Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Robado, marche preso

Si alguien compra un auto nuevo, lo paga y se lo entregan sin motor, considerará con razón que es víctima de un dolo. Y, piensa en la denuncia penal. Y si el que le vendió el auto -victimario- afirma agraviado que al que pagó, a la víctima, hay que encarcelarla, y ello pasa, es de creer que el mundo enloqueció definitivamente.

Si alguien compra un auto nuevo, lo paga y se lo entregan sin motor, considerará con razón que es víctima de un dolo. Y, piensa en la denuncia penal. Y si el que le vendió el auto -victimario- afirma agraviado que al que pagó, a la víctima, hay que encarcelarla, y ello pasa, es de creer que el mundo enloqueció definitivamente.

Nuestra vecina la República Argentina viene asombrando al mundo con el saqueo criminal de la banda “K”. Es un suceso único, ilustrado con imágenes televisivas increíbles de fajos de millones de dólares que se cuentan en un escritorio, o se tiran en bolsas por sobre el muro de un convento que no es tal o que aparecen, de a cientos de millones depositados en cuentas de gobernantes, familiares y testaferros “K” en bancos extranjeros. Y, los probados responsables del saqueo, ese dinero lo sacaron del bolsillo de la gente con impuestos. En un gesto sorprendente niegan responsabilidades con cara de póker. Dicen son “perseguidos” y amenazan con denunciar judicialmente a los sufrientes esquilmados.

Como el vendedor del principio, le robaron el motor al auto, y quieren que vaya preso el comprador estafado que les denuncia.

Paranoico.

A los pueblos se les saquea habitualmente con formas más sutiles. Fundamentalmente por ignorancia y credulidad de los gobernados, que aceptan falsas profecías de redistribución de riqueza, igualdad, y planes de equidad. No son conscientes que el gobierno que tienen toma bajo la forma de impuestos y gabelas lo que los ciudadanos honrados producen con su capital y su trabajo y no cumple -como el vendedor del auto- con -el auto completo- las tareas para las que la sociedad paga tributos. Llámense seguridad pública, asistencia hospitalaria, educación, carreteras, presupuesto adecuado para la Justicia, etc. Y, en este caso las autoridades tributarias, el gobierno que recibe el pago, es juez, policía y fiscal al mismo tiempo, y descarga sus iras y penalidades, mul- tas y recargos, contra los gobernados. Con un “caradurismo” tipo “K”.

Lo vemos en casa. Parlotean sobre los deberes y “la ética del contribuyente”, y se olvidan de la ética del gobierno. El contribuyente que conoce una presión tributaria nunca vista, advierte cómo se multiplican los cargos de confianza, se nombran decenas de miles de nuevos burócratas amigos; el “Pepe” revienta el presupuesto comprando con el Fondes votos vinculados a proyectos inviables, regala 40 millones de dólares a la tiranía de los Castro; y el licenciado, monjita que no es monja, quiebra Ancap con un agujero de 800 millones de dólares, a lo que Tabaré Vázquez, presidente, subsana con un subsidio de 600 millones de dólares del presupuesto nacional (sobre auditoría y responsables mutis).

Ahora, cretinos útiles y viejos comunistas chapa Frente transformados en independientes, cambiaron de internacional. Preparan una ley Gestapo de levantamiento del secreto bancario para, además de entregarnos a la codicia fiscal, destruir uno de los pocos y legítimos refugios de intimidad que en nuestra nación quedan. El cuento del tío es que la OCDE, gremial patrocinada por gobiernos de países ricos para evitar que se fuguen contribuyentes de sus opresivos sistemas tributarios hacia lugares más benévolos, lleva irremediablemente al planeta hacia allí. Pregúntenle -entre otros- a Estados Unidos, Inglaterra, Suiza, Singapur y Hong Kong, cómo acatan tal zarpazo.

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