Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

La carta intención

A medida que gente técnicamente apta estudia el "contrato" vinculado al establecimiento de lo que sería la segunda planta de celulosa de la multinacional finlandesa UPM en el Uruguay, más se advierte que el asunto será esencialmente un medio de publicidad dilatada en el tiempo, a usar por el gobierno nacional con fines proselitistas.

Aquejado de una indiscutida ausencia de agenda respecto del rumbo a imprimir a la República, el proyecto a realizar del relato oficial suena a un episodio de Alicia en el País de las Maravillas. Napoleón decía que la guerra es un arte de ejecución. Y, la expresión vale para todos los órdenes de la vida. Sean militares, científicos, artísticos, profesionales, laborales, etc. Lo difícil no es tener ideas geniales sino, aunque sean simples, plasmarlas en el mármol.

También decía el singular personaje en su arenga a las tropas antes de ingresar a la batalla: "Cada uno de ustedes tiene un bastón de Mariscal". Lo que destacaba era que en las aventuras colectivas, más allá de las decisiones de la cúpula, cada uno de los subordinados debe tomar decisiones personales, ajustadas a las circunstancias, sin más ayuda que los dictados de su inteligencia y voluntad. Para ayudar al emprendimiento común.

La incapacidad de ejecución del oficialismo en 27 años de administración de Montevideo, con la obra paradigmática del corredor Garzón y la lucha perdida secularmente con la basura; más los desaguisados de fenomenales pérdidas y resultados económicos de catástrofe durante los últimos doce años para la producción, el trabajo y el pueblo todo, por notorios, eximen de comentarios.

Por otra parte, siendo que la educación técnica relacionada con tareas de la industria de celulosa debería ajustarse a cánones finlandeses y que las relaciones laborales deberían asumir un entorno de paz social ajustada a la inteligencia y las prácticas de entendimiento de empleadores y empleados de parte del centro y norte de Europa, la realidad reduce los propósitos acordados al rol de una utopía. El destrozo de nuestra educación pública y el comportamiento sin códigos elementales de racionalidad de los sindicalistas del Pit-Cnt, con ejercicio abusivo de los derechos gremiales, no impulsan el menor optimismo al respecto.

El acuerdo no es un contrato estrictamente. Tiene un aspecto que es el "proyecto ROU", que habla de que construiremos trenes, carreteras, mejoras portuarias, etc. y que si todo eso se hace —con beneficios impositivos y concesión de zonas francas— un capítulo distinto, reza que se verá si UPM emprende el establecimiento de una nueva planta. Si así ocurriera, dice que los conflictos contractuales se regirán por las normas nuestras y se ventilarán ante la justicia nacional, pero, quedan a un tiempo habilitadas en beneficios de la empresa finlandesa, las posibilidades de recurrir a arbitrajes internacionales ante tribunales del exterior. Como está pasando en el conflicto de la Distribuidora de Gas de Montevideo, filial de la brasilera Petrobras, con el gobierno uruguayo.

El gobierno en definitiva, firmó una carta de intención unilateral. UPM de momento no se ha obligado concretamente a nada. La oportunidad —de deberes y obras a cargo del gobierno— es formidable para justificar más impuestos. Hablando en criollo, el gobierno "progresista fundacional", más allá de Finlandia sigue siendo uno fundacional. Sin agenda. Recordemos, somos el tercer país de América Latina en presión tributaria ("¡Uruguayos campeones…!").

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