Ricardo López Götting
Ricardo López Götting

Mujica y el presidente Macri

Los escenarios que plantea el senador José Mujica sobre la elección argentina, en la que triunfó en segunda vuelta el ingeniero Mauricio Macri, son un buen motivo para reflexionar sobre los próximos cuatro años del gobierno de la coalición Cambiemos, integrada por el PRO, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica.

Los escenarios que plantea el senador José Mujica sobre la elección argentina, en la que triunfó en segunda vuelta el ingeniero Mauricio Macri, son un buen motivo para reflexionar sobre los próximos cuatro años del gobierno de la coalición Cambiemos, integrada por el PRO, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica.

Uno de los latiguillos más recurrentes del último decenio, es que “sólo el peronismo puede gobernar”, una aseveración que hería letalmente la posibilidad de la alternancia que necesita una democracia para oxigenarse y corregirse.

A la distancia, puede suponerse que el peronismo es un todo homogéneo, pero lo cierto es que nació, se desarrolló y sigue siendo un conglomerado de heterogeneidades explosivas de difícil convivencia, disperso en varias unidades.

Lejos, muy lejos de constituirse como el único garante de gobernabilidad, la candidatura presidencial de Daniel Scioli expresaba una enorme debilidad, ya que su nominación fue aceptada a regañadientes por el conjunto del kirchnerismo, sólo porque le podía aportar más votos que cualquier otro postulante.

La fragilidad de Scioli quedaba expresada en el estrecho margen que tenía para desenvolver su campaña, seriamente acotada por la presidente Cristina Fernández de Kirchner, y la presencia protagónica de figuras de estricta fidelidad a ella, como el candidato a vicepresidente Carlos Zannini, y los ministros Kicillof y de Vido en las listas de diputados nacionales.

Ni siquiera tuvo la oportunidad de opinar sobre quién podía sucederlo como candidato a la gobernación bonaerense, y debió soportar la candidatura del impopular Aníbal Fernández, jefe de Gabinete de ministros.

También su mala gestión como gobernador fue un talón de Aquiles que supo aprovechar el frente Cambiemos, que impulsó la candidatura de María Eugenia Vidal a la gobernación, la gran ganadora de los comicios de octubre tras 28 años de gobiernos peronistas en la Provincia de Buenos Aires.

Para encontrar otro candidato tan endeble como Scioli en el peronismo, debemos ir a 1983 con Ítalo Argentino Luder, que no podía controlar a un partido desbocado.

El senador Mujica hace una lectura inadecuada de los cambios ocurridos en Argentina en los últimos 25 años, al pretender comparar a Mauricio Macri con Raúl Alfonsín o Fernando de la Rúa.

El movimiento obrero, otrora uno de los principales pilares del peronismo a través de la Confederación General del Trabajo, está hoy fragmentado y debilitado por los cambios económicos. El auge del sector terciario ha desplazado a un lugar menor a la producción industrial, por lo que los esquemas clásicos del sindicalismo peronista hoy resultan anticuados.

El Partido Justicialista está dividido desde 2003 y ni siquiera tiene vida propia, sobre todo por decisión de la presidente saliente, que privilegió a los movimientos juveniles y sociales para reducir la importancia de los gobernadores e intendentes.

Cristina Fernández de Kirchner pudo mantener el control del Frente Para la Victoria en tanto tenía el control de los recursos públicos y los usaba a su antojo, pero ya sus bloques legislativos se están desgajando, un proceso que se acelerará en los próximos meses.

De allí que, si bien Mauricio Macri asume sin tener mayoría en las dos cámaras del Congreso, tiene la posibilidad de articular alianzas con los gobernadores de signo peronista que ya no responderán a los mandatos de la expresidente.

Argentina tiene una arquitectura institucional hiper-presidencialista. Varias provincias dependen de los recursos del gobierno federal, por lo que estarán dispuestos a negociar con el presidente Macri. El Gabinete de ministros tiene varios guiños hacia los gobernadores y el peronismo no kirchnerista, que le brindarán un apoyo silencioso para terminar de aislar a la presidente saliente en lo que será un extenso período de renovación interna del justicialismo.

El radicalismo que integra la coalición Cambiemos también ha madurado y reflexionado tras el colapso del gobierno de Fernando de la Rúa. Su actitud de colaboración con Macri, a quien se opuso durante años en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, le valió la recuperación de confianza en los sectores de la ciudadanía que solía acompañarlos con el voto. Este partido de raigambre democrática sabe que debe mostrar su capacidad en la gestión, y por ello se suma a esa fortaleza que tiene PRO. Algunos sectores del kirchnerismo, renuentes a aceptar las reglas de la alternancia democrática, pueden jugar a la idea de la “resistencia” como una forma de extorsión. No obstante, la ciudadanía ya no acompañará esas aventuras de épica insustancial, porque mayoritariamente prefiere vivir en un país normal y sin estridencias.

Se abre una oportunidad histórica para darle nueva vida a instituciones, arrumbando a un lado las epopeyas vacías del populismo.



(*) El autor es Doctor en Historia, profesor universitario y consejero académico de Cadal (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina).

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