Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Ajeno pero nuestro

La monumental diferencia entre el continente americano al sur del Río Bravo y al norte, la cantan los hechos. Al norte, Estados Unidos y Canadá están en la cúspide de las realizaciones colectivas, y al sur basta una mirada, y... todo dicho.

La monumental diferencia entre el continente americano al sur del Río Bravo y al norte, la cantan los hechos. Al norte, Estados Unidos y Canadá están en la cúspide de las realizaciones colectivas, y al sur basta una mirada, y... todo dicho.

EE.UU., nacido bajo influencia inglesa y holandesa, es un país con 50 estados, que conformaron un poderoso, único y democrático estado federal, líder en libertad y revolución científica y tecnológica.

Hacia el sur, hay variopintos países desconectados, que en la mayoría de los casos desconocen el contenido de la palabra progreso, y en muchos el de la democracia.

Actitudes “yanquis” históricas y abusivas a partir de un propósito de expansión territorial, aventuras bélicas inadmisibles como Viet Nam y otras son ciertas, pero el 25% del PBI mundial, la presencia de infinitas oportunidades para desarrollar iniciativas humanas, las mejores universidades del orbe y la innovación científica y tecnológica también. Desde los robots que recorren Júpiter y Marte a la bombilla de luz, desde los pantalones vaqueros a los medicamentos, desde los ascensores a internet (y podría seguir), nacieron en su seno.

Al mismo tiempo, América Latina suma a su desperdicio de enorme potencial, aventuras políticas caóticas y la acción de una internacional criminal, que en nombre de “la liberación”, “el socialismo”, “la izquierda”, “el progresismo”, y siempre del “antiimperialismo” y otras yerbas, acumula saqueo y estancamiento, sin desconocer al paredón, palos, calabozos sin ley o proceso debido, y con enriquecidos faraones sentados en bayonetas que -en muchos casos- apuntan a pueblos sometidos e idiotizados. Se cayeron todas las caretas.

Chile, en la punta, Perú, Colombia, Paraguay y Costa Rica, -con sus defectos y dificultades- abren al sur rumbos de avance político, económico y social, cuando los sueños panamericanistas se han ido al bombo.

Y, lo ajeno, es cosa nuestra. Particularmente en el vecindario, cuando vemos cómo robaron y fundieron a Brasil los progresistas Dilma y Lula, con políticos y empresarios presos, merced a la Justicia independiente, dejando la obra pública parada y un estancamiento del que, pese a su poderío, nuestro vecino no se sabe ni cómo ni cuándo saldrá.

O cuando la Argentina nos deja anonadados ante el saqueo del matrimonio “K” y sus secuaces que supera toda la imaginación de Julio Verne, Ian Fleming o Agatha Christie, que sacan bolsas con millones de dólares robados, como un mago conejos de la galera, provocando rechazo universal, lo ajeno nos toca. Daña nuestras esperanzas concretas. La parálisis económica, la crisis del comercio regional y hasta el conflicto de puertos, al igual que nuestros Pluna, Alur, Ancap, Fondes, los 60.000 empleados públicos acomodados, etc., son tarifazos, y comercio, producción e industria uruguayos estancados y por ello, desarrollo, hospitales, viviendas, educación y necesidades sociales insatisfechos.

En definitiva, el Mercosur desnaturalizado con el ingreso inaceptable de la Venezuela chavista, y ahora, para peor, madurista, y el saqueo sistémico de las oligarquías progresistas, es un himno a la parálisis, al subdesarrollo y el estancamiento. Que vio en los últimos diez años a la diosa Fortuna poner su mano en nuestro hombro, con precios astronómicos de las materias primas, y la dejamos ir. Sin provecho.

Ganó la estupidez y el acomodo socialista. La venalidad populista.

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