Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Partir, partir, ¡partiiiir!... 

Mientras va pasando “el Carnaval más largo” (y “bodrio”) del mundo, el conjunto dirigido por el “Pepe” Mujica va preparando las “cacharpas” -no diré valijas para evitar un acentito oligárquico- y nos deja un país sin realizaciones, sin buena educación pública y seguridad -en poco tiempo a Montevideo habrá que recorrerlo en tanquetas de guerra- a la vez que lega al que viene un agujero fiscal que en atención al tamaño de la república, podría ser declarado por las Naciones Unidas como una de las selectas maravillas del mundo.

Llegó la hora del partir y la despedida.

Las despedidas de los conjuntos carnavalescos que cierran sus actuaciones son todas parecidas (“…llegó la hora de partir; otros vendrán al tablado; y les pedimos perdón; si los dejamos tarados… a lo que hay que sumar palabras tales como: lágrimas, nuevos sueños, amor, adiós, emoción y varios etcéteras, que por obvios no merecen referencia especial).

Lo que es inevitable, tanto en las murgas que se van del

Mientras va pasando “el Carnaval más largo” (y “bodrio”) del mundo, el conjunto dirigido por el “Pepe” Mujica va preparando las “cacharpas” -no diré valijas para evitar un acentito oligárquico- y nos deja un país sin realizaciones, sin buena educación pública y seguridad -en poco tiempo a Montevideo habrá que recorrerlo en tanquetas de guerra- a la vez que lega al que viene un agujero fiscal que en atención al tamaño de la república, podría ser declarado por las Naciones Unidas como una de las selectas maravillas del mundo.

Llegó la hora del partir y la despedida.

Las despedidas de los conjuntos carnavalescos que cierran sus actuaciones son todas parecidas (“…llegó la hora de partir; otros vendrán al tablado; y les pedimos perdón; si los dejamos tarados… a lo que hay que sumar palabras tales como: lágrimas, nuevos sueños, amor, adiós, emoción y varios etcéteras, que por obvios no merecen referencia especial).

Lo que es inevitable, tanto en las murgas que se van del escenario carnavalesco, como en el conjunto que abandona -un poquito, no del todo- los principales despachos de las oficinas del estado nacional, es que lo medular pasa por querer agraviar -querer no es poder en este caso- a la mitad del Uruguay que no piensa como ellos. También son afines en cuanto a que todos hacen zafra con la plata de los impuestos nacionales y departamentales, más Antel, Ancap, UTE, y “ainda mais”. Es decir con el dinero de Juan Pueblo contribuyente. Sea o no sea frentista.

Ha sido una tragedia para la administración del país tener a un candidato a Premio Nobel y a otro a secretario de la Organización de Estados Americanos. El primero obligado por lo mismo a algunas medidas notorias a comentar y respecto del otro nadie sabe dónde anda. Probablemente en una misión Apolo encubierta de la NASA para conseguir el voto jupiteriano, en caso de que los jupiterianos existan. En ambos casos hay costos. Los económicos -si el ministro Almagro consigue su objetivo, es de esperar que nos devuelva lo que nos ha costado su campaña- y el peor, el de las concesiones políticas internacionales. Y dejamos en la cuenta del olvido los infinitos viajes y comilonas relacionados con todos los organismos de invención latinoamericana, tan declamatorios como inútiles.

En la carrera al Nobel nos metimos con los inmigrantes sirios y la gente buena presa en Guantánamo por actos de terrorismo, una prisión de los Estados Unidos, ubicada en la isla de Cuba. Con los sirios, el uruguayo medio que es “buenazo” por unanimidad, se enternece. “Pobres perseguidos” dice. “Que vengan”. A los de Guantánamo -que no los quiere recibir ninguna nación civilizada del orbe- los está “uruguayizando” el Pit-Cnt (“¡Agarrate Catalina!”).

Hay una pregunta de sentido común: con lo bueno que es estar lejos de estos líos fenomenales del terrorismo islámico y de conflictos cultural, geopolítica y socialmente lejanos a nosotros ¿para que meternos en problemas? Tras los que tenemos ¿no hay abundantes niños nuestros abandonados en la calle que merezcan atención? Solo dentro de la irrazonabilidad proverbial del “progresismo” uruguayo caben estas cosas. Sinrazones que se iniciaron en la primera presidencia de Vázquez, que vuelve 10 años después con los mismos colaboradores de su primer gobierno.

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