Sergio Abreu
Sergio Abreu

La ecuación incompleta

Hace años en tiempo liceales el profesor nos hacía pasar al frente para desarrollar una ecuación ante toda la clase. Una vez que escribíamos una parte, nos alejábamos de la pizarra para ver el planteo; y luego de pensar con mirada ampliada volvíamos a escribir.

Hace años en tiempo liceales el profesor nos hacía pasar al frente para desarrollar una ecuación ante toda la clase. Una vez que escribíamos una parte, nos alejábamos de la pizarra para ver el planteo; y luego de pensar con mirada ampliada volvíamos a escribir.


Siempre hemos pensado que este ejercicio es recomendable en todas las actividades de la vida y en la ecuación que se plantea en la definición de nuestra política exterior. Más en estos momentos.

1) Los equilibrios globales sufren alteraciones políticas y comerciales que necesitan seguimiento y un permanente posicionamiento. La explosiva situación de Siria, los brotes proteccionistas de Trump, la expansión china y la crisis del multilateralismo son una realidad que se extiende como las nuevas olas migratorias, el terrorismo y el crimen organizado.

2) Las decisiones que debemos tomar no pueden ser postergadas por turbulencias regionales, como la crisis venezolana, que ocupa todos los espacios como si nuestro destino dependiera únicamente de esos delirios tropicales.

3) Debemos reconocer que nuestro continente, salvo México, no figura en la agenda de los grandes actores del escenario internacional; aunque no puede ignorarse que somos la reserva alimentaria y de recursos hídricos más importante del planeta. Y que a pesar de eso, nuestro comercio intrarregional no supera el 16% luego de décadas transcurridas intentando desarrollar y concretar procesos de integración de más fuerza en discursos que en resultados.

4) Es importante insistir que en los últimos años nuestra política exterior no tuvo la debida dinámica hacia la comunidad internacional. Los tiempos de propuestas activas en temas referidos a la paz de la región como el Grupo de Contadora o el grupo de Río así como el lanzamiento de la Ronda Uruguay que finalizó con la creación de la Organización Mundial de Comercio, respondieron a otro tipo de diplomacia. De igual forma, lo relacionado con el rol de nuestras Fuerzas Armadas en Misiones de Paz de las Naciones Unidas, un brazo más de nuestra política exterior, vive incertidumbres por visiones encontradas en el partido de gobierno, por lo menos, respecto de las fuerzas desplazadas en Haití.

5) Y como derivado de lo expuesto, nuestra capacidad de propuesta ha disminuido al influjo de afinidades ideológicas que nos sumaron a posiciones de países que impulsaron una expresión populista que centró nuestra atención en las turbulencias del barrio sudamericano. Fue así que integramos el coro anti ALCA, nos abrazamos al discurso lulo-petista y tuvimos una extraña sintonía con los gobiernos del matrimonio K a pesar del bloqueo de los puentes fronterizos, el juicio ante la Corte de La Haya y las decisiones tomadas exclusivamente con la intención de afectar nuestros intereses.

Por otra parte, el emirato caribeño nos inundó de dólares oleaginosos, nos sumergió en promesas, negocios, trueques y ofrecimientos que hoy pueden analizarse objetivamente en los balances de Ancap y en varias sociedades de derecho privado que actúan sin control del Tribunal de Cuentas.

6) Lo cierto es que el despliegue bolivariano tanto dialéctico como de fondos ha llegado a su fin, no sin dejar una huella disolvente. En pocos años acompañamos la ilegal suspensión del Paraguay del Mercosur, el desembarco de varios cancilleres en ese país encabezado por el ahora presidente Maduro y la entrada de Venezuela por la ventana en el bloque al impulso de la expresiva afirmación del Sr. Mujica de que lo político estaba por encima de lo jurídico. El resultado de tanto desajuste se resume en que Venezuela ha sido suspendida en el Mercosur por incumplimientos comerciales, y ahora se enfrenta a sanciones por alterar el orden constitucional, mantener presos políticos y terminar insultando y acusando a gobiernos como el uruguayo de conspirar con EEUU para lograr su derrocamiento.

Eso no es lo más preocupante, porque el régimen venezolano “se está cayendo de maduro”. En realidad, lo que angustia es el tiempo que hemos perdido en fortalecer nuestra economía regional, en embarcarnos en enfrentamientos que llevaron a una fragmentación del continente de la mano de presidentes y presidentas megalómanos que replantearon la lucha de clases sin tener en cuenta el fracaso de su experiencia histórica. Peor aún, dejando de lado a sabiendas, que todos estos regímenes tienen como resultado el despotismo y la pobreza.

Por otro lado, la OEA tiene como Secretario General al ex canciller de Mujica que al poco tiempo de asumir rompió con su sector político debido a discrepancias en su accionar respecto del gobierno de Venezuela.

En conclusión, el principal problema es doméstico y reside en la discordia interna que existe dentro del partido de gobierno. Grupos o personas aisladas plantean la ecuación en partes. Y muchos, no se permiten un respiro para mirar la pizarra entera desde una prudente distancia. Entre ellos el Secretario del Pit-Cnt que en medio de un serio conflicto con nuestro gobierno invocó la representación del “pueblo uruguayo” en apoyo al régimen de Maduro y a sus graves violaciones de cláusulas democráticas que obligan a Venezuela como Estado.

A esta altura de los acontecimientos hay que separarse del pizarrón para analizar la ecuación en su conjunto. Volver a proponer ideas, proyectos y mecanismos de integración que nos permitan rectificar el planteo de una ecuación ideológica que habla por sí sola con sus resultados. Y asumir que los problemas internos del gobierno sobre su política exterior no pueden inhibirlo de informar o de consultar para tomar decisiones que le eviten una resolución errada frente a toda la clase.

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