Sergio Abreu
Sergio Abreu

Causas y efectos del tren bala

Gilberto Amado, antiguo miembro de la Academia de Letras del Brasil, acostumbraba a decir que era muy difícil encontrar un brasileño capaz de relacionar causa con efecto. Si hubiera estado familiarizado con el Uruguay seguramente habría dicho lo mismo.

Gilberto Amado, antiguo miembro de la Academia de Letras del Brasil, acostumbraba a decir que era muy difícil encontrar un brasileño capaz de relacionar causa con efecto. Si hubiera estado familiarizado con el Uruguay seguramente habría dicho lo mismo.

Esto viene a que el contexto global y regional sufre profundos cambios por lo que, nada de lo que ocurre en la economía internacional nos resulta ajeno; y nos exige analizar con objetividad esa relación de causa-efecto.

El primer dato es que el multilateralismo está congelado. Y en respuesta, los Estados enfrentan el desafío de abrir sus economías, que no depende ya de niveles arancelarios sino de las nuevas normas que integran la agenda actual del comercio internacional.

El nuevo escenario responde a los avances tecnológicos y al aumento del comercio intrafirma a nivel global. La propiedad intelectual, el trato nacional a las inversiones extranjeras, las compras gubernamentales y los servicios en toda su extensión son de interés de los países donde la innovación tiene efectos directos sobre la productividad .

Los avances de la tecnología en informática, telecomunicaciones o la producción de bienes de capital a nivel global marcan un desafío a la productividad de los países. De ahí que las cadenas de producción con agregado de valor en el mercado global representen los 2/3 del comercio mundial desplazando a mercados que exhiben protecciones tan antiguas como superadas.

Para ser claros: el comercio global y regional se desarrolla por una mayor productividad tecnológica que busca en distintos mercados reducir costos para ganar competitividad. Por eso, cerca de 420 acuerdos pluri y bilaterales avanzan a través de Tratados que involucran países desarrollados y en vías de desarrollo.

En consecuencia, no se trata de visiones ideológicas sino de encontrar estrategias que le permitan a las economías más pequeñas atraer inversiones y participar de esas cadenas de valor desde sus economías domésticas; en otras palabras, analizar la relación causa-efecto.

Otro dato habla por sí solo: actualmente, el comercio de bienes y servicios global se realiza fundamentalmente intrafirma; es decir, cualquier bien que se vende en el mercado incorpora insumos y servicios para tener mayor competitividad. Tan así es, que el 60% de los bienes que se exportan son semiterminados.

Por eso, el viejo modelo proteccionista ya no tiene más sentido. Por ejemplo: Brasil, un mercado de 160 millones de personas tiene como principal socio a la China a pesar de que su industria ha sido tradicionalmente protegida. Y hoy los Servicios representan el 70% de su PBI .

Por otro lado, en el Uruguay, no por casualidad, el 40% de la faena de carne y la industria del cuero están en manos de empresas brasileñas, así como el arroz y la cadena de la cebada.

Lo mismo sucede con las inversiones extranjeras en forestación y plantas de celulosa como en otras actividades orientadas a exportar desde el Uruguay a terceros países con niveles de calidad internacionales.

Para ser claros, el desarrollo no depende del Estado y sus monopolios, y para ser más claros, nada tiene que ver con el modelo chavista del Socialismo Siglo XXI. Por lo contrario, la eficiencia es la única causa que tiene co-mo efecto una mejor distribución, porque sus efectos dependen de los avances que concreten los gobiernos de turno con visión de mediano plazo.

En la región, los resultados están a la vista y nadie en sus cabales puede decir que los fracasos se deben a una conspiración capitalista o que las crisis de Venezuela, Argentina o Brasil, fueron provocadas por los imperialismos de turno.

El populismo, inspirador del despilfarro, la destrucción del sistema político y la corrupción, hizo su obra. Y a pesar de ello, los “campeones de los derechos humanos” hablan de institucionalidad, “golpes de Estado parlamentarios” y recurren hipócritamente a viejas construcciones de “izquierdas y derechas” para falsear la realidad.

En resumen, la ideología se olvidó de la geografía y de la impronta que el mercado global nos impone. Y el precio lo estamos pagando.

El Mercosur es un buen reflejo, ya que la discusión se reduce a definir qué país asume la presidencia, cuando lo urgente reside en tomar decisiones que defiendan la inserción externa de un modelo productivo moderno, sobre todo en lo que hace a la cadena agroindustrial y a sus efectos sobre un mercado laboral caracterizado por una letal relación entre empleo y burocracia pública.

El tren que pasa ya no es el mismo del primer gobierno de Vázquez y la administración Bush. Hoy es un tren bala que Argentina y Brasil han puesto en funcionamiento. Responde a una nueva realidad que nos puede dejar en una estación terminal sin retorno.

¿Qué hubiera sido de nosotros si lo que propuso Mujica de viajar en el “estribo del Brasil” de Lula y Dilma se hubiera concretado? ¿Cuál puede ser nuestro destino si lo político ideológico se resiste a reconocer el fracaso de las economías de nuestros socios con excepción del Paraguay?

El neo-Mercosur ¿cómo puede explicar que las negociaciones con la Unión Europea se hacen con la ausencia consentida de Venezuela? ¿Como puede entenderse que la flexibilidad de que goza un socio pleno ingresado “por la ventana” no se le concede al Uruguay y al Paraguay?

De esto se trata. Estamos a punto de perder el grado inversor. Y eso se debe a que en tiempos de las “vacas gordas” hicimos lo mismo que Argentina, Brasil y Venezuela: disparamos el clientelismo estatal y no nos preparamos para los tiempos de “vacas flacas”. Divorciamos las causas de los efectos y la integración se perdió en la ideología.

En definitiva, la apertura, la conectividad física, la energía y nuestro proyecto estratégico necesitan un nuevo diálogo político. A eso deben estar abiertos el presidente Vázquez y las fuerzas políticas, porque si la discusión se da entre el gobierno y el Pit-Cnt, los responsables de lo que suceda en el futuro serán los partidos de la oposición.

El futuro está entre nosotros, y solo nos pide, que co-mo el “baqueano” de nuestros campos, seamos capaces de “olfatear” más allá de la loma. Identificando las causas e incidir sobre sus efectos.

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