Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Continuismo o Macri

Mi generación no conoció conscientemente las peripecias del primer gobierno de Juan Domingo Perón, ni las alternativas célebres de su esposa Evita (1945-1955). Presenció, el retorno del General desde el destierro (20/06/73), con su última cónyuge María Martínez de Perón, que le sucedería en la máxima magistratura argentina a su fallecimiento. En el vuelo que lo traía de Madrid, España, sede de su exilio, venían algunas personas que conocí, que integraban lo principal de la confianza del caudillo. Contaban el enojo de Perón porque los entonces presos por terrorismo, habían sido liberados por su mandatado presidente provisorio Héctor Cámpora, previo a su llegada. El aterrizaje del avión del retorno, con comitiva amiga, en el aeropuerto de Ezeiza, debió eludirse porque lo que iba a ser una fiesta popular multitudinaria, terminó en un brutal y sangriento choque entre la vieja guardia sindical peronista y su gente, con los jóvenes montoneros, agitadores extremistas -y “peronistas”- alin

Mi generación no conoció conscientemente las peripecias del primer gobierno de Juan Domingo Perón, ni las alternativas célebres de su esposa Evita (1945-1955). Presenció, el retorno del General desde el destierro (20/06/73), con su última cónyuge María Martínez de Perón, que le sucedería en la máxima magistratura argentina a su fallecimiento. En el vuelo que lo traía de Madrid, España, sede de su exilio, venían algunas personas que conocí, que integraban lo principal de la confianza del caudillo. Contaban el enojo de Perón porque los entonces presos por terrorismo, habían sido liberados por su mandatado presidente provisorio Héctor Cámpora, previo a su llegada. El aterrizaje del avión del retorno, con comitiva amiga, en el aeropuerto de Ezeiza, debió eludirse porque lo que iba a ser una fiesta popular multitudinaria, terminó en un brutal y sangriento choque entre la vieja guardia sindical peronista y su gente, con los jóvenes montoneros, agitadores extremistas -y “peronistas”- alineados con el socialismo castrista (13 muertos y 365 heridos).

La cosa no terminó ahí, porque los “jóvenes rebeldes” no advirtieron que los grandes líderes de masas las guían según sus instintos, y como caudillos descuentan que si dan una orden, ésta se acata. Para los díscolos que contrariaban al líder, todo finalizó, cuando en su último discurso en Plaza de Mayo, Perón echó del lugar a “esos estúpidos que gritan”, llamándolos “esos imberbes”, quienes debieron meter violín en bolsa y retirarse con el rabo entre las piernas (1º/05/974). Entre ellos estaban los jóvenes Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

Esto va dicho teniendo a la vista en el actual proceso electoral vecino como se lanzan convocatorias al “peronismo” -una suerte de lechera que no para de dar leche- al que se le ha usado como un acordeón susceptible de tocar las más estrafalarias notas. Perón en la memoria histórica no murió, pero su peronismo se fue con él. El ex-presidente Menem “peronista”, fue un gran privatizador de empresas estatales, estableció el sistema de convertibilidad -un peso, un dólar- y con él controló una inflación que se había ido de cauce, lo que le dio popularidad especial. Y generó adhesiones múltiples, al punto de que argentinos como el actual candidato presidencial Daniel Scioli, traído a la política por el mencionado gobernante al tiempo que defendía con calor las privatizaciones, se movilizaba buscando una reforma constitucional que permitiese a Menem un tercer mandato.

Lo expresado parte del balcón oriental, con resignación, por haber creído en la vida que la integración, especialmente rioplatense, era ensueño posible.

Del peronismo de Perón, la presidente Cristina (“K”) no tiene nada y Scioli, probablemente no conozca páginas icónicas escritas por el recordado General. El desastre que deja atrás el gobierno argentino que cesa es inconmensurable. La corrupción y el autoritarismo, la crisis social y el vaciamiento de las arcas públicas, la inflación y la mentira, la infiltración del Poder Judicial. El alejamiento de Argentina del mundo global y su mala predisposición hacia nuestra república, nos hacen desear un cambio que parece amanecer en la vecina orilla. Es Macri. De triunfar -creo personalmente- dará un giro copernicano a un país con destino de grandeza. Si es Scioli, algo cambiará, pero ya se encargaron de hacerlo llegar condicionado a la influencia “K”.

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