Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

De Mohamed a casa

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La corrupción se ve presente por todos lados. Es irrebatible: el mejor nivel de vida de la gente —Noruega, Dinamarca, Canadá, Holanda, Alemania, Suecia, Australia, Nueva Zelanda, etc.— está en los países en los que o es inexistente o está controlada. Una realidad lejana gana titulares por estos días. El joven príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, jerarca de un país asentado en reservas petroleras naturales fenomenales, enraizado en el wahabismo, la visión islámica más extremista de las existentes, que fuese inspiración incluso de muchos yihadistas (entre los que revistan los autores del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York), ha decidido ir contra el cerno de esta orientación. Y ha dicho algo que merece compartirse: "Debemos terminar con el terrorismo y castigar a la gente corrupta y que se aprovecha de sus cargos". Vale allá y acá. Frente a las organizaciones terroristas y a la rampante corrupción que corroe a América Latina.

En el marco de una postergación medieval del rol de las mujeres en el mundo musulmán y como muestra de su vocación de reforma, Mohamed, de 32 años, hijo del rey Salmán de 81 años, ha dispuesto que de ahora en más estarán autorizadas a conducir automóviles. Pequeño paso en términos occidentales, pero grande para el mundo islámico. Y en cuanto a la corrupción, por decisión del citado personaje decenas de príncipes, políticos y empresarios poderosos de Arabia Saudita han sido encarcelados súbitamente.

La honestidad política caracteriza a los países líderes en desarrollo humano. De acuerdo con Transparencia Internacional y la Organización de las Naciones Unidas, en el podio del atraso están —a su vez— los Estados más corruptos. Acercándonos a América Latina, la Venezuela chavista ocupa un lugar mundial preponderante. Lo más indignante resulta —desde un sentimiento moral natural— la presencia del discurso populista y socialista latinoamericano, desarrollado por profetas de la "justicia social" y oligarquías inescrupulosas, instalados sobre pueblos empobrecidos, mantenidos en la ignorancia. Al tiempo que con todos los medios a su alcance se apropian de las riquezas nacionales y, a lo que deberían ser hospitales, escuelas, viviendas y eliminación de otras carencias colectivas, lo transforman en beneficios personales, cuentas bancarias encubiertas y lavado de activos. Es realidad presente en Estados con riqueza petrolera y potencial de desarrollo natural enorme como México, Venezuela, Ecuador, Brasil y la Argentina "K", cuyos pueblos permanecen en el estancamiento generalizado. Notoriamente gozan de la adhesión de los comunistas, tupamaros y socialistas que mandan en el Frente Amplio.

Un amigo dice que como distracción mira diariamente las noticias argentinas. Por ser un thriller —en castellano novela de suspenso— continuo. Hoy, el espectáculo es ver marchar a la cárcel a capitostes de la era kirchnerista. Uno le recuerda —no obstante— que de Ancap desaparecieron 800 millones de dólares y que la capitalizaron con 600 millones de dólares más de nuestros impuestos. Y que es solo una perlita del rosario. Entre nosotros, la esperanza de los republicanos honestos está jugada a la Justicia nacional, confiando en que sentencie responsabilidades y responsables.

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