Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Veteranos y el BPS (2)

Decía que la seguridad social es un invento notable del siglo XX. Le distinguen las sociedades que tienen el mejor nivel y calidad de vida de la historia humana, entre las que destacan los países escandinavos y Alemania, en las que la democracia política, las políticas de mercado y el diálogo social, conviven.

Decía que la seguridad social es un invento notable del siglo XX. Le distinguen las sociedades que tienen el mejor nivel y calidad de vida de la historia humana, entre las que destacan los países escandinavos y Alemania, en las que la democracia política, las políticas de mercado y el diálogo social, conviven.

Compitieron históricamente en la construcción de esta realidad occidental, católicos, protestantes, judíos, conservadores, liberales y socialdemócratas.

Las convocatorias a las dictaduras del proletariado, y sus engendros totalitarios estalinistas, se han ido y van retirando de la Historia vencidos, dejando en nombre de una sociedad más justa, decenas de millones de víctimas. Al igual que su alter ego, los populismos de estilo latinoamericano. Tras la fachada de futuras maravillas unos pocos se llevan la libertad y la riqueza de todos, y el retroceso y estancamiento político, económico y social son sus consecuencias palpables.

En el mundo global en que vivimos la facilidad de las comunicaciones hace que los capitales y las inversiones se trasladen fácilmente de un lugar a otro. Quienes las administran -entre otros temas fundamentales- buscan países en los que junto a instituciones y políticas previsibles, y recursos humanos adecuados, exista un costo laboral que les facilite salir adelante con calidad y precios de los bienes y servicios que presentan en el mercado mundial.

La cuestión hace al mantenimiento del empleo genuino -distinto de la burocracia pública y la informalidad- y al crecimiento económico que sustenta mejores ingresos para el común de la población, entre los que revistan sueldos y prestaciones de retiro, es decir jubilaciones y pensiones.

Competimos por empleos con el resto de la región y del mundo. Una política económica y social, y una política laboral exitosa, sustentan una mayor cantidad de empleos para los países que la implementan, y determinan que los empleos de calidad se queden en un país o emigren hacia otro.

Los puestos de trabajo que se ganan con el turismo en la temporada de verano en Brasil, se pierden en la costa uruguaya; los que se pierden en la elaboración de bebidas uruguayas, se ganan en países de los que importamos iguales productos.

El costo laboral es en estos aspectos fundamental. Y, refiere a una parte sustantiva del costo de producción de los bienes y servicios. Se mide en función de tres factores: en primer lugar está el salario que el trabajador se lleva al bolsillo y que debe asociarse a la productividad de los trabajadores. La ineficiencia laboral no acompaña un crecimiento posible y real de la inversión, de la producción y del salario. En segundo lugar se integra con las cargas sociales, dentro de las que revistan los aportes a la seguridad social y por ello al sistema previsio-nal, que en el caso de nues- tro país pueden llegar aproximadamente hasta casi un 30% de la retribución. Por último, un tercer elemento son los costos que surgen por la aplicación de la legislación laboral, tales como las horas extras, licencia anual, salario vacacional, aguinaldo, indemnización por despido, etc.

Acorde a lo relatado es imprescindible armonizar el bienestar social con políticas de Estado relativas a la producción. Todo va dicho en aras de sostener la estabilidad del régimen general de jubilaciones y pensiones vigente, al que se quiere constantemente vulnerar, con iniciativas demagógicas y demoledoras del bien común.

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