Tomás Linn
Tomás Linn

Va mas allá del taxi

Primero fue en Pittsburgh y luego en San Francisco. Ambas son ciudades con calles empinadas y complicadas.

Primero fue en Pittsburgh y luego en San Francisco. Ambas son ciudades con calles empinadas y complicadas.

Allí Uber decidió experimentar. Parte de su servicio es ya prestado por coches sin conductor: se manejan solos.

De hecho, por un tiempo habrá alguien sentado detrás del volante pero sin conducir, con la sola intención de tranquilizar al pasajero.

Eso durará hasta que el experimento se consolide.

En Montevideo, los taxistas furiosos terminan a los trompadas con los que conducen autos de Uber.

Ni antes, ni ahora, ni nunca les importó prestar un servicio de calidad para el pasajero.

Pero sí les enoja que alguien que hace las cosas mejor, les venga “a robar” su trabajo.

Lo llamativo es que en su concepción y objetivo, no pretende instalar una estúpida rencilla con los taxistas. Apunta a algo mucho más transformador.

Apuesta a un cambio de prácticas y culturas que terminarán modificando formas de vida en las sociedades donde el sistema funciona.

Basta ver lo que sucede en otras ciudades para comprender, guste o no, que la cosa pasa por otro lado. Solo en Montevideo se puede entender este peculiar fenómeno con tan grosera simplificación.

Uber no fue pensada para darle un dolor de cabeza a los taxistas, pues ellos son un asunto menor en este asunto.

Solo acá se creen el ombligo del mundo. Si piensan que pierden pasajeros por culpa de Uber, deberían darse cuenta que el problema no es Uber sino justamente los pasajeros, que prefieren el nuevo sistema no tanto porque es barato (si bien es una razón) sino porque se viaja seguro, directo y sin esperas.

Y con comodidad: no es necesario ir encerrado en una celda trasera.

En otras ciudades donde el servicio existe, no le hace sombra a los taxis. Hay lugares donde lo que desciende no es el uso del taxi sino el de las playas de estacionamiento céntricas. Aquel viejo problema de ir de un lugar a otro hasta encontrar disponibilidad, ya no es tan agudo y la tendencia es que lo sea cada vez menos porque Uber sustituye al auto personal.

Con un simple llamado de celular el pasajero pide un coche Uber, que lo estará esperando a la puerta. Se evitará así la tensión de conducir con tanto tránsito, con los embotellamientos y la dificultad para encontrar donde estacionar.

Viajará en un vehículo tanto o más cómodo que el propio. Quien conduce es amable y el que viaja se deja llevar. Llegar a destino es simple y no tiene que pensar hasta que sea la hora de regresar, cuando pide otro servicio.

Esto tiende a eliminar, en lo inmediato y en las sociedades desarrolladas, el “primer auto”.

Mucha gente prefiere prescindir de ese auto (o de ese uso del auto) y recurrir a Uber.

Queda en pie el “segundo auto”, para llevar a los hijos a la escuela, hacer las compras en los centros comerciales o supermercados y para las vacaciones y viajes de media y larga distancia.

Esto solo, revoluciona el funcionamiento de una ciudad, de su tránsito, del movimiento de su gente. Si el proceso avanza, la vida se vivirá de otro modo y el automóvil pasará a tener otro uso.

Más si además se consolida lo de los coches sin chofer, tendencia a la que apuesta esta nueva modalidad.

Por cierto, en Montevideo no es tan común tener dos autos.

Pero crece la gente que posee al menos uno y eso se confirma desde hace un par de décadas con solo observar calles y rutas.

Hay más autos cero kilómetro y hay gente que accede a su primer auto mediante la compra de los usados, volcados al mercado por aquellos que renuevan el suyo.

Uber eventualmente modificará las costumbres en cuanto al uso del auto. Pero no es el único fenómeno que apunta a ello.

La medida de prohibir el consumo de alcohol para manejar (aplicada en Uruguay y también en muchos otros países) significó la búsqueda de alternativas para aquellos que quieren beber si se reúnen con amigos, van a una fiesta, o simplemente tienen una gran reunión familiar.

Es ahí cuando se recurre a Uber. Y no al taxi. Como decía un amigo: “prefiero tomar un refresco en los encuentros con amigos pero ir en mi auto, a tomar alcohol en una reunión para luego viajar en un claustrofóbico, incómodo y mal tratado taxi, no siempre manejado por gente de buen talante”.

En consecuencia, el primer competidor de Uber es el propio auto de quien usa el servicio, no el taxi.

En Uruguay los taxistas han agredido, a veces con brutalidad, a quienes ven como enemigos.

Los inspectores municipales, tal cual ocurre en los países totalitarios, acosan a los pasajeros de este sistema (una vez que estos descienden del auto que los llevó) para que delaten. Todo es muy primitivo.

Y muy innecesario. Uber se impondrá. Al menos por un rato ya que cada nueva aplicación tecnológica es rápidamente superada por otra.

Transformará prácticas urbanas y de vida social en forma acelerada y sorprendente.

En ese revolucionario cambio, los taxistas serán un asunto muy menor.

La cuestión está en que Uruguay, que muchas veces vive aislado dentro de una burbuja, entienda esto y lo discuta sin distorsiones.

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