Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

“Atricidio”en el Municipio

Uruguayas y uruguayos tenemos que comunicarles que: “Vamos bien”. Eso lo escuchamos en una conversación de acomodados en cargos de confianza, mientras comentaban sus últimos viajes por el mundo y hasta en una escucha espontánea a un par de “malandras” mientras desmenuzaban en un bar el contenido de una cartera producto de un céntrico arrebato, y se felicitaban de cómo mejoró el negocio en los últimos años. Algún ex presidente parece que cree lo mismo y será cosa de tomarlo en serio. No bien: vamos ¡fenómeno”! Las buenas noticias hay que sobredimensionarlas.

Uruguayas y uruguayos tenemos que comunicarles que: “Vamos bien”. Eso lo escuchamos en una conversación de acomodados en cargos de confianza, mientras comentaban sus últimos viajes por el mundo y hasta en una escucha espontánea a un par de “malandras” mientras desmenuzaban en un bar el contenido de una cartera producto de un céntrico arrebato, y se felicitaban de cómo mejoró el negocio en los últimos años. Algún ex presidente parece que cree lo mismo y será cosa de tomarlo en serio. No bien: vamos ¡fenómeno”! Las buenas noticias hay que sobredimensionarlas.

Desde chiquitos los uruguayos sabemos que históricamente Sarratea “el intrigante”, era un mal tipo enviado desde Buenos Aires para perjudicar a Artigas ¿Deberíamos de hacerle un homenaje en el atrio del Palacio Municipal montevideano? Si le hacemos —hicimos— un homenaje a Néstor Kirchner en nuestra condición de genuflexos ante el matrimonio “K”, parece de auténtico sentido de equilibrio que Sarratea sea elevado al podio más alto ¿quizás en el Palacio Legislativo? Si la mayoría parlamentaria automatizada recibe el adecuado choquecito eléctrico —suelen ser muy primarios, si no fuese así no funcionarían— y levanta el brazo (dentro del recinto, obvio) iríamos mejor: Sarratea sería padre fundacional de nuestra querida patria. Convengamos que a esta altura de la educación pública, algunos jóvenes pueden tener idea sobre nuestro prócer fundador pero hay cientos de miles a los que les va fenómeno. Los que no estudian, ni trabajan, que están sometidos al padecimiento de la destrucción de la enseñanza pública, producto de radicales, comunistas, la ignorancia de Vázquez en su presidencia sobre estos temas y la mentira de: ¡“educación, educación, educación!, expresada en el Conrad en Punta del Este y que traducido del imperio de la patraña a la realidad, debió entenderse como “¡ignorancia, porro y holgazanería!”.

Lo cierto es que la década nacional perdida que se va cerrando, nos deja con las bases de miles de jóvenes sin futuro, con propensión a la vagancia y el delito. Y por todo ello, con un mañana de crimen y exclusión social asegurado. Por otro lado, jóvenes que llegan a los institutos privados, cuyos padres pagan los impuestos para la educación pública y —además— la membresía privada, debido al desastre de aquella, por decisión expresa de Vázquez, Astori y sus muchachos, no pueden deducir dichos gastos familiares del IRPF. Pero por suerte, tendrán otro panorama laboral y de vida. También deberán pensar en como defenderse de los que hoy con menos de 25 años no estudian, ni trabajan. Del Uruguay vareliano no queda nada. De la era frentista: la ejecución de un proyecto de injusticia social consolidado, como nunca conoció el país.

Del agravio al pueblo uruguayo patrocinado por el comunismo municipal no se puede esperar más. No se precisa que venga la argentina diputada Carrió a descorrer el velo. Son antinacionales y fascistas. Recordaremos que anunciaron a los militares su apoyo expreso y público a un golpe de Estado (1973), son hijos del sovietismo cipayo —socio del nazismo— y de la brutal monarquía castrista y —oportunamente— apoyaron el ingreso de los tanques rusos que invadieron a mediados del siglo pasado y aplastaron a los indefensos pueblos de Hungría y Checoslovaquia. Aplaudiendo como ahora, en obsecuente coro frentista al genocidio cesarista de Maduro en Venezuela. ¿Vamos bien?

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