Rubens Barbosa
Rubens Barbosa

Mercosur y comercio

Fuente de crecimiento y de empleo, el comercio internacional está en medio de significativos cambios, liderados por los EE.UU y por China, que procuran ajustar sus políticas externas y comerciales al nuevo orden internacional multipolar.

Fuente de crecimiento y de empleo, el comercio internacional está en medio de significativos cambios, liderados por los EE.UU y por China, que procuran ajustar sus políticas externas y comerciales al nuevo orden internacional multipolar.

Se observa hoy una proliferación de acuerdos regionales y bilaterales y la multiplicación de medidas restrictivas y proteccionistas, en gran parte, debido al fracaso de las negociaciones multilaterales de la Ronda de Doha y del debilitamiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Las limitaciones políticas y técnicas de la OMC reflejan las dificultades para responder a los desafíos surgidos con las nuevas formas de organización de la producción y de servicios y con la creciente integración de los países a las cadenas productivas globales. Para volver a tener un papel central en el sistema de comercio internacional, la OMC debería pasar por una amplia reforma para ajustarla a los cambios de los nuevos tiempos. El proceso decisorio de una institución de 161 miembros se ha vuelto mucho más complejos. La cuestión de la cláusula de la nación mas favorecida, uno de los principales pilares de la OMC y del antiguo GATT, el tratamiento preferencial y diferenciado y el principio del “single undertaking” en las negociaciones multilaterales (nada está aprobado hasta que todos los acuerdos estén aprobados) están siendo contestados y probablemente deberán sufrir ajustes para responder a los desafíos emergentes.

En relación a esos cambios, los EE.UU, Europa y Asia están avanzando en entendimientos para la negociación de acuerdos de libre comercio de grande porte. El Acuerdo Transpacífico, liderado por los EE.UU, concentra el 40% del PIB global, e incluye a Australia, Malasia, Vietnam, Singapur, Nueva Zelandia, Chile, Perú, Brunei, Canadá, México y tal vez Japón y Corea del Sur. Los EE.UU ya han firmado acuerdos con Canadá y México (Nafta) y más recientemente con Panamá, Colombia, Perú, Chile y Corea del Sur. La Unión Europea, a pesar de la pesada burocracia de Bruselas, finalizó un acuerdo de libre comercio con Corea y está negociando con Singapur, Canadá e inició conversaciones con Japón y con el Mercosur. Bruselas y Washington conversan para avanzar en entendimientos de un mega acuerdo de comercio e inversiones, llamado Acuerdo de Libre Comercio Transatlántico (Tafta, en inglés). Asia, en una completo giro de posición, se embarcó en una serie de acuerdos de libre comercio regionales, sobre el liderazgo de China y de Japón, inclusive con países sudamericanos.

La eventual formación de un área de libre comercio entre esas dos regiones englobará tres cuartos del mercado financiero, la mitad del PIB global y casi un tercio del comercio internacional. Serán sugeridas entre otras reglas, la inclusión de los servicios e inversiones, las compras gubernamentales, propiedad intelectual y reglas nuevas como los padrones privados (precaución) además de la eliminación de las tarifas y barreras no arancelarias. Habrá un período de transición en el cual sean excluidas las reducciones arancelarias de “productos sensibles” y la desregulación de “ciertos sectores” en servicios.

Los países en desarrollo podrán quedar muy afectados por los mencionados mega acuerdos de libre comercio, por la exclusión de los beneficios y por la obligación de aceptar compromisos de difícil cumplimiento.

En ese contexto de grandes movimientos de transformación en el comercio internacional, el Mercosur está sin estrategia de negociación comercial.

Si los acuerdos EE.UU-Unión Europa (Tafta) y de los EE.UU con países asiáticos (Trans Pacific Partnership) son concluidos, el Mercosur quedará alejado de los dos mayores flujos de comercio internacional. La eliminación de las tarifas entre los países miembros de esos dos bloques afectará aún más la competitividad de los productos del subgrupo regional.

El Mercosur se encuentra en situación de casi absoluto aislacionismo e ignora casi que totalmente esos movimientos tectónicos en las negociaciones comerciales y en la formulación de nuevas reglas que pasarán a integrar los acuerdos.

En los últimos diez años firmó tres acuerdos de libre comercio con Israel, Egipto y la Autoridad Palestina, además del acuerdo de preferencia arancelaria con India y Sudáfrica. La negociación del grupo con la Unión Europea se torna crucial para poder estar sintonizado con esas transformaciones globales. Las negociaciones con la Comisión Europea llegarán a un impasse, en que cada uno de los lados espera el movimiento inicial del otro.

Dada la importancia de ese acuerdo, el Mercosur debería aprovechar el encuentro Celac-Unión Europea, en el mes de junio, para proponer el inicio de las negociaciones con el cambio de oferta de productos.

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