Sergio Abreu
Sergio Abreu

Al gran pueblo argentino...

La Argentina tendrá un nuevo gobierno luego de una ejemplar jornada democrática.

Para el Uruguay es algo mas que un dato histórico; es la señal que alienta a pensar que muchas cosas serán diferentes sin desconocer los legítimos intereses nacionales.

Uruguayos y argentinos necesitamos de un sano ejercicio de “higiene mental”; eso nos tiene que llevar a reconocer que en los últimos años vivimos expuestos a una diplomacia presidencial verborrágica e inútil; que la nueva relación debe ser regida por una mayor profesionalidad y comprensión basada en la idea de que nuestros esfuerzos tendrán resultados si se centran en la fuerza de la ética y el diálogo en lugar de la prepotencia y el desprecio.

Para eso debemos tener mas confianza y menos suspicacia en el manejo de nuestras relaciones bilaterales y regionales. Somos hijos de la geografía; nacimos y crecimos juntos entre alianzas y estrategias encontradas sin poder ignorar que pertenecemos a la gran cuenca hidrográfi

La Argentina tendrá un nuevo gobierno luego de una ejemplar jornada democrática.

Para el Uruguay es algo mas que un dato histórico; es la señal que alienta a pensar que muchas cosas serán diferentes sin desconocer los legítimos intereses nacionales.

Uruguayos y argentinos necesitamos de un sano ejercicio de “higiene mental”; eso nos tiene que llevar a reconocer que en los últimos años vivimos expuestos a una diplomacia presidencial verborrágica e inútil; que la nueva relación debe ser regida por una mayor profesionalidad y comprensión basada en la idea de que nuestros esfuerzos tendrán resultados si se centran en la fuerza de la ética y el diálogo en lugar de la prepotencia y el desprecio.

Para eso debemos tener mas confianza y menos suspicacia en el manejo de nuestras relaciones bilaterales y regionales. Somos hijos de la geografía; nacimos y crecimos juntos entre alianzas y estrategias encontradas sin poder ignorar que pertenecemos a la gran cuenca hidrográfica que termina en nuestras costas.

Afortunadamente la democracia dijo su verdad, y nosotros los uruguayos miramos como debe ser (con alguna triste excepción), los resultados electorales argentinos desde nuestra propia azotea.

Ante el escenario que se nos presenta, es tiempo de inaugurar un diálogo político distinto de cara a un futuro de largo plazo; articular viejos y renovados lazos con la Argentina; estar dispuestos a negociar desde la vecindad y de los intereses sin pensar que nuestra suerte como socio geopolítico pueda depender ingenuamente (dijera Herrera) de una “ajena benevolencia”.

Los anuncios son positivos. Un cambio en la Política Exterior argentina implica volver a la profesionalidad, a una presencia internacional surgida del respeto al Derecho y a la solidez institucional de su inserción externa.

Coincidimos en que el futuro del Mercosur necesita un sinceramiento y una autocrítica a lo realizado hasta ahora en materia de apertura y seguridad jurídica. Pero como lo ha esbozado el Presidente electo, es hora de ejercer los liderazgos que se han perdido y dejar de lado las “patotas” ideológicas que alimentaron un “populismo” destructor de valores democráticos e institucionales.

Muchos jefes y jefas de Estado ya fueron. Y es buena esa rotación, porque permite comparar estilos de gobierno, personalidades y conductas que hacen a la esencia de las libertades y de los derechos individuales.

No se trata de distinguir entre modelos de gestión que respondan a las condiciones de político o empresario de los Presidentes. Ni siquiera de forzar categorías ideológicas para etiquetar un Proyecto o la figura de un mandatario.

El hombre o mujer de Estado no es fácil de reconocer; en especial en nuestro continente donde muchos “parlanchines”, y otros tantos gobernantes, solo buscan concentrar poder, desconocer a la Justicia y arrasar con los derechos de todos aquellos que se atrevan a discrepar.

El enemigo es el autoritarismo; venga de donde venga. Lo sabemos todos, pero lo rechazan pocos.

Y eso sucede, porque para los que piensan que el fin justifica los medios, la excusa es invocar la defensa de los mas necesitados para hacer de la vida humana un accidente administrado por el poder, y de las libertades un riesgo inaceptable.

De ahí que escuchar al ex-presidente Mujica preocupado por el futuro institucional argentino es como ver a Herodes velando por la seguridad de los niños de una casa cuna.

¿No son el y su gente los que afirman que lo político debe prevalecer sobre lo jurídico? En todo caso, esa expresión ¿no es una posición de ruptura y, además, desestabilizante?

La despedida al ex canciller de su gobierno Luis Almagro, porque dijo la verdad (hoy calificado de “basura” por Maduro), ¿no muestra una grosera hemiplejía moral? ¿Acaso puede defender el fascismo, la disolución ética y el cinismo de sus socios amparado en aspectos formales o argumentando que debe evitarse la polarización?

Y si al Sr. Mujica como ha dicho, no le gustan los presos políticos “en ningún lado” tampoco debería aceptar la ejecución, prisión y persecución de todo aquel que se atreve a pensar diferente en aquellos lugares en que se entrenaron como guerrilleros tantos de sus “compañeros”.

La decisión del pueblo argentino debe respetarse, pero nos asombra que al FA le duela la derrota de un gobierno que nos dejó de rodillas bloqueando los puentes, cerrando su mercado a nuestros bienes, alterando las normas del transporte fluvial y de puertos, y manteniendo sin utilizar un gasoducto pensado como el paradigma de la integración energética entre ambos países.

Vienen otros tiempos. No serán fáciles y nos enfrentaran a un mundo muy distinto al que soñamos. Y a pesar de que la experiencia y la formación nos impulsen al escepticismo, nos alegra comprobar que el pueblo en las urnas no se engaña mas con los anatemas de la “oligarquía” y el “imperialismo”: es más, nos reconforta sentir que los seguidores del tiranuelo habanero, contagiados de su patética megalomanía, comienzan a temerle a la libre expresión del pueblo. Y por eso, nos reafirmamos en la idea de que la tolerancia es la única partera que puede ser nuncio y preludio de la Justicia.

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