Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Vecindario complicado

Todo cambia en el mundo menos la naturaleza humana. Si tomásemos por buenos los relatos bíblicos, Adán y Eva no se fueron con honores del Paraíso y le siguió en el tiempo la muerte de Abel llevada adelante por su hermano Caín.

Todo cambia en el mundo menos la naturaleza humana. Si tomásemos por buenos los relatos bíblicos, Adán y Eva no se fueron con honores del Paraíso y le siguió en el tiempo la muerte de Abel llevada adelante por su hermano Caín.

Así es que los seres humanos desde siempre han tomado recaudos legales, policiales, éticos, sistemas de premios y castigos, abrazado ideas del bien y del mal, no obstante lo cual en el diario vivir se suman triunfos y derrotas.

Nuestro vecindario internacional más próximo lo conforman Brasil y Argentina. En la actualidad, mueve al presente comentario detenerse a considerar el volumen de manejos escandalosos en negocios públicos, que son notorios y que terminan por alcanzarnos a todos. Cuando grupos reducidos de personas se apropian del acervo común en beneficio propio, son escuelas que no se levantan, hospitales con carencias, comercio regional que no prospera, inversiones que se pierden malamente y, en definitiva, hablamos de estancamiento y retroceso colectivo.

Lo más evidente por estos días se vincula con la obra pública.

Emprendimientos de gran envergadura, adjudicaciones arbitrarias, sobreprecios, carreteras que no se construyen y que se cobran como hechas, lavado de dinero que se va al exterior y retorna a los países con aspecto legal e intachable. Y si un tema es el de la magnitud de las operaciones -se habla de cientos de millones y miles de millones de dólares- el otro es el de la impunidad que parecían sentir quienes han celebrado las maniobras.

Sin embargo viene pasando cosas, y en general analistas normalmente respetados consideran que van a pasar muchas cosas más.

En Brasil está en juego la sobrevivencia de la presidente de la República Dilma Rousseff, y la crisis del liderazgo de “Lula” da Silva. En lo principal, a partir de investigaciones judiciales, con un Poder Judicial independiente, ha quedado al descubierto que el conductor político citado, jefe del “Partido de los Trabajadores”, tenía un acuerdo con varios de los empresarios más poderosos de Brasil, que implicaba que se le entregasen grandes ingresos económicos, relacionado con la construcción, aparentemente con la idea de fortalecer a la citada organización electoral. Hay unos cuantos personajes presos y el futuro inmediato es una incógnita plena de implicancias graves para el acontecer gubernamental del gigante norteño.

En la República Argentina, luego de un período de gobierno “K”, en el que la Justicia estaba presionada y condicionada, el presidente Mauricio Macri ha devuelto a la misma su independencia, afirmando que este poder del Estado debe hacer lo que le corresponde, y que si ello implicase que le tocara a él personalmente estar bajo la mira del mismo, lo pertinente es acatarlo. Voces independientes advierten públicamente del cambio cultural, y no vacilan en afirmar que pronto habrán sucesos relevantes en la notoria trama de corrupción que los argentinos han conocido.

Otro tema recurrente es que ante hechos inocultables los sometidos a sospechas y procedimientos judiciales se rasgan las vestiduras, diciendo que hay conspiraciones destituyentes, o que las monstruosas maniobras evidentes son “inventos de la derecha”. Cuando la corrupción pública es simplemente eso: corrupción. De paso no olvidemos que nuestra Ancap será llamada a explicar pérdidas cuantiosas por nuestro Poder Judicial. El mal ejemplo del vecindario parece ser contagioso.

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