Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Post-verdad pitufa

El comunismo se instaló por primera vez en Rusia a fines de 1917, tras un golpe de Estado ideado por Lenin. La represión que se desató enseguida fue más brutal que los peores excesos del zarismo. Entre 1885 y 1917, la policía zarista ejecutó a 3.932 personas.

El comunismo se instaló por primera vez en Rusia a fines de 1917, tras un golpe de Estado ideado por Lenin. La represión que se desató enseguida fue más brutal que los peores excesos del zarismo. Entre 1885 y 1917, la policía zarista ejecutó a 3.932 personas.

Aunque las cifras son incompletas, se sabe que en los dos años siguientes al triunfo comunista hubo más de 10 mil fusilamientos. En 1918, Lenin lanzó la confiscación del aparato productivo: la tierra y las fábricas pasaron masivamente a manos del Estado. La consecuencia inmediata fue una terrible caída de la productividad. Entre ese año y 1922, unos cinco millones de personas murieron de hambre.

Luego de una marcha atrás transitoria conocida como Nueva Política Económica, en 1928 Stalin relanzó la estatización. La resistencia que opusieron los campesinos fue reprimida a sangre y fuego. Entre 1930 y 1931 fueron deportados unos dos millones de personas a campos de concentración. El principal foco de resistencia estuvo en Ucrania. Sólo en esa región, hubo unos 270 mil deportados a Siberia y unos 20 mil arrestos. Pero Stalin quiso un castigo todavía peor. Entonces, el ejército rojo requisó toda la semilla que estaba en manos de los campesinos, incluyendo la que hacía falta para sembrar. Los dejaron sin comida para hoy y para mañana. Para que no pudieran escapar, durante meses bloquearon las rutas y las líneas ferroviarias. El resultado fue que, entre 1932 y 1933, unos seis millones de ucranianos murieron de hambre.

En el correr de la década de los 30 se contabilizaron en la Unión Soviética unos 7 millones de entradas a campos de concentración, que se tradujeron en un millón de muertes. También hubo unas 700 mil ejecuciones. Luego vendría la Segunda Guerra Mundial, que generaría más millones de muertes por hambre, represión, o métodos de combate que implicaban el sacrifico de numerosos civiles y soldados.

Mao impuso el comunismo en China en 1949. La represión que desató enseguida, sumada a la que lanzó en tiempos de la Revolución Cultural, costó unos cuatro millones de vidas. Pero lo peor fue la hambruna generada entre 1959 y 1962, consecuencia de una mezcla de decisiones técnicas delirantes con una represión que permitió ocultar lo que ocurría. Fue la mayor hambruna causada por el ser humano que se conoce en la historia. Se calcula que en esos tres años murieron de hambre entre 20 y 30 millones de chinos.

Stalin y Mao fueron los gobernantes que mataron más gente en toda la historia de la humanidad. Otro comunista, el camboyano Pol Pot, fue el que mató a una mayor proporción de sus propios gobernados (más de la cuarta parte). Estos pequeños detalles son parte de lo que omite un texto de Historia para sexto año que se está utilizando en escuelas de este país. Tal como ha denunciado en estas horas el diputado Pablo Iturralde, esa obra compara al comunismo con una pacífica aldea de pitufos, donde todos viven en paz y “nadie pasa hambre”.

Hay aquí, desde luego, una inmensa responsabilidad de la autora del libro, Silvana Pera, cuya vocación por el adoctrinamiento ya es bien conocida: hace unos años publicó otro libro con enfoque similar, esta vez para alumnos de secundaria, en coautoría con Leonor Berna y Pablo Langone. Pero hay también una inmensa responsabilidad de quienes eligen ese libro, y de las autoridades que han hecho posibles estos excesos.

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