Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

"Tomamo y arreglamo..."

La circunstancial presidente de la República que tenemos —¡vio al título de Sendic y su inefable cónyuge también!— ha anunciado —la primera— que pronto estaremos en presencia de un futuro Premio Nobel en genética de alguna cosa. Cuando el licenciado actualice sus añejos estudios realizados en la monarquía carcelera radicada en La Habana, Cuba.

La ausencia de política exterior del país se inició cuando el peor canciller registrado hasta la hora —el ministro Gargano—al grito de "más y mejor Mercosur", cerró nuestras posibilidades de establecer lazos comerciales abiertos con la primera potencia económica, científica y tecnológica del mundo, los Estados Unidos de América. Quedamos con el sombrero en la mano. Esperando una monedita.

Hay hechos tan solemnemente infantiles que son dignos de un dibujo animado de Disney. Nuestro vecino Brasil con quien no hay Mercosur que valga, y cuyos gobernantes sean de oposición o de gobierno, progresistas o reaccionarios, andan por los corredores de los juzgados penales por acusaciones de apropiación y mal uso de los dineros del pueblo brasileño aplicados a negociados monumentales, dictó hace poco una ley de desregulación de las relaciones laborales. Acto de un país soberano. Que no es inusual cuando Francia y Argentina, entre otros, andan por la misma huella.

El tema es simple, desde que China se ha despertado y va ocupando todos los espacios planetarios en función de su monumental máquina de producción de bienes y servicios proporcionada a sus 1.400 millones de habitantes, con políticas de expansión comercial planificadas y precios de oferta viles, por todas partes se busca la reducción de costos para evitar quedar fuera. Y el costo laboral y social chino es bajo respecto de los países de influencia occidental.

Por aquello de Charles Darwin que reza que las especies que sobreviven son las que se adaptan a los cambios, ajustar y abaratar las reglas de trabajo nacionales ante una competencia fenomenal es parte de ello. Lo otro sería no competir y generar desempleo extendido. Lo anterior provocó una reacción de nuestra Cancillería ante el gobierno vecino, movida por los nervios "pitcenetianos", reacción basada en una inteligencia venusina aplicada a hechos terrícolas. Pero los nuevos conceptos de relacionamiento internacional nacidos de la entente gubernamental no quedaron en eso. Hay un problema que para los legos es difícil de evaluar relacionado con el suministro de gas en Montevideo, actualmente en manos de una subsidiaria de la empresa brasileña Petrobras.

A causa de ello, por medidas de nuestro gobierno no compartidas, la compañía brasileña ha pedido la instalación de un tribunal arbitral presentando un reclamo de 50 millones de dólares por daños y perjuicios contra nuestro país. Prestamente se formó una delegación frenteamplista encabezada, dice la prensa, por el "Pepe" Mujica, Juan Raúl Ferreira y el dúo de folclore Labarnois- Carrero, a pedir al gobierno de Brasil que no reclame nada, que a los uruguayos nos va a costar un ojo de la cara (y algo más), si se nos sanciona. Una actitud tipo cosa de vecino de barrio: "Loco, no embromes, vamo a tomar una y aquí no ha pasado nada". Con una pequeña diferencia. El vecino es Petrobras-Brasil. Los últimos días la prensa brasileña comentaba estos hechos.

Más allá de sus proyecciones fácticas inexistentes, por su antología del absurdo.

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