Sergio Abreu
Sergio Abreu

No temer al MACRI mercado

El Uruguay tiene que rescatar su capacidad de propuesta. La parálisis de la integración es un hecho, tanto político como económico. La realidad cambia y se nos impone.

El Uruguay tiene que rescatar su capacidad de propuesta. La parálisis de la integración es un hecho, tanto político como económico. La realidad cambia y se nos impone.

Se acabó el tiempo de los sublemas ideológicos. Maduro “está loco como una cabra” dijo su amigo y antiguo socio Mujica; claro que bajo su consigna de “como te digo una cosa, te digo la otra”.

El multilateralismo está en crisis. Los acuerdos regionales y entre grandes bloques han superado los doscientos ochenta. Y eso responde a que 2/3 del comercio mundial se realiza intrafirma, mientras que el 60% de los bienes que se intercambian son semiterminados.

En el 2030 (¡mañana!) la población mundial será de 8 mil millones y medio, la demanda de energía aumentaría en un 50% y la producción de alimentos y los escasos recursos naturales serán la base del desarrollo sustentable de las economías del Cono Sur.

Los planteos “sesentistas” nos paralizaron; y nadie ignora que nuestra transitoria bonanza se debió a la demanda de alimentos que el mercado chino mantuvo hasta ahora por un crecimiento anual de su Producto Bruto del 10%, más el importante flujo de inversión extranjera impulsada por las bajas tasas de interés internacionales.

Pero veamos qué suce-de en el Mercosur (no incluyo al socio de “utilería” de Venezuela).

Argentina intenta salir del “default” dejando el antiguo modelo proteccio-nista replanteando su estrategia tanto externa como regional.

Brasil registra dos años seguidos de caída de su Producto Bruto (ocurrido la última vez en 1930) y el nuevo gobierno adelantó que en el corto plazo buscará un entendimiento con Argentina para “renovar el Mercosur y corregir lo que deba ser corregido para fortalecerlo”.

Mientras tanto, Paraguay es la única economía que crece en forma consistente en América del Sur. A tal punto que inversiones de la región buscan en su mercado un mejor ambiente de negocios que defienda su competitividad en la producción de bienes y servicios.

Todo esto quiere decir que el actual modelo de integración no responde a las transformaciones económicas, tecnológicas, sociales y políticas que se produjeron durante los 25 años de un Mercosur anémico e ideologizado.

Al extremo de que bajo la inspiración bolivariana-brasileña se aceleró una “fuga hacia adelante” creando la Unasur y el Celac y abandonando el proyecto fundacional mercosuriano.

¿Y Uruguay qué puede hacer? ¿Esperar a que la vieja trenza bilateral de nuestros vecinos tome fuerza sin nuestra participación? ¿Dejar en manos del Pit-Cnt la estrategia del país? ¿Mantenerse sin realizar propuestas para preservar el “equilibrio inestable” hacia el interior de su gobierno?

Apertura, seguridad jurídica y flexibilidad deben ser las columnas de un modernizado Mercosur, si quiere recuperar su credibilidad y atender las asimetrías existentes hacia adentro.

No tienen ningún sentido los “corralitos” mercosurianos.

No hay otra opción que concretar la apertura de nuestro comercio desde una flexibilidad para negociar juntos o separados de nuestros socios acuerdos preferenciales en bienes y en servicios.

No podemos temer a la ampliación de los mercados ante la realidad.

Desde la región tenemos que saltar al mundo, vender donde nos compran y apostar a un sistema de producción basado en la calidad y ganando poco a poco nichos de mercado en los más lejanos puntos del globo.

Uruguay, con pocas excepciones, nunca renunció a ejercer su “inteligencia molesta”, siempre levantó banderas más allá de sus intereses concretos y debe seguir impulsando la integración, sin quedar reducido a un actor de reparto entre tantos poderosos cercanos y lejanos.

La “Banda Oriental” hoy es, más que nunca, un Estado “frontera, pradera y puerto” (al decir de Reyes Abadie); una bisagra que no puede aceptar la fragmentación regional porque de la promoción de cadenas productivas surge su potencialidad para alcanzar alianzas estratégicas dictadas por el pragmatismo.

Por otra parte, más geografía y menos ideología es el núcleo duro de nuestra conectividad tanto en infraestructura como en energía.

El nuevo “humor” del vecindario nos favorece pero hay que aprovecharlo ahora. La Hidrovía Paraguay - Paraná debe consolidarse. La demanda existe, y Uruguay a través de Nueva Palmira y Montevideo, dispone de puertos de salida que dan sentido a su plataforma logística.

La fórmula de un sólido desarrollo es tan fácil de plantear como difícil de ejecutar: un Estado con menos grasa, un gobierno medido por sus resultados, una mayor seguridad jurídica, una baja presión tributaria y una apertura internacional hacia el comercio, las inversiones y la tecnología.

Un planteo de este tenor nos ayudará a todos.

Pero como se sabe, dependerá de la voluntad política de cada gobierno, más en nuestro caso, donde los Partidos, empezando por el Frente Amplio, deben hacer el esfuerzo por cambiar el puño cerrado por una mano tendida.

Lo del título.

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