Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Satélites y millones

Los compañeros Sendic y Cosse hace tiempo han venido jugando una carrera por el liderazgo electoral de la barra tupamara, para lo que contaban el uno con Ancap y la otra con Antel. La Ing. Cosse en ese camino -los grandes logros merecen recordarse- por un día llegó a hacer de nuestra patria una NASA.

Los compañeros Sendic y Cosse hace tiempo han venido jugando una carrera por el liderazgo electoral de la barra tupamara, para lo que contaban el uno con Ancap y la otra con Antel. La Ing. Cosse en ese camino -los grandes logros merecen recordarse- por un día llegó a hacer de nuestra patria una NASA.

En efecto, aprovechando investigaciones de docentes universitarios de ingeniería, intercambiadas con alumnos -y con afán de provocar una hazaña aeroespacial digna de su gestión- fue que, previas contrataciones y algunas minucias de caja más, se creó una oficina para el proyecto. Y para junio de 2014 se puso en órbita un satélite: el AntelSat. Habida cuenta que un sistema de cañitas voladoras no sería suficiente impulso, por la mejor salud del emprendimiento, el aparato fue lanzado a la estratósfera con un cohete desde algún lugar de Rusia ¡Un satélite uruguayo!

Se divulgaron textos emocionados de la autora de la iniciativa diciendo que se había logrado algo que parecía imposible, un sueño y “sin embargo tenemos tecnología del Uruguay a 600 kilómetros de altura y viajando a una velocidad de 30.000 kilómetros por hora” (¡Uruguay nomá’!).

El proyecto de académico pasó a ser político, según confesaron algunos de sus participantes, y no faltaron arranques histéricos para que la cosa -el lanzamiento- se apurara, razón a la que muchos citan para explicar lo que pasó luego.

En definitiva, el AntelSat lanzado desde Rusia, se fue para arriba, y siguió de la estratósfera de largo para afuera. Lamentablemente, algún mes después se perdió la señal. O sea, el satélite charrúa se fue a la grandísima vía láctea. Esperemos vacilantes que no vuelva y le caiga a alguno en la cabeza. Depende de los cables y los contactos.

Este experimento -festejen uruguayas y uruguayos- nos costó solo un millón y medio de dólares. Una bicoca. El tablado Arena será más caro.

No sabemos si cuesta un dólar, 40 millones verdes o cien millones. Legítimamente debería inaugurarlo la murga Curtidores de Hongos, a la que los hongos le han curtido el cerebro. Mal contagioso que va dando cuenta de la idea de las afinadas bufonadas compañeras. La evocación satelital viene a cuento porque destino parecido ha tenido el fideicomiso petrolero con Venezuela. Un orgullo celebrado por el presidente Vázquez como de su autoría. Aparentemente de este gran negocio, de pollos, quesos, etc. no participó “Aire Fresco S.A.” una comisionista de los amigos del “Pepe” (entendámonos que revolucionario no es cualquiera, pero algún billetito verde no le viene mal a nadie) que ha hecho negocios millonarios con esa buena gente que ha quebrado a Venezuela. Se supone que nosotros les pagábamos algo así como 300 millones de dólares por petróleo que debíamos, y la plata quedaba acá en un fideicomiso, garantizado por el banco venezolano Bandes. Con ello se pagaban los productos lácteos, pollos y demás, que empresas nacionales exportaban a la cueva de Alí Maduro y los 40 Diosdados Cabello. Y, pasó como con el satélite de Cosse. En este caso la plata no vino a Bandes, se fue para la grandísima China. Literalmente. Todo puede ser en un país en el que una empresa -Ancap- con cometido de trabajar monopólicamente con combustibles, produce perfumes “Alma Mía” a pérdida (700 mil dólares anuales) y tiene un gerente al frente que gana 350 mil pesos por mes ¡Aprendan! ¡Giles!

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