Tomás Linn
Tomás Linn

El cinismo campea

Ya nada asombra; ni siquiera el cinismo que todo esto trasunta. Me refiero a las repetidas expresiones de numerosos políticos frentistas sobre Venezuela y a los líos que su posición arma en sus propias filas.

Ya nada asombra; ni siquiera el cinismo que todo esto trasunta. Me refiero a las repetidas expresiones de numerosos políticos frentistas sobre Venezuela y a los líos que su posición arma en sus propias filas.

No todos los grupos frentistas piensan igual. Cuando pueden, expresan su discrepancia. Y cuando quedan en minoría, acatan lo que dicen los demás. Con lo cual también son parte de este vergonzoso espectáculo de cinismo.

El tema de Venezuela los entierra cada vez más. Es descarado su apoyo a una dictadura. Es descarado que habiendo tenido muchas oportunidades a lo largo de estos más de 15 años, nunca se desengancharon. Es descarado que acusen a un imperialismo que ni siquiera está demasiado consternado por lo que pasa allí, pero no denuncien que el régimen cubano se metió dentro del estado venezolano y hoy es quien maneja su aparato represivo, su inteligencia, sus servicios secretos.

Días pasados, la Comisión de Derechos Humanos de la cámara baja, presidida por la diputada del Partido Nacional Gloria Rodríguez, emitió un cuestionamiento a la situación de derechos humanos en Venezuela. Dos diputadas frentistas (una de Asamblea Uruguay y la otra del MPP) apoyaron esa declaración. Como diputadas y como personas adultas, sabían bien lo que hacían.

Sin embargo el FA reaccionó airado y les ordenó que tacharan sus firmas de inmediato. Y por si con ese disciplinamiento las cosas no quedaron claras, al día siguiente se salió a explicar que el problema fue que a las diputadas las habían dejado “solas”.

¿Cómo “solas”? ¿Es que acaso necesitan ayuda para tomar decisiones políticas? ¿Es que por ser mujeres no se puede confiar en ellas? Y ante tanto desprecio, ¿salió al cruce alguna de las organizaciones feministas?

A eso se sumó el exabrupto de la diputada frentista Susana Andrade contra la nacionalista Gloria Rodríguez, que preside la mencionada comisión. Dijo que era una “manipuladora negra blanca”, con un tono que pareció insultante y racista y que buscó volcar toda la culpa sobre Rodríguez. La bancada nacionalista planteó una cuestión de fueros, y el Frente, con reticencia (lo discutió dos veces), al final se disculpó ante la diputada agraviada.

Lo de Andrade afectó también a las dos frentistas, aunque ahí no hubo disculpas. Es que su exabrupto dejo entrever que ella pensaba que sus correligionarias actuaron con ligereza y que eran fáciles de ser manipuladas. Tal vez toda la bancada pensó lo mismo, dando a entender que ninguno de los suyos puede pensar por sí solo.

A esa insólita situación siguió la interpelación al canciller Rodolfo Nin Novoa. El diputado colorado Ope Pasquet llamó al ministro a sala para desnudar las fisuras y contradicciones del oficialismo respecto a la postura del gobierno en el tema de Venezuela. Y lo logró.

Por cierto, su apuesta solo podía dar ese resultado. Cualquiera fuera la posición de la bancada oficialista, siempre quedaría en falsa escuadra.

El Frente decidió respaldar al ministro, y este quedó aún más atado a los caprichos del ala radical, decidida a apoyar a Venezuela a como dé lugar por entender que allí donde matan manifestantes y sus cárceles se llenan de presos políticos, no hay una dictadura.

¿Por qué insisten en defender lo indefendible? ¿En qué momento se darán cuenta que ni sus seguidores les creen?

En realidad para esos sectores está bien que sea una dictadura, está bien que Cuba esté detrás del régimen, está bien que haya presos políticos y está bien que los manifestantes apresados terminen en juzgados militares, aunque olvidan que acá en dictadura, actuaron similares tribunales presididos por el temido coronel Federico Silva Ledesma.

No solo creen que lo de Venezuela es dictadura: si pudieran decirlo, admitirían que es bueno que un modelo así funcione acá.

Esa es la verdad.

Ante ella el canciller se acomoda. De su inicial postura clara y firme pasa ahora a argumentar con debilidad. Insiste en ser prudente para “no aislar a Venezuela” como si el régimen ya no lo estuviera. Además insiste en que Uruguay participará con otros países (menores y casi todos amigos del chavismo) en una nueva mediación. Algo en que la oposición no cree.

Todos los que mediaron terminaron chamuscados (incluido el papa Francisco). Y eso por el simple motivo de que a Maduro no le interesa negociar. Nunca le interesó. Ante cada protesta, sube la apuesta, endurece la situación, radicaliza las cosas y reacciona con crueldad. Hay muertos y presos políticos. Quiere aniquilar a la oposición para quedarse con aún más poder, como si todavía quedara algo más para tomar.

Así es imposible negociar.

A Maduro solo le queda una opción: ceder a todos los reclamos opositores y luego abrirse, pues él ya no es garantía para realizar futuras elecciones, limpias y abiertas.

Estos episodios vividos en el Parlamento en los últimos días muestran que el cinismo campea. También campea la deliberada negativa a diferenciar una democracia de una dictadura. Ambas cosas se han vuelto peligrosas.

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