Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Libertades del súbdito

Hay un arraigado concepto en nuestro país relativo a que la misión del Parlamento es hacer leyes como quien hace chorizos.

Hay un arraigado concepto en nuestro país relativo a que la misión del Parlamento es hacer leyes como quien hace chorizos.

La misión principal de esta institución nace históricamente con la idea de que es un órgano que debe controlar al Rey y defender la libertad de sus súbditos. Principalmente limitando los gastos de quien gobierna.

La raíz de estos asertos se da en la historia milenaria de Occidente, la mejor y más innovadora civilización que ha conocido la humanidad, no obstante, seguidamente se partirá de considerar como referencia cercana a la revolución inglesa de 1689, conocida como la “revolución gloriosa”. La Declaración de Derechos -o “Ley que declara los derechos y libertades de los súbditos”- estableció en lo fundamental:

1.- Que toda cobranza de impuestos en beneficio de la corona -(entre nos sería del Poder Ejecutivo )- o para su uso, so pretexto de la prerrogativa real, sin consentimiento del Parlamento, es ilegal.

2.- Que la elección del Parlamento debe ser libre.

3.- Que las leyes sobre libertades de expresión, discusión y actuación en el Parlamento solo pueden ser revisadas por el mismo Parlamento. No por el Rey.

4.- Y que para mantener o modificar leyes el Parlamento debe reunirse con frecuencia.

A la revolución inglesa sucedieron la norteamericana (1776) y luego la francesa (iniciada en 1789). Esta última apuntó a terminar con la monarquía y desembocó en el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte (1799),

La experiencia inglesa, producto de una evolución, ajena a las hecatombes de la francesa, estableció la separación de poderes en ejecutivo, legislativo y judicial, con un sistema de pesos y contrapesos, que lleva a que unos y otros se controlen recíprocamente. Montesquieu estudiando la revolución anglosajona y la norteamericana, llevó a Francia la idea citada, numen de la democracia moderna.

La evolución inglesa tuvo otras bases que han hecho que Inglaterra y Estados Unidos, su vieja colonia, se sucedieran en la prevalencia política y material mundial, derivada de la sostenida innovación científica y tecnológica que les caracteriza. Una está contenida en una antigua sentencia, que en el régimen inglés se mantiene con fuerza de ley. Se basa en la defensa de la propiedad, a partir de la idea de Locke, de que cualquier invasión a la propiedad privada es un allanamiento. Lo que se complementa con el principio de que los seres humanos son libres irrestrictamente de hacer lo que quieran mientras no hagan daño. Ya sea pensar, decir y hacer lo que les plazca, incluido el hacerse rico. Finalmente, otro cimiento conceptual de la organización anglosajona, es el de “zapatero a tus zapatos”, que se traduce en evitar imponer a los demás normas de conducta que no sienten como propias.

Las diferencias entre los estados de tradición inglesa (como Australia y Nueva Zelanda) y los de escuela francesa -continental- entre los que revista América Latina, dan para más consideraciones. Exceden a esta columna.

En nuestro país, el dirigismo estatal, el saqueo fiscal, el despilfarro de los recursos públicos y los intentos de aplastamiento del Poder Judicial, en buena medida obedecen a tres períodos de gobierno con una mayoría parlamentaria autómata, que hace que el Ejecutivo sienta que puede hacer lo que quiere con impunidad.

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