuestos, no pudo salir de un ya repetido verso.

Acá se da la paradoja de que el Gobierno (que es quien suele pedir más impuestos) no quiere subirlos, y su bancada (que en el parlamento debería ser quien controla los gastos del ejecutivo y defiende a la gente), muestra un casi infantil y desesperado afán recaudador.

Como bien dicen los expertos, Uruguay parece un país con impuestos escandinavos, pero sin sus excelentes servicios. La plata recaudada va, pero no vuelve.

En medio de estos tironeos, hay quienes entienden que con la actual cotización del dólar, Uruguay no es competitivo para producir y exportar. ¿Es solo el dólar la variable en este tema? Si las empresas pagan impuestos, tarifas de luz y combustibles caros, así como servicios, patentes y tributos municipales, ello incide en el precio final de lo producido y también hace que el país no sea competitivo. El dólar no es el único factor.

Días pasados una empresa que fabrica mobiliario metálico anunció que en lugar de vender su propia producción, la iba a importar. Eso implicaría menos erogaciones, menos sacrificios y dramas, menos problemas con la burocracia, los impuestos y las regulaciones. La medida está teñida del más puro realismo y mientras el hecho es noticia, los legisladores frentistas insisten en seguir subiendo impuestos.

Eso, en un lugar que además de gravar los ingresos (o sea al trabajo) mantiene un IVA altísimo. Casi no modificó, contra lo que había anunciado, el que había antes de la creación del IRPF. En países donde existen impuestos así, el IVA ronda en el 6 o 7 por ciento. Acá no, y además lo pagan todos por igual, ricos y pobres.

Se da además la absurda arbitrariedad de que a los jubilados (a partir de cierto ingreso) se les cobra el IASS. Y se aplica sobre lo que reciben en la mano y no sobre lo que les correspondería ganar, lo cual sería más lógico. Es que de hacerlo así, muchos de los que cobran una jubilación topeada quizás ni tendrían que pagar el IASS porque la deducción debería hacerse sobre el total real, no el topeado. Al no funcionar así, el estado se queda con la diferencia que hay entre el monto topeado y el real y además con el IASS. Parece algo abusivo.

También sería lógico que la central sindical se oponga a todo aumento de impuestos por principio, ya que ello afecta a sus afiliados. Por un lado, porque el impuesto reduce el ingreso del asalariado, por otro lado porque al afectar a las empresas, estas bajarán costos, lo que significa pagar menos sueldos o prescindir de personal.

Pero la central sindical no piensa en sus afiliados de la actividad privada, sino en los que están en el estado. Que son muchos. Y para estos, cuanto más se recauda, más fácil será reclamar por mejoras salariales y prebendas. O se podrá aumentar la plantilla de funcionarios públicos, cosa que viene ocurriendo desde que el Frente Amplio accedió al gobierno.

Es probable que Astori imponga sus criterios por el simple motivo de que tiene razón. Pero es llamativo que en el contexto actual, legisladores oficialistas y sindicalistas sigan pensando que la solución a todos los problemas del país es aumentar tributos hasta el infinito. Es como si vivieran en otro mundo.

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