Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Papeles y cosas

En la pasada columna comentaba que los billetes carecen de respaldo en metálico, se fabrican en las imprentas de los bancos centrales y son inconvertibles. Pero, necesarios.

En la pasada columna comentaba que los billetes carecen de respaldo en metálico, se fabrican en las imprentas de los bancos centrales y son inconvertibles. Pero, necesarios.

Debido a acuerdos internacionales, el dólar norteamericano ha sido moneda por excelencia de los intercambios. Se traslada de un lado a otro del orbe apretando algunos botones.

Su imposición como moneda de uso internacional prácticamente obligatorio, se dio con el surgimiento de los Estados Unidos como primera potencia universal luego de la Segunda Guerra Mundial. Casi al promediar el siglo pasado. En ese momento su predominio político, económico y militar aparecía incomparable. E incluso su proyección era y es cultural, porque solo un necio podría ignorar la incidencia norteamericana en la evolución científica y tecnológica, y en manifestaciones artísticas. Abarca todo lo que va desde la lámpara de luz a la computadora, de la revolución energética a facebook, del cine y las hamburguesas a la medicina…

La “crisis de las hipotecas” norteamericana, agudizada hacia el 2008, se dio porque las facilidades de los préstamos para vivienda llegaron a quienes no podían devolver el dinero recibido sin garantías de los bancos. Cesó la cadena de pagos y colapsó el sistema financiero y la economía. En el norte continental y en Europa ocurrió una crisis, que se hizo planetaria. En ese proceso la emisión de dólares promovida por el gobierno, primero del presidente Bush (h) y, luego del de Obama, triplicó la existencia de billetes que se habían emitido hasta entonces, a fin de socorrer con ellos a instituciones financieras en caída y reanimar a una economía jaqueada.

El “crack” implicó el cierre de empresas, desempleo y la pérdida de ahorros de cientos de millones de personas. Estados Unidos tiene un privilegio: desde que su moneda es de aceptación mundial los dólares emitidos se expanden por el mundo y no le generan alza de precios internos, inflación. Pero, en el mundo, la liquidez repentina derivó al alza en dólares de los “commodities” (metales, granos, carne, etc.) Las materia primas fueron refugio de ahorro para inversores y su precio se incrementó.

Igualmente hubo por ello una inflación interna en dólares en terceros países.

Diariamente se informa sobre los mercados de valores -acciones, bonos, etc.- que tienen horas de apertura y cierre. Pero, hay entre otros, un mercado internacional, que no cierra nunca, que es el de arbitrajes y especulación con el alza y baja, segundo a segundo, de las distintas monedas circulantes en el orbe.

Hoy se habla de una guerra de monedas entre el yuan chino, el agobiado euro y el dólar. Es una mesa de póker de bancos centrales, que ponen fichas y piden cartas, de acuerdo a los intereses particulares de sus bancos y países y que no guardan relación alguna con el mercado real y el tenedor de ahorros, de a pie. Sin el oro, atrás del dólar está un país que sigue representando el 25% de la economía internacional y la primera potencia militar del mundo, augurada su caída desde siempre, la ha desmentido sistemáticamente. Los estados, especialmente los pequeños como nosotros, y las personas deben acomodarse a la realidad, como al clima. Y, en conversación de legos, dicen que quien puede ahorrar unos pesos, seguirá encontrando seguridad en ladrillos, obras de arte, dólares y hasta… en algún pedacito de oro.

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