Tomás Linn
Tomás Linn

El núcleo totalitario

Los uruguayos estamos pasando vergüenza. Rehenes de grupos políticos totalitarios, el gobierno es incapaz de hacer lo que este país hizo siempre: ponerse del lado de la libertad y la democracia.

Los uruguayos estamos pasando vergüenza. Rehenes de grupos políticos totalitarios, el gobierno es incapaz de hacer lo que este país hizo siempre: ponerse del lado de la libertad y la democracia.


No quiere líos. No los quiere con Venezuela pero más que nada, no los quiere con los sectores frentistas dogmáticos e intolerantes que defienden lo indefendible. Titubea, retrocede, toma distancia. A veces, por suerte, Venezuela ayuda cuando al radicalizarse arrincona a los duros.

Esto ocurre en un país que fue refugio de los perseguidos políticos, dio asilo a presidentes derrocados por golpes violentos, levantó su voz ante cada ataque contra la democracia y cuando le tocó sufrir su peor momento, supo reconocer y agradecer la solidaridad de quienes podían ofrecerla desde afuera.

Lo que está ocurriendo en Uruguay es serio y no puede ser soslayado. Se está tirando por la borda una digna historia, es verdad, pero además se abrió una brecha para que se instale con comodidad una forma totalitaria, dictatorial, liberticida de ver la realidad. Y si eso se consolida, afectará la convivencia política y la propia libertad de este país.

Hace ya rato, grupos como el Partido Comunista, el MPP y los dirigentes del Pit-Cnt sin pudor alguno se alinean con el régimen dictatorial de Venezuela. Régimen que empezó su acelerada carrera hacia una dictadura ya en tiempos de Hugo Chávez. Nicolás Maduro es tan solo el heredero de una forma de hacer las cosas. Que una dictadura como la venezolana no recurriera al tradicional golpe cuartelero no la hace menos dictadura. No se respeta, desde hace años, la separación de poderes. Las libertades se pisotean y existen presos políticos. Sí, son políticos que están presos porque se oponen al régimen. No por otra cosa.

La defensa cerril del chavismo que hacen estos sectores, alarma. Disimulan su alineamiento con teorías de no intervención, dicen respetar la autonomía de los venezolanos a gobernarse y suelen aclarar, cada vez con menos entusiasmo, que de todos modos el modelo que es bueno allá no lo aplicarían en Uruguay.

Lo harían. Están convencidos de que es el modelo perfecto. Celebran que detrás del chavismo esté metido el régimen cubano que mueve todos los hilos. Quieren que eso que ocurre allá, funcione en Uruguay. No se animan a decirlo con todas las letras, pero lo piensan.

Eso plantea un enorme desafío pues tales formas de ver la realidad terminarán horadando una larga historia de valoración democrática que permitió, por ejemplo, una estable convivencia desde la salida de la dictadura hace ya más de tres décadas.

Estas posturas complican al gobierno. Un ala del Frente Amplio mantiene la impronta liberal que valora el Estado de Derecho. Pero no todo el FA es así y cuando surgen temas como el de Venezuela, esa realidad queda al desnudo. Lo cierto es que hoy, entre el MPP, el Partido Comunista y el sindicalis-mo, la presión para asumir posiciones totalitarias es fuerte.

Dominan dentro del Frente Amplio, aunque el gobierno sabe que si suma su sector democrático con el resto de los partidos, en temas como el de Venezuela contaría con una consistente y sólida mayoría nacional.

Se deja llevar por la interna y no suma al resto del país, con lo cual buena parte de los uruguayos sienten vergüenza por las posiciones tibias asumidas por el gobierno que no reflejan la forma de entender el mundo que tiene Uruguay desde siempre.

Ni el canciller Rodolfo Nin Novoa ni el presidente Tabaré Vázquez se sienten cómodos en ese rol ambiguo y débil. A veces levantan un poco la cabeza, pero al final siguen siendo rehenes de los grupos más militantes.

Los diferentes partidos opositores, conscientes del desgaste que en muchos terrenos sufre un Frente Amplio con tres períodos en el poder, buscarán adhesiones en aquellos votantes que se ubicaron en la puerta de salida. Con ellos deberá establecer una necesaria empatía.

Pero el núcleo duro, ideológico y totalitario seguirá librando sus batallas. Y ante ellas, los otros partidos deben ser claros. No puede haber medias tintas.

Estos grupos buscan consolidar su visión rígi- da y asfixiante de sociedad. Defienden al chavis- mo porque creen que el totalitarismo, con todo lo que implica, es bueno. Desdeñan la democracia, no les sirve.

Por lo tanto hay que dirigir la artillería argumental contra ese núcleo. Es parte de la tarea. Los demás partidos están obligados a no dejarlo pasar. Separarán, sí, los núcleos totalitarios de los que no lo son dentro del Frente. Pero ese despotismo autoritario debe ser enfrentado y reducido. No puede dejársele el campo libre sin que la gente vea lo que realmente son. Lo de Venezuela sirvió para que sin pudor alguno defiendan situaciones grotescas. No se ruborizan. Nada les hace ver que están haciendo el ridículo y están dejando mal parado al país.

Los partidos tienen por delante la tarea de evitar que se instale una cultura totalitaria. Para ello deben exponer a quienes pretenden tales objetivos. Esa es la prioridad en cualquier agenda política de cara al futuro inmediato.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)