Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Macri y los cambios

En medio de las fiestas de fin de año se ha instalado en la República Argentina un nuevo Gobierno presidido por el Ing. Mauricio Macri. En elecciones recientes, la coalición cívica Cambiemos ganó el gobierno nacional y relevantes posiciones en la geografía política de nuestros vecinos, que incluyen al gobierno de la capital federal y al de la provincia de Buenos Aires. Se estima que esta realidad representa un 35% del PBI de la Argentina.

En medio de las fiestas de fin de año se ha instalado en la República Argentina un nuevo Gobierno presidido por el Ing. Mauricio Macri. En elecciones recientes, la coalición cívica Cambiemos ganó el gobierno nacional y relevantes posiciones en la geografía política de nuestros vecinos, que incluyen al gobierno de la capital federal y al de la provincia de Buenos Aires. Se estima que esta realidad representa un 35% del PBI de la Argentina.

El resultado además del dato cuantitativo implica un cambio cualitativo muy grande. Macri es una persona joven, con experiencia en gestión privada y pública. No es menor haber sido presidente exitoso de Boca Juniors, el más popular club de fútbol porteño, y haber pasado con buenos resultados por el gobierno de la capital federal durante dos períodos. Estos antecedentes están en la base de su reciente campaña presidencial.

Y, además, su sustento político es obra del propio Macri y su equipo de trabajo. En este aspecto parecería que el peronismo, un jardín con mil flores, que desde hace más de 70 años ha estado en el eje de la vida política argentina, ha visto el naufragio de su artillería populista ante una columna renovadora, sin raíces en los viejos esquemas y con propuestas ajustadas a las innovaciones de los nuevos tiempos. La prédica contra el narcotráfico, un problema enquistado en todos los niveles de la sociedad con proyecciones gubernamentales incluidas, viene expresándose con firmeza, anunciándose se lo combatirá sin vacilaciones. Se bregará por la pobreza cero. Se quiere poner a la Argentina de pie, recurriéndose al movimiento de todas sus infinitas posibilidades. Y, tema de nuestro interés, tras el absurdo aislamiento internacional del kirchnerismo, habrá una política de acuerdos internacionales abierta. Cabe esperar por ello que los malos años recientes en las relaciones rioplatenses sean cosa del pasado.

De inicio y con éxito, el nuevo gobierno terminó con el cepo cambiario liberando la operación de divisas, hecho que de por sí es buena noticia para nuestro país, ya que va acompañada de la reanudación de la apertura comercial regional.

El equipo de gente que se ha presentado como responsable de la gestión de gobierno es notoriamente de alta calificación, lo que marca un contraste rotundo con el saliente gobierno kirchnerista, que se ha ido acosado por denuncias de corrupción de los más variados calibres y que darán que hablar en el futuro cercano. También con la ejecución de maldades diversas orientadas a hacerle más difícil la tarea a la nueva administración, sin tomar en cuenta que a quienes más perjudican directamente es a los propios argentinos.

Los hechos a los que se aluden implican también una proyección latinoamericana significativa. Marcan un cambio de rumbo respecto de las desastrosas experiencias de los Castro, los Chávez, los Maduro, los Correa, los Lula y Dilma y el propio régimen argentino “K”.

Detrás de declamaciones socialistas, lo que han dejado los citados y otros gobernantes afines, es la dilapidación de los bienes públicos, el empobrecimiento de sus países y un retroceso general, liderado por unas cuantas Ancap (YPF y Pdvsa), solo registrables en los anales de la crónica política criminal más escandalosa que se conozca.

En definitiva, cabe alentar una Argentina que crezca y progrese, sabiendo que su fuerza será también la de nuestra república.

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