Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Batallón mosquito

Para molestar y dañar, el mosquito es incomparable. Por estos días han llegado en malón. Coincidiendo con la comparecencia de un dulce montón de sindicalistas oficialistas reunidos en magro mitin en una plaza pública. Celebrado al comenzar mayo. Los patrones de la queja, y definitivamente de “la lucha”, no descansan. Como el mosquito, les es connatural nunca dejar tranquilo a nadie.

Para molestar y dañar, el mosquito es incomparable. Por estos días han llegado en malón. Coincidiendo con la comparecencia de un dulce montón de sindicalistas oficialistas reunidos en magro mitin en una plaza pública. Celebrado al comenzar mayo. Los patrones de la queja, y definitivamente de “la lucha”, no descansan. Como el mosquito, les es connatural nunca dejar tranquilo a nadie.

La escuálida legión de los muchachos y las muchachas del Pit-Cnt sienten han marcado un antes y un después en la historia universal. Con pruebas irrefutables, han dejado en claro que lo que pasa en Venezuela es obra del imperialismo yanqui, de la derecha vendepatria, de la oligarquía integrada por el pueblo venezolano, la Pachamama y la Tía Gregoria, todos conjurados para sabotear la maravillosa democracia que encabeza el bolivariano Nicolás Maduro. En efecto, con balas especiales e imperceptibles, los rubios del norte han penetrado punzantemente en la osamenta del notable bolivariano y sus huestes armadas afines. Y, al introducirles un chip especial los han transformado en muñecos controlados por medio de una botonera desde la sede de la CIA y el mismísimo Pentágono y de esta forma, sin su consentimiento, les han hecho disparar balas contra un pueblo en la calle pasado de hambre, contra enfermos sin medicamentos básicos y estudiantes, todos injustificadamente furiosos, desafiantes y desarmados.

Para desacreditarlos ante los ojos del mundo. Por ello, sin querer han matado a tiros a 30 personas, herido a cientos y metido presos a palos a otros cientos. El imperio está temblando. Vivimos la hora de la resurrección maduriana y la caída definitiva del capitalismo. Gracias al acto del Pit-Cnt.

Dejando a un lado a quienes se miran en el espejo y se pegan una trompada, conociendo directamente algo de mundo, contemplando realidades a través de la lectura y los medios de comunicación, cualquier ser humano sensato solo puede concluir que el pedazo de tierra, agua y cielo que nos legaron Dios y nuestros héroes patrios, es una bendición del destino que merecería ser tratada con cariño.

Tierra apta para producir alimentos, trabajada en acuerdo con las realidades materiales que determinase naturalmente cada momento de la evolución histórica humana y nacional, con eficiencia, por dueños y empleados, más un frente fluvial y marítimo de ubicación regional estratégica y bondades naturales, como un clima benigno y la ausencia de catástrofes como terremotos y tifones, explican que políticos y dirigentes lúcidos construyesen en él una institucionalidad política económica y social, distinta al resto de toda América latina. Es arbitrario reducir la idea en una persona, pero tras la emancipación de España, el cimiento republicano fue José Gervasio Artigas con su: “Mi libertad emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia soberana”; y la separación de poderes en Ejecutivo, Legislativo y Judicial, afirmadas en las Instrucciones del año XIII, inquietudes que han estado presentes en la ciudadanía democrática, desde el origen. Así, ayer fue considerada Montevideo como la “tacita de plata” y el país como “la Suiza de América” y la “Atenas del Plata”.

Hacia un mañana que es ahora, la república perdida, y el hoy sin esperanzas de un gobierno decadente, llaman a la responsabilidad ciudadana.

A un ponerse decididamente en marcha cívica para recuperar la grandeza de un ser nacional que la ha perdido.

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