Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Sastre a las tijeras

Al momento de escribir estas líneas se está dilucidando judicialmente el célebre título de Sendic. ¿Ingeniero? ¿Licenciado en genética humana? ¿Expedido en la científica y socialmente depreciada Habana castrista? ¿A esta altura alguien cree que un documento esquivo le dará fundamento a alguna especialidad digna de creerse?

Al momento de escribir estas líneas se está dilucidando judicialmente el célebre título de Sendic. ¿Ingeniero? ¿Licenciado en genética humana? ¿Expedido en la científica y socialmente depreciada Habana castrista? ¿A esta altura alguien cree que un documento esquivo le dará fundamento a alguna especialidad digna de creerse?

Y, contagio, en el FA han aparecido otros titulados, con tareas asignadas a cargo de sus especializaciones académicas, sin acreditación. Una suerte de “titulitis” -delirio autóctono- aparece en las huestes progresistas, forzando pedidos de perdón público y renuncias.

A la anécdota que se reitera, a la luz del estropicio histórico al que sometieron y someten a Ancap, y a las empresas estatales, al Estado, y las finanzas públicas las sinrazones de la administración “izquierdista”, se amontonan reflexiones. Por más de 20 años en Montevideo, se viven gabelas fiscales y acomodos al barrer, y estancamiento, y por más de 10 años en el país es igual, demoliendo las sólidas expectativas de 10 años de vacas gordas sin parangón en nuestra Historia. Y, entre tantas cosas, dando por bueno que al publicarse esta columna se sepa, que el Sr. Sendic consiguió algún papel misteriosamente sellado por no se sabe quién o qué sobre sus especialidades “genéticas”, cabe preguntarse ¿qué tenía que hacer un “ingeniero en genética humana”, de cultural prosapia tropical, al frente de lo que se supone es nuestra más importante empresa pública? Con el monopolio de la importación, refinado y distribución de combustible, primer rubro de compra internacional de la economía criolla y factor definitorio de todos los precios que van desde la producción, pasando por los fletes, el comercio, los servicios y terminando en la vida cotidiana del ciudadano, en sus desplazamiento, su administración doméstica y sus gastos, con impacto humano y social totalmente tangible. (De lado dejemos cementos, ALUR, cal y varios etcéteras).

El “combo” es al infinito. Pluna un despropósito hijo de la incapacidad y la corrupción de la gestión pública, Alas U no vuela, educación sin ADN, ¡Fondes! y …para que reiterar , todo lo que se sabe y vive cotidianamente, que por repetido harta y decepciona. ¡Ah! y el gobierno actual no iba a poner más impuestos y vivimos de ajuste fiscal en ajuste fiscal. El peor es el disfrazado que se hace a través de la recaudación con el combustible para tapar los agujeros del ente petrolero y el de los precios de UTE. Recientemente en Argentina se ha discutido el ajuste de las tarifas de electricidad que estaba dañosa y demagógicamente subsidiada por el gobierno kirchnerista. Parte de la justificación del ajuste era decir que en la región Brasil, Paraguay, Chile y en primer término Uruguay, tienen las tarifas mucho más caras que las argentinas.

Un día un señor viejo venía en su cachilo subiendo en la capital por Ejido rumbo al centro desde la rambla. El coche empezó a toser y se quedó. Tarde de verano. Solo un vecino estaba en la vereda frente al protagonista. Se ofreció a ayudarlo con el motor. Empezó a desarmarlo.

Al rato aquello era un rompecabezas inarreglable. El hombre viejo preguntó: “¿Usted a qué se dedica?” -“Soy sastre”, fue la respuesta. -“Me perdona, ayúdeme a buscar a un mecánico”, dijo el veterano.

Es un vicio nacional de larga data en política llamar sastres para arreglar autos. O, “licenciados en genética humana” para administrar Ancap. Los sastres a sus tijeras.

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