Sergio Abreu
Sergio Abreu

El perro del hortelano

El escenario internacional no es ajeno ni al destino de la región ni al de Uruguay. La hiperactividad de Trump y el nuevo “desequilibrio de poder” tienen efectos políticos, comerciales y de seguridad de carácter global.

El escenario internacional no es ajeno ni al destino de la región ni al de Uruguay. La hiperactividad de Trump y el nuevo “desequilibrio de poder” tienen efectos políticos, comerciales y de seguridad de carácter global.

A pesar de eso, muchos piensan equivocadamente que la llamada América Latina , la región más desigual del planeta, ha perdido toda prioridad y que todo se reduce a definiciones y enfrentamientos políticos relacionados con obsoletos moldes ideológicos. Estos signos de resignación e impotencia no pueden instalarse en organismos que tienen todas las posibilidades para encontrar respuestas que se han dilatado por mucho tiempo.

En el ámbito del comercio internacional nuestra región se muestra como una insustituible productora de alimentos. Por tanto no solo la demanda de estos productos no va a decaer, sino que también se han vuelto esenciales los recursos naturales estratégicos de que dispone, como el agua, elemento que representa el 26% de las reservas mundiales. Tarde o temprano estos dos temas estarán en el centro de los eventuales conflictos globales y nos afectarán directamente si los países de la región no reaccionan a tiempo.

La integración comercial, la cooperación energética , la conectividad física y la preservación de esos recursos naturales dependen de decisiones al más alto nivel por iniciativa de presidentes que se empinen sobre radicales posiciones políticas que nos enfrentan y nos dividen.

Los temas arancelarios ya no son los principales obstáculos al comercio. Las trabas se proyectan a través de regulaciones a las que recurren los países para ejercer un proteccionismo puntual en defensa de intereses concretos.

Por otro lado, las cadenas productivas que deberían complementarse dejan lugar a importantes firmas transnacionales que, tomando partido de nuestras necesidades, terminan imponiendo sus condiciones para concretar sus grandes inversiones.

Con lo dicho no queremos decir que estas deban ser rechazadas. Por lo contrario, esas inversiones deberían competir con alianzas del sector privado de nuestras economías de vecindad, de modo que, al diseñar escenarios alternativos, seamos capaces de superar las raquíticas cifras que registra nuestro comercio intrarregional.

Mientras el multilateralismo está en crisis los cientos de acuerdos que se venían conformando abren por lo menos un signo de interrogación. Al punto que todo parece replantearse en el marco de un “equilibrio inestable” como lo definie-ra gráficamente Fernando Henrique Cardoso.

En este contexto, los países de la región deben agilizar mecanismos como los Acuerdos de Alcance Parcial de la Aladi para habilitar una moderna convergencia normativa que elimine los obstáculos existentes en nuestro comercio.

La realidad nos abre un gran espacio para aumentar nuestro intercambio de bienes y servicios. La apertura comienza por casa, a pesar del surgimiento de un populismo nacionalista de origen sajón como lo ocurrido con el Brexit en el Reino Unido y en las elecciones que dieron el triunfo a Donald Trump.

De todos modos, la estrategia china no es la misma, porque a pesar de reducir su crecimiento a un 6%, se mantiene como la primera exportadora de bienes del mundo y la tercera de servicios y avanza en acuerdos de libre comercio con países cerca y lejos de su geografía.

Por tanto, no se trata de impedir negociaciones con economías externas sino de sincerarnos respecto de cómo actuamos hacia adentro de la región e incluso hacia afuera. Por eso, una organización de integración no puede quedarse en discursos plagados de lugares comunes acumulando fracasos que por estrategia política se esconden bajo la alfombra.

El único privilegiado debe ser el productor, el consumidor y el nivel de empleo, actores que hoy han pasado a un segundo plano por las desinteligencias entre algunos Estados y gobernantes.

A pesar de este escenario, un buen ejemplo surge del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Canadá aprobado hace dos días por el Parlamento Europeo.

En pleno avance del proteccionismo y tras siete años de negociaciones los europeos estiman que su PBI luego de este Acuerdo aumentaría 12.000 millones de euros al año. A pesar de las reacciones que desde distintos frentes cuestionan el Tratado, las pequeñas y medianas empresas se verán favorecidas por la agilización de los procesos de certificación aduanera en lo que hace a la regulación.

Estos modelos o parte de ellos bien podrían aplicarse a nivel de nuestra región para evitar que las incertidumbres globales impidan iniciativas y propuestas para evitar que la inactividad nos condene a un retraso irrecuperable.

Nada lograremos si los tiempos políticos se ocupan en confrontaciones y peleas entre las máximas autoridades que gobiernan nuestros Estados.

En conclusión, tenemos que reconocer que si seguimos insistiendo en la tradicional práctica del “perro del hortelano “, unos y otros con tecnologías de última generación, capitales estatales o abultados fondos de inversión vendrán por nuestros estratégicos recursos naturales.

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