Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Romper todo

Si en este país se quiere encontrar una institución parecida al Ejército, nada mejor que Educación Primaria. Las dos instituciones se dividen en unidades territoriales sometidas a un mando nacional (la diferencia es que en un caso se habla de regiones o divisiones, y en el otro de inspecciones).

Si en este país se quiere encontrar una institución parecida al Ejército, nada mejor que Educación Primaria. Las dos instituciones se dividen en unidades territoriales sometidas a un mando nacional (la diferencia es que en un caso se habla de regiones o divisiones, y en el otro de inspecciones).

Las dos tienen una estructura jerárquica piramidal (solo que en un caso se habla de comandantes y jefes de estado mayor, mientras que en el otro se habla de consejeros e inspectores). Las dos cuentan con un aparato burocrático que permite trasladar órdenes desde la cúpula hacia las unidades periféricas y recabar información en sentido inverso.

Estas coincidencias no son fruto de la casualidad, sino resultado de la historia. Cuando el país quiso darse una red de escuelas estatales que tuviera un funcionamiento constante y asegurara resultados homogéneos en todo el territorio, el único modelo disponible era el Ejército.

Este origen ayuda a entender por qué ambas instituciones han tenido siempre características similares. Ninguna de ellas es un ejemplo de organización altamente flexible ni innovadora. Ninguna de las dos ha buscado la excelencia ni la eficiencia en todas las áreas de su desempeño, porque ambas han priorizado el control interno sobre otras posibles virtudes institucionales. Pero las dos han tenido éxito en asegurar cierto orden, cierta homogeneidad de criterios y un funcionamiento continuo a lo largo y ancho del país. Ambas, además, han estado a salvo de la gran corrupción.

Esta es una de las grandes diferencias entre Primaria y Secundaria. A Primaria se la puede criticar por su alta burocratización, por un apego excesivo a las rutinas o por ser un ámbito poco amigable hacia los innovadores. Pero siempre se le reconoció la capacidad de movilizar diariamente a una gran cantidad de gente sin caer en el caos ni en la arbitrariedad. En Secundaria, en cambio, las cosas han sido más imprevisibles y desordenadas.

Este es el contexto en el que hay que evaluar la filtración de información en el reciente concurso nacional para maestros y directores de Primaria. El episodio es muy grave porque pone en cuestión lo poco bueno que nos iba quedando.

En el correr de los últimos años, la calidad de los aprendizajes en Primaria se desplomó como consecuencia del “pase social” y otras políticas irresponsables. Dos evidencias son los pésimos resultados en las pruebas PISA (nuestros estudiantes demuestran no saber cosas que hubieran debido aprender en sexto de escuela) y el brutal salto de la repetición entre el último año de Primaria y el primero de la enseñanza media.

También estamos asistiendo a una crisis del magisterio como nunca se conoció en la historia nacional. Hace casi una década que el número de maestros que se titulan por año está por debajo de lo necesario y de lo que era habitual. Por primera vez en más de medio siglo, hoy hay dificultades para poner un maestro titulado al frente de cada grupo.

Frente a tanto desastre, al menos podía quedarnos el consuelo de que Primaria seguía siendo una estructura prolija y confiable, que garantizaba que ciertas cosas no iban a pasar. Pero la reciente filtración de un concurso para el que los maestros se preparan durante meses demuestra que no es así.

Como en Ancap, los go- biernos del Frente Amplio están consiguiendo romperlo todo, incluso lo que siempre anduvo bien.

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