Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

El Pit-Cnt en día clave

Dos adolescentes salen de su celda y caminan por un patio. Uno de ellos gesticula. Es probable que esté gritando. Por una puerta enrejada se ve pasar gente, pero todos siguen de largo.

Dos adolescentes salen de su celda y caminan por un patio. Uno de ellos gesticula. Es probable que esté gritando. Por una puerta enrejada se ve pasar gente, pero todos siguen de largo.

Los adolescentes levantan una tapa del piso y la tiran. Están intentando romperla. Seguro que hay ruido, pero los cuidadores no aparecen. Uno de los chicos se pega a la puerta enrejada y parece gritar. Tampoco hay respuesta.

Tras varios intentos, los adolescentes rompen la tapa. Ahora tienen escombros que podrían usar como proyectiles. Uno de ellos entra a una celda y sale con una llave con la que abre una puerta.

Finalmente aparecen adultos. Los adolescentes se acercan a la reja. Tras una breve discusión dejan caer los trozos de material que tienen en las manos. No tienen una actitud agresiva. Dan varios pasos para atrás, los brazos colgando.

La reja se abre y una decena de adultos irrumpe en el patio. En medio de un gran desorden se tiran encima de los chicos, los golpean, los aplastan contra el piso. Cuando ya están boca abajo e inmovilizados, hay patadas en las costillas. Mientras tanto siguen llegando adultos. Ya son unos treinta.

Dos chicos que no participaron del desorden son arrastrados fuera de sus celdas y reciben el mismo tratamiento. Otros dos, que tampoco participaron, se niegan a salir al patio. Entonces los ahogan con el gas de un extinguidor. También ellos son golpeados, arrastrados y esposados.

Hacia el final de la filmación, seis adolescentes están en el piso esposados por la espalda. Decenas de funcionarios se pasean entre ellos. Son muchos más, son más corpulentos, han sido más violentos. Están en actitud de dominación. Y entre ellos está “Joselo” López, dirigente del sindicato del INAU, de COFE y vicepresidente del Pit-Cnt. Ha participado del malón con toda tranquilidad, sin intentar frenar nada.

En las horas siguientes López salió a los medios a decir que no había existido abuso y que se había actuado según el protocolo. Después se supo que lo del protocolo era un cuento, pero lo peor es lo primero. A López le parece bien tratar así a los jóvenes internados en el Sirpa. Una manera de entender la gravedad de esa actitud consiste en imaginarse cómo hubiera reaccionado el propio López si los aporreados hubieran sido sindicalistas y los agresores hubieran sido militares en uniforme.

Ante este hecho infame ha habido buenas reacciones. Fue buena la reacción de la directora del Sirpa, que hizo una denuncia en solitario porque los otros dos directores no quisieron acompañarla. Fue buena la reacción de todos los partidos políticos, incluyendo varios legisladores y sectores del Frente Amplio, que condenaron lo ocurrido.

Pero fueron terribles las reacciones sindicales. La lista 10 del INAU, liderada por López, hizo una inmediata defensa de los patoteros. Luego hubo una penosa reacción de COFE, la organización que reúne a los trabajadores del sector público, que expresó su “total respaldo al compañero Joselo López y a los dirigentes del Suinau”. Y luego estuvo el ominoso silencio de la cúpula del Pit-Cnt, que se tomó hasta hoy para decir algo.

Por eso la fecha de hoy es importante. La cúpula sindical decidirá si el Pit-Cnt va a quedar del lado de las organizaciones de trabajadores que defienden sus intereses en el marco de la ley y el respeto a los derechos, o si va a dar un paso más hacia el patoterismo gangsteril que lo contamina desde hace tiempo.

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