Thomas L. Friedman
Thomas L. Friedman

Carta desde Arabia Saudita

La semana pasada vine aquí en busca de pistas sobre las raíces de Estado Islámico, que ha atraído a cerca de 1.000 jóvenes a sus filas. No pretenderé que he penetrado las mezquitas de jóvenes hombres barbados, inmersos en el islam salafista/wahabita, quienes no hablan inglés y de donde el Estado Islámico atrae reclutas. Sé, con todo, que el clero conservador sigue formando parte del acuerdo que gobierna aquí -algunas de las voces más populares en Twitter son instigadores religiosos- y esos líderes religiosos siguen dirigiendo el sistema de justicia y condenan a blogueros liberales a azotes, y siguen en la negación con respecto al grado de frustración del mundo hacia la ideología que ellos han exportado.

Sin embargo, también me topé con algo que no sabía: Algo es estimulante en esta sociedad. Esta no es la Arabia Saudí de sus abuelos.

“De hecho, ni siquiera es ya la Arabia Saudí de mi padre; ni siquiera es la Arabia Saudí de mi generación”, me dijo el canciller del país, A

La semana pasada vine aquí en busca de pistas sobre las raíces de Estado Islámico, que ha atraído a cerca de 1.000 jóvenes a sus filas. No pretenderé que he penetrado las mezquitas de jóvenes hombres barbados, inmersos en el islam salafista/wahabita, quienes no hablan inglés y de donde el Estado Islámico atrae reclutas. Sé, con todo, que el clero conservador sigue formando parte del acuerdo que gobierna aquí -algunas de las voces más populares en Twitter son instigadores religiosos- y esos líderes religiosos siguen dirigiendo el sistema de justicia y condenan a blogueros liberales a azotes, y siguen en la negación con respecto al grado de frustración del mundo hacia la ideología que ellos han exportado.

Sin embargo, también me topé con algo que no sabía: Algo es estimulante en esta sociedad. Esta no es la Arabia Saudí de sus abuelos.

“De hecho, ni siquiera es ya la Arabia Saudí de mi padre; ni siquiera es la Arabia Saudí de mi generación”, me dijo el canciller del país, Adel al-Jubeir, de 52 años.

Por ejemplo, me recibieron en el Centro Juvenil Rey Salman, impresionante fundación educativa que, entre otras cosas, ha estado traduciendo al árabe videos de la academia Khan. Me invitó a dar una conferencia sobre la manera en que grandes fuerza tecnológicas están afectando el lugar de trabajo. Yo no sabía qué esperar, pero se presentaron más de 500 personas, llenando el salón, casi la mitad de las cuales eran mujeres que, sentadas en sus propias secciones, iban vestidas con tradicionales túnicas negras. Hubo un retroceso en Twitter con respecto a por qué se le debería dar una plataforma a un columnista que ha criticado la exportación de Arabia Saudí de la ideología salafista. Sin embargo, la recepción a mi plática (no me pagaron) fue cálida, y las preguntas del público fueron profundas y discernidoras con respecto a la manera de preparar a sus hijos para el siglo XXI.

Todo parece indicar que los conservadores aquí tienen mucha más competencia ahora por la identidad futura de este país, gracias a varias tendencias que convergen. En primer lugar, la mayoría de Arabia Saudí es menor de 30 años. En segundo, hace una década, el Rey Abdulá dijo que pagaría el costo de cualquier saudí que quisiera estudiar en el extranjero. Eso ha dado como resultado 200.000 saudíes estudiando en el exterior actualmente (incluidos 100.000 en Estados Unidos), y ahora 30.000 al año están volviendo con diplomas occidentales y uniéndose a la fuerza laboral. Actualmente se ve a mujeres en oficinas por todas partes, al tiempo que varios funcionarios de alto nivel me susurran cuán frecuentemente los mismos conservadores que censuran a las mujeres en el lugar de trabajo discretamente hacen labor de convencimiento con ellos para meter a sus hijas a buenas escuelas o empleos.

Finalmente, justo de la manera en que esta prominencia juvenil explotó aquí, lo mismo hizo en Twitter y YouTube: un regalo divino para una sociedad cerrada. Los jóvenes saudíes están usando Twitter para contestarle al gobierno y para conversar entre sí con respecto a los temas del día, produciendo más de 50 millones de tuits al mes.

Lo que había estado faltando era un liderazgo listo para canalizar esta energía en una reforma. Conozcan al nuevo hijo del Rey Salman, Mohammed bin Salman, el segundo príncipe en la sucesión al trono, quien tiene 30 años de edad y, al lado del moderado príncipe heredero, Mohammed bin Nayef, se ha embarcado en una misión enfocada a transformar la manera en que Arabia Saudí es gobernada.

Pasé una noche con Mohammed bin Salman en su oficina, y me agotó. Con estallidos de energía interminables, trazó sus planes en detalle. Sus principales proyectos son un panel de instrumentos del gobierno en línea que desplegará de manera transparente los objetivos de cada ministerio, con ICD -indicadores clave de desempeño- por los que cada ministro será considerado responsable. Su idea consiste en involucrar al país entero en el desempeño gubernamental. Los ministros te dicen: Desde que llegó Mohammed, grandes decisiones que requerían de dos años para tomarse ahora se dan en dos semanas.

“Los cambios clave son nuestra dependencia excesiva en el petróleo y la forma en que preparamos y gastamos nuestros presupuestos”, explicó Mohammed. Su plan consiste en reducir subsidios para saudíes ricos, quienes no tendrían ya gasolina, electricidad o agua baratas, estableciendo posiblemente un impuesto al valor agregado e impuestos al pecado sobre cigarrillos y bebidas azucaradas, así como privatizar y gravar tanto minas como tierras sin desarrollar en formas que puedan destrabar miles de millones de dólares; así que incluso si el petróleo cae a 30 dólares por barril, Riad tendrá suficientes ingresos para seguir construyendo el país sin agotar sus ahorros. Además, él está creando incentivos para que los saudíes salgan del gobierno y se unan al sector privado.

“Setenta por ciento de los saudíes son menores de 30 años, y su perspectiva es diferente a la del otro 30 por ciento”, destacó Mohammed. “Estoy trabajando en aras de crearles el país en el que ellos quieran estar viviendo en el futuro”.

¿Es esto un espejismo o un oasis? No lo sé. ¿Producirá una Arabia Saudí más abierta o una Arabia Saudí más eficiente? Lo desconozco. Sin embargo, definitivamente vale la pena observarlo.

“Tenemos un pulso que nunca antes hemos visto”, me dijo Mohammed Abdulá Alyadaan, presidente de la Autoridad Saudí del Mercado de Capital. “Y nosotros tenemos un modelo (a seguir) en el gobierno que nunca creímos que veríamos”.

En resumen: Aquí sigue habiendo rincones oscuros exportando ideas intolerantes. Sin embargo, todo parece indicar que ahora tienen competencia real tanto de las bases populares como de una dirigencia en busca de erigir su legitimidad en torno al desempeño, no solo piedad o un nombre familiar. Como me dijo un educador saudí: “Sigue habiendo resistencia al cambio”, pero ahora hay mucha más “resistencia a la resistencia”.

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