Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Fragancias petroleras

La empresa electoral frenteamplista, como le ha pasado a Maduro, Correa, Cristina K, Dilma y Lula, Evo, y sus regímenes asociados, empiezan a registrar pérdidas de adhesión pública.

La empresa electoral frenteamplista, como le ha pasado a Maduro, Correa, Cristina K, Dilma y Lula, Evo, y sus regímenes asociados, empiezan a registrar pérdidas de adhesión pública.

Sus ganancias estuvieron vinculadas al “boom” de los precios de los “commodities”. Las volcaron en una repartija de compra de votos: corrupción, empleos públicos, asistencialismo sin contrapartida, demagogia y la convicción de creer que el maná que cae del cielo no para de llegar nunca. En la vida hay tiempos de vacas gordas y otros de las flacas. A los primeros hay que saber aprovecharlos.

Noruega es un austero país nórdico. O sea que combina libertad política, derechos humanos, libre empresa, propiedad privada y un Estado responsable y eficiente en su recaudación tributaria, volcada a una exitosa acción social en vivienda, educación y salud. Un día descubrió petróleo en su mar territorial. Podía haber hecho “la Chávez”, mandamás de una Venezuela que tiene en su suelo una de las reservas de petróleo más grandes del mundo: asentar una oligarquía socialista “robolucionaria” bolivariana, derrochar recursos y proceder a la destrucción de la empresa privada productora de bienes y servicios, entre los que revistan los alimentos. Habría cosechado las consecuencias conocidas: en Venezuela no hay comida y no hay dólares para importar y sostener el ensamblado de las industrias, ni para comprar medicamentos en el exterior. El papel higiénico entre apagones y falta de agua potable, vale en el mercado negro como un lingote de oro.

Cuando el petróleo valía 150 dólares el barril el chavismo tiró los billetes al viento. Cayó el precio a 30 dólares, y se acabó la farra. Los culpables del entuerto son “el imperialismo y la derecha”. Imperialismo que alberga en el territorio de E.E.U.U. a la poderosa petrolera Citgo, cuya dueña es Pdvsa, la Ancap venezolana, que refina crudo y ha llegado a tener más de 13.000 estaciones de servicio en el norte y que, cosas de la vida, colaboró con U$S 50.000, para levantar el estrado desde el que asumió recientemente la presidencia norteamericana el presidente Trump. Imperialismo que hoy le vende a la propia Venezuela petróleo crudo y combustible refinado. Y, derecha, que, según encuestas, se integra con el 90% del pueblo contrario a la arbitrariedad gubernamental chavista. La calle muestra a un pueblo desesperado, hambreado y baleado.

Noruega, en cambio, sabiendo que el petróleo un día se acaba, instaló una comisión de notables en negocios, y destinó una parte sustantiva de los ingresos de petróleo a crear un fondo que se ha aplicado a inversiones en acciones de las empresas más redituables del mundo. Resultado: cayó el precio del petróleo y la pérdida consiguiente de recursos fue absorbida sin problemas con el ahorro y la inversión citados.

Por acá el frentismo hizo “su Chávez”. Nunca en la historia del país se vio un momento de precios de exportación -carne y soja- como el producido desde 2004 hasta poco tiempo atrás. Lo acompañó un desastre de administración de negocios públicos monstruoso. Y en obras, cero. El presidente fue a Cerro Chato y le reclamaron carreteras, fue ahora a La Teja y un anciano de La Cachimba del Piojo le reclama por las calles y la mugre. Otros por el mal olor que sale de Ancap. A ambos lados del Dr. Vázquez, para asesorar, estaban el Ing. Martínez y Sendic, expresidentes del ente (aclaración: lo del mal olor refiere solo al proveniente de la apagada chimenea de Ancap).

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