Sergio Abreu
Sergio Abreu

Un partido, dos gobiernos

El gobierno se enfrenta a serios problemas cuando debe tomar decisiones importantes. Existen diferencias de fondo en sus filas que afectan la imagen y los resultados de su gestión.

El gobierno se enfrenta a serios problemas cuando debe tomar decisiones importantes. Existen diferencias de fondo en sus filas que afectan la imagen y los resultados de su gestión.

La existencia de dos visiones es un dato objetivo. Las dos al enfrentarse públicamente en importantes temas de gobierno facilitan la presión de un sindicalismo enemigo de toda política pública distante de su ideología colectivista.

Esta izquierda nacional es el último refugio de las profecías incumplidas y de la obsolescencia política. A diferencia del pasado en que hacía sus purgas entre las sombras, sus actuales enfrentamientos muestran rupturas que públicamente la exhibe como una fuerza “anarco, marxista, ecuménica y sentimental sazonada con una gotita de mercado”.

Eso explica que un esquema bicéfalo de poder funcione dentro del gobierno en conflicto permanente, a pesar de que muchos dirigentes alertan a sus “compañeros” que por ese camino de la discusión y dispersión públicas el FA corre el riesgo de perder las próximas elecciones.

El Presidente aparece como aislado en la “soledad del poder” (síndrome común a esa investidura) y confía en un reducido núcleo de personas, mientras que por otro lado, el gobierno del “quincho” del Sr. Mujica es el encuentro de un heterogéneo grupo con cierta rotatividad y poco aprecio por el valor de las instituciones y la seguridad jurídica.

Un Partido de gobierno sujeto a tantas diferencias tiene, además, que manejar una máquina sindical que se mueve como otro centro de poder más allá de la representación de muchos trabajadores; y como la ideología es lo primero, ante el cierre de decenas de empresas agobiadas por altos costos internos, conflictos sindicales y el atraso cambiario, se despreocupa del desempleo creciente en el sector privado e insiste en aprobar más impuestos para profundizar la lucha de clases y aumentar el peso del Estado.

Por tales razones, toda intervención o discurso de los dirigentes sindicales (en sublema ideológico con el Frente Amplio) exuda marxismo. Y este irrumpe tal religión laica teniendo a los Castro, Chávez y Maduro como referentes de sus dogmas y a la dictadura del proletariado como Biblia artesanal de su verdad revelada.

En síntesis, ese es el problema de todos estos gobiernos. No pueden hacer convivir su socialismo con la defensa de la libertad, la Constitución y las leyes. La democracia liberal les permite alcanzar el Gobierno con el atrayente discurso de perseguir la “igualdad”. Pero así como “la cabra tira al monte” el despotismo termina siendo su instrumento y la pobreza el resultado. Pero es tal la soberbia histórica, que prefieren morir abrazados al régimen cubano y al fascismo bolivariano; sin trabajo, sin comida y sin medicamentos, pero levantando el brazo con el puño cerrado.

Esto determina que cada uruguayo debe recuperar su conciencia crítica, preguntando y esperando respuestas y reclamando como contribuyente, que sus derechos sean respetados. Y esa tarea ya comenzó.

Son muchísimos los que se preguntan hoy: ¿cómo frente a una inversión importante un sindicato puede ocupar oficinas y quemar gomas en la calle cuando lo prioritario es apostar al trabajo y a la producción?; ¿cómo puede insistirse en un sistema de autogestión que pierde decenas de millones de dólares y no muestra resultados que lo justifique?; ¿qué autoridad moral tienen los que una vez recuperada la democracia continuaron robando bancos para financiar el brazo legal de su sector político?; ¿por qué no baja el precio del combustible cuando el petróleo está a 48 dólares el barril?; ¿cómo se puede aumentar el sueldo y ganar menos porque se cambia de franja?; ¿no es este el gobierno que prometió que no habría aumento de impuestos y del boleto urbano?

En otro plano, también el pueblo se da cuenta de la tozuda discusión que en el FA se da en relación con el rol de las Fuerzas Armadas; parte del gobierno arregla el déficit afectando derechos adquiridos, y la otra, pretende reducirlas al mínimo porque sus integrantes se resisten a ser el brazo armado y represor de una ideología como la “chavista”. Entonces el ciudadano se pregunta ¿y si los Comandantes fueran como el General venezolano Diosdado Cabello (¡Dios nos libre!) la visión que el Frente Amplio tendría de las FFAA no sería diferente?

Por otro lado, se agrega la pulseada entre los que quieren dotar a la policía de poder de fuego para prevenir y combatir el delito, y los que la quieren transformar en una fuerza destinada a concentrar el poder político. Y es así que todos los habitantes también se preguntan: ¿es posible que en algunos barrios de Montevideo las fuerzas de seguridad sean baleadas impunemente por solo ingresar? ¿Quién es responsable de que no pueda ir más con mi familia al fútbol? ¿Un cambio de Ministro no sería rejuvenecedor?

Finalmente, ante el “drama” de Venezuela (dijera el Presidente en esa hábil neutralidad semántica) una persona de algunos años hoy se preguntaría ¿para el FA hay diferencia entre los “episodios del filtro” cuando todos respaldaban con su presencia a los terroristas etarras y las decenas de asesinados, torturados y presos políticos de la dictadura castro-chavista de Maduro? ¿Dónde se puede tratar tanta hemiplejia moral?

Por otra parte, los jóvenes de hoy (si estuvieran al tanto) podrían preguntar: ¿qué opinan los que apadrinaron a Almagro para Secretario de la OEA sobre su actuación en el caso de Paraguay y su posición actual? ¿Los derechos humanos son diferentes a los “izquierdos humanos”?

La situación tanto ha cambiado que votantes, dirigentes y periodistas de izquierda se abruman con interrogantes; y su curiosidad es sorprendida por mundos clandestinos, actos de corrupción de todo tipo y negocios sindicales ilegales. Por eso, es natural que como el resto de la gente también se pregunten ¿esta es la izquierda que prometía la construcción del hombre nuevo? ¿Es posible que también pueda ser ineficiente, corrupta y autoritaria?

En conclusión, esto debe servir de ejemplo a toda la oposición, para que a la hora de asumir la responsabilidad de un próximo gobierno disponga de un equipo confiable, coherente y con respuestas acorde a lo prometido en la campaña electoral.

La autoridad es una sola y el poder no se puede dividir. Como dijo alguien que todavía se extraña: “que ganar valga la pena”.

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