Tomás Linn
Tomás Linn

La oposición y la percepción

Está la oposición realmente fuera de foco, como muchos sostienen? ¿Es cierto que parece ausente, poco activa y carente de energía?

Está la oposición realmente fuera de foco, como muchos sostienen? ¿Es cierto que parece ausente, poco activa y carente de energía?

Con frecuencia se escuchan duras críticas a la oposición de parte de gente que no se siente oficialista y por lo tanto simpatiza con los partidos que critican.

Muchos desearían respuestas firmes y una mayor visibilidad de la oposición en determinados temas. En especial ante un gobierno ejercido por el Frente Amplio, que en su tercer período consecutivo empieza a desnudar disfuncionamientos graves.

Si bien se puede y debe ser crítico con la oposición cuando no está a la altura de las circunstancias, eso no quiere decir que no tenga reflejos y parezca ajena a lo que realmente ocurre.

Si se analiza cada uno de sus pasos desde que Tabaré Vázquez asumió, la impresión es otra. Los partidos (al menos algunos) dan respuestas claras y si les tocara gobernar, estarían prontos para ello. Podría discutirse si lo harían mejor que el actual gobierno. Ciertamente no peor.

Habría que recordar que la oposición no es una sola. Cada partido expresa a diferente gente y todos ellos sumados representan a esa mitad del país que quedó apenas por debajo de la votación frentista. Son tres partidos que no tienen las mismas propuestas ante cada problema y sus líderes no tienen similar fuerza.

¿Podrían entenderse para gobernar juntos, si sumados sacan más votos que el Frente? Todo indica que sí. No será fácil como tampoco lo fue para el Frente Amplio en estos tres períodos. Pero no es imposible.

Los legisladores opositores crearon un fuerte impacto con la comisión investigadora para determinar qué pasaba en Ancap. Pusieron al descubierto situaciones comprometidas luego presentadas ante la Justicia para determinar responsabilidades.

Si no hubo más comisiones fue porque el Frente Amplio usó su mayoría parlamentaria y las impidió. No se pudo saber, por lo tanto, cómo son los negocios promovidos por el Gobierno con el régimen chavista en Venezuela.

Si se mira qué hace cada partido, las conclusiones varían. El Partido Nacional, hoy el principal de los partidos opositores, trabaja con método. Hace unas semanas el sector liderado por Luis Lacalle Pou presentó 20 medidas de gobierno para aplicar este año respecto a temas que atañen hoy al país.

Habrá gente de acuerdo o no con esas medidas, Pero la forma en que se discutieron, elaboraron y presentaron en público, muestra a gente que trabaja en equipo, que responde a un liderazgo y que llegado el momento, estará en condiciones de gobernar. Por lo tanto la percepción de que la oposición no existe, no coincide con la realidad en lo que a este grupo concierne.

El grupo de Jorge Larrañaga no está pasando por su mejor momento. De todos modos, maneja sus problemas sin afectar, por ahora, el funcionamiento del partido. Larrañaga no deja pasar oportunidad para tirar al ruedo ideas fuertes. Como ocurre con Lacalle, se podrá estar o no de acuerdo con ellas, pero no se puede negar que está en acción.

Tanto Larrañaga como Lacalle Pou no se quedan quietos y recorren el interior. Son conocidas las visitas constantes de Lacalle, muchas veces sin anunciarse. Pese a ello, no deberían descuidar Montevideo. Es allí donde surgió el descontento y sobre esa situación hay que trabajar.

Distinta es la realidad del Partido Colorado, que no supera una profunda crisis que se arrastra desde 2004. El anuncio del senador Pedro Bordaberry sobre su retiro de la política en las próximas elecciones, agudizó dicha situación. Pese a muchos cuestionamientos, Bordaberry seguía siendo el líder partida-rio con más visibilidad y apoyo. Fue un incansable trabajador en la comisión investigativa de Ancap y logró levantar en algo al partido en las elecciones de 2009 pero luego no pudo mantener esa situación.

Basta ver los intercambios en las redes para corroborar que la coyuntura es compleja y no se vislumbra una salida inmediata. Salida que no solo necesitan los colorados, sino también el país. Cuanto mejor constituidos y más sólidos sean sus partidos, más saludable será su democracia.

Quizás esta situación ayude a que los colorados trasladen su desazón a toda la oposición. A partir de su crisis, generalizan una conclusión que no corresponde con la realidad.

El Partido Independiente se afianzó al ampliar su bancada y conseguir un senador. Si bien es un partido chico, en caso de un futuro gobierno de coalición podrá aportarle gente valiosa. Por lo tanto tampoco ahí hay mayores problemas. Es un partido en alerta. Su ruido es menor porque su tamaño lo es. Pero se hace escuchar.

Otra explicación a la percepción de que la oposición no da con la talla puede venir de los propios frentistas desilusionados con su gobierno, pero no prontos para cruzar el Rubicón. Su coartada está en decir que el Frente los tiene enojados, pero con los demás no pasa nada.

La percepción existe pese a que no es real. Y en la medida que persiste, es obligación de los diferentes partidos opositores demostrar con claridad lo contrario.

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