Tomás Linn
Tomás Linn

Enojos en la cúpula

Uno a veces se siente estúpido. Ve cómo los gobernantes discuten sobre los grandes temas presupuestales y tarifarios y sobre las necesidades que tiene el Estado para cubrir sus gastos y no puede menos que pensar: "esa discusión que simula ser tan abstracta es para ver cómo me van a sacar más plata".

Eso ocurrió con el duro cuestionamiento del ministro Astori a las autoridades de UTE. No discutían sobre un tema de alto nivel como puede ser el costo real de la energía en Uruguay, sino sobre cuánto nos van a cobrar a cada uno de nosotros por la electricidad que gastemos. Solo les importaba la factura que llega a la puerta de cada casa, cada comercio y cada fábrica a fin de mes.

El ministro Astori se enojó cuando se filtró la noticia de que la eventual suba de tarifas, prevista para enero, había provocado una fuerte discusión interna en el gobierno que desnudaba discrepancias serias. Los directivos de UTE creen que es posible reducir la tarifa dado que los costos de generación energética bajaron. Astori, en cambio, considera necesario subirlas ya que es la manera de equilibrar las cuentas nacionales (no las del ente) y así bajar el déficit fiscal.

Un informe publicado hace dos semanas en "Búsqueda" decía que el presidente de UTE, Gonzalo Casaravilla, había planteado al Ministerio de Economía y Finanzas la reducción de las tarifas, argumentando que la empresa tuvo un buen desempeño y que ello permitiría bajar en un 5% las cuentas de luz. No es lo que piensa el Ministerio. Allí se sostiene, por el contrario, que es necesario subir la tarifa quizás hasta en un 7%.

A Astori le enojó que la noticia sobre la discusión se hiciera pública y según supo El País de fuentes allegadas al ministro, éste se sintió traicionado por la gente de UTE que filtró "los puntos tratados en una reunión cerrada y primaria".

Si la postura del ministro fuera la de mayor realismo, entonces la de los directivos de UTE sería pura demagogia. Si la postura del ministro en cambio, expresa la idea de que unos tapen los agujeros de los demás (como parecería ser el caso), entonces la señal de los directivos de UTE sería la de quien dice: "no me hagan cargar a mí con el fardo de otros".

Hay entonces irritación en la cúpula del gobierno. Pero se refieren a cuentas que paga el ciudadano común. Es este quien debería estar enojado porque son cuentas caras, que en lo familiar reducen la disponibilidad de dinero y en lo comercial y productivo suben los costos y afectan la fluidez económica del país.

Todo indica que al gobierno quiere que las empresas públicas aporten a la caja central (mediante las llamadas "rentas generales) lo más posible. Por eso, aunque los entes digan que están en condiciones de cobrar menos, el asunto no es si sus cuentas cierran, sino que no cierran las de más arriba. O como explica el ministro, urge que el déficit fiscal se achique.

Se traslada de ese modo a los servicios públicos, la solución de un problema que no fue afrontado en su momento. Si hay necesidad de reducir el déficit, eso debió preverse al discutirse la Rendición de Cuentas. Allí debieron recortarse gastos que hubieran permitido el equilibrio.

Es probable que el ministro Astori tuviera esto claro, pero debió ceder a las presiones de diferentes organismos públicos que consideran, cada uno, que su tarea es prioritaria y por lo tanto necesitan una partida presupuestal más grande. También, como es práctica habitual, debió enfrentar las presiones sindicales.

Como es bien sabido, los sindicatos despliegan consignas patrióticas y solidarias pidiendo más para una mejor salud o para una educación de calidad. En realidad lo único que quieren es mejorar sus sueldos, lo cual será legítimo pero de solidario no tiene nada.

Por último vienen los ajustes que suelen hacerse en el Parlamento cuando quienes deberían cuidar el dinero de la gente impidiendo que el gobierno gaste más de lo necesario, ceden a todo tipo de reclamos concediendo más gastos de los ya previstos.

En este contexto, es lógico pensar que si tantos grupos de presión se salen con la suya, no debería haber protestas cuando el ministro sostiene que subir las tarifas es un modo de recaudar más y solventar tantos gastos. Por aquello de que no se puede tener la chancha y los cinco reales, hay que aceptar que los beneficios obtenidos en un lugar deben ser compensados en otro lado.

El problema es que no todos reciben esos beneficios, pero igual pagan por ellos. Son los que en alguna oportunidad llamé "los nabos de siempre". Pagan todas las cuentas y no reciben ninguna ventaja.

Si en enero aumentan las tarifas, serán ellos los grandes perjudicados. Si por el contrario prevalece la tesis de UTE, alguien ya encontrará la vuelta para que en algún lugar se recaude ese dinero que le hace falta al Estado. Y lo que no se pagó por un lado se terminará pagando por otro.

No es el ministro quien debería estar enojado, tampoco los directivos de UTE, sino ese sector de uruguayos que está condenado a pagar las cuenta de terceros.

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