Sergio Abreu
Sergio Abreu

La vuelta de carnero

El anuncio de una nueva inversión de UPM en el país es una buena noticia, igual que lo fue la decisión de la misma empresa en el 2004 de radicar parte de su proceso productivo en nuestro territorio.

El anuncio de una nueva inversión de UPM en el país es una buena noticia, igual que lo fue la decisión de la misma empresa en el 2004 de radicar parte de su proceso productivo en nuestro territorio.

Estas inversiones se benefician de leyes que durante años, luego de recuperada la democracia, fueron aprobadas por sucesivos Parlamentos, como la de forestación, la de zonas francas, la reforma portuaria, la de inversiones, la del marco eléctrico y decenas de tratados de inversión y doble tributación incluyendo el firmado con Finlandia en el 2004.

Sin embargo, el FA votó en contra de todas estas leyes y se opuso entre otras tantas iniciativas a inversiones como la del Hotel Conrad y las del World Trade Center, con fundamentos que constan en los anales legislativos y en las declaraciones de sus actores políticos que diseñaron la plataforma electoral que los llevó a ganar las elecciones nacionales.

Pero llegado al gobierno en el 2005, y disponiendo de mayorías suficientes en el Parlamento, esa fuerza política no derogó ninguna de ellas. ¿Por qué no lo hizo? ¿No eran estas normas la expresión de un entreguismo inaceptable al capital internacional como se sostuvo?

Pues bien, la popular “vuelta de carnero” se debe a que los tiempos cambiaron desde la caída del muro de Berlín y las viejas ideas de la izquierda estatista dejaron vacíos en sus cuarteles socialistas, mientras que no sin pocos conflictos internos, los gobiernos comenzaron a abandonar sus superadas visiones imaginarias.

En el mundo moderno, no necesariamente justo, la lucha de clases se perdió en manos de conceptos “calientes” como el comercio global intra firma, módulos de producción intercambiables, sistemas de educación modernos y del acceso a tecnologías y medios de comunicación impensados hasta hace poco tiempo. En especial en el sector agroindustrial, que en el Uruguay sigue siendo el eje central de su inserción externa en respuesta al surgimiento de nuevos actores que como la economía china ha pasado a ser la primera exportadora de bienes del mundo, la tercera de servicios y el mercado de mayor demanda de alimentos y productos básicos.

En este contexto, todo sistema político debe ajustarse, porque las democracias liberales se alimentan de un proceso de mejora continua de los individuos y la sociedad. Y estos se enfrentan a un plebiscito ininterrumpido desde que la idea del “buen salvaje” planteada por Rousseau dejó de animar las utopías marxistas socialistas basadas en que la riqueza resultaba de la explotación del trabajo proletario por la clase burguesa. De tal modo, que basta observar la situación de Cuba, Venezuela, Brasil y Argentina para comprobar cual es el destino de los que se resisten a “dar la impostergable vuelta de carnero” que la globalización plantea aún con sus incertidumbres.

El lector se preguntará: ¿qué tiene que ver esto con las inversiones de UPM?

La respuesta es simple: las ideologías colectivistas no pasaron la “prueba” de la historia, e inversiones como las de UPM que hoy encandilan al gobierno son el reflejo de cambios en el mercado global que explican por qué el 60% de los bienes exportados son semiterminados, tal como sucede en la cadena de la madera y la producción de pasta de celulosa que sirve de insumo para otros bienes en terceros mercados.

En consecuencia, muy pocos se atreven a discutir que el progreso en la sociedad moderna se centra en la innovación y en la tecnología incorporadas a las cadenas de producción; y que estas se nutren de bienes intermedios y servicios que al comercializarse impulsan el crecimiento y la prosperidad de las sociedades que se adaptan a las nuevas circunstancias.

Un señor Bill Gates comenzó en el garaje de su casa aportando talento e información a un proyecto personal, y sus innovaciones tecnológicas no solo lo hicieron un triunfador sino que se expandieron impulsando una era digital que no admite límites en sus avances y en la transformación del emprendimiento a nivel global. Y ni Gates ni Steve Jobs se sintieron parte de una estrategia del capital internacional y menos de un pensado proyecto del denostado “Imperio” norteamericano.

Por esa razón las leyes cuestionadas por el Frente Amplio no se derogaron, ya que el gobierno no ha podido ignorar que la apertura y la productividad hacen a la agenda de las economías modernas y que el Estado es el primero que debe asumir que los problemas sociales no se solucionan gastando más sino gastando mejor, sobre todo en Educación y en infraestructura, las dos columnas que muestran el fracaso de años de Administraciones pretendidamente “progresistas” y que de continuar, nos sumergirá en un atraso que no podrá ser explicado ni por el “chamullo” anarquista, ecuménico y sentimental de nuestro expresidente Mujica, uno de los grandes responsables de la situación que vivimos.

En resumen, se trata de productividad y gestión, precisamente en las áreas en que el sector público es tan ineficiente como opaco y con efectos que se reflejan en un déficit fiscal que hace peligrar el grado inversor. Tan así es, que los cerca de 500 millones de dólares que se quieren recaudar para corregir el optimismo de las cifras que se manejaron al inicio del gobierno son apenas un tercio de lo que los uruguayos perdieron con los delirios de Pluna, Ancap, Antel, UTE y otras empresas públicas.

Por tanto, es en función de estas circunstancias que cuando llegan al país inversiones privadas de este porte, lo primero que analizan son los incentivos y exoneraciones que las puedan salvar del manicomio tributario que afecta sus niveles de renta, y por supuesto, del corporativismo sindical que compromete su productividad y competitividad. Lo que explica, además, las exigencias que plantean al Gobierno para que, como contrapartida de esas inversiones de niveles históricos, haga honor con sus obras a la condicionada confianza que depositan en el país.

Por esas razones esas leyes tan cuestionadas gozan de buena salud. De haber sido derogadas las bienvenidas y salvadoras inversiones estarían radicadas en otro lugar.

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