Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

La pata y el lazo

Todo parece indicar que estamos ante el naufragio definitivo de la política educativa del Frente Amplio. Una combinación de malas ideas, torpezas políticas y bloqueos corporativos hacen temer que no pasará nada importante de aquí hasta que termine el mandato del presidente Vázquez. Ya nadie habla de cambiar el ADN de la educación. Ni siquiera se habla de extender a dos años los efectos de la elección de horas en Secundaria, tal como se anunciaba hace menos de un año. No parece existir ninguna voluntad política de cambiar nada importante. Para peor, hay menos plata.

Todo parece indicar que estamos ante el naufragio definitivo de la política educativa del Frente Amplio. Una combinación de malas ideas, torpezas políticas y bloqueos corporativos hacen temer que no pasará nada importante de aquí hasta que termine el mandato del presidente Vázquez. Ya nadie habla de cambiar el ADN de la educación. Ni siquiera se habla de extender a dos años los efectos de la elección de horas en Secundaria, tal como se anunciaba hace menos de un año. No parece existir ninguna voluntad política de cambiar nada importante. Para peor, hay menos plata.

Ante esta oscura perspectiva, en el oficialismo empiezan a escucharse las voces de quienes quieren sacar la pata del lazo. Algunos concentran sus críticas en la ministra Muñoz, diciendo (con razón) que habla de más y no conduce. Otros responsabilizan al MPP, que controla a la enseñanza y bloquea los cambios.

Este festival del “yo no fui” adquiere especial fuerza entre los frentistas moderados. Pero la verdad es que su intento no tiene ninguna verosimilitud: el astorismo y el vazquismo tienen una gran responsabilidad en todo lo que ha ocurrido y en lo que ya no ocurrirá en la enseñanza.

Muchas de las peores decisiones educativas que se tomaron en estos años fueron impulsadas por gente que respondía a Danilo Astori. Tal es el caso de la Ley de Educación de 2009, que instaló a los sindicatos en el gobierno de la enseñanza e introdujo la convocatoria obligatoria a esa exhibición de fuerza corporativa que es el Congreso Nacional de Educación. El principal promotor de esa ley no fue ninguna figura del MPP sino el ex director de Educación del MEC Luis Garibaldi: un excomunista cercano al hoy muy crítico Esteban Valenti, que en aquella época era un estrecho aliado de Astori.

Otra política de consecuencias nefastas, el “pase social” en Primaria, fue amparada por el astorista Héctor Florit. El resultado de esa política de falsa inclusión puede resumirse en dos datos: a lo largo de estos años, la repetición en sexto año de primaria fue cayendo hasta rondar el 1%. Sin embargo, entre 2004 y 2012, la repetición en el Ciclo Básico subió del 25,9 al 32,3%. O sea, mientras muy pocos alumnos repiten el último año de escuela, uno de cada tres lo hacen en cuanto pasan a la enseñanza media. Es el precio de promover aunque no haya aprendizajes.

El presidente Vázquez es políticamente responsable de la Ley de Educación que se aprobó durante su primer mandato y que él promulgó entusiasta. Pero además tuvo una participación personal y directa en varias decisiones destructivas que se tomaron durante este mandato. Por ejemplo, la decisión de mantener a Wilson Netto al frente del Codicen, en un intento por comprar a cualquier precio algo de paz con el MPP. O el doble error de declarar la esencialidad de la enseñanza por primera vez en la historia de la República, para luego no aplicarla. La primera fue probablemente la más nefasta. El día que Vázquez confirmó en el cargo a ese mujiquista experto en guerras burocráticas, el destino de Filgueira y Mir quedó sellado.

Y en medio de todo, por supuesto, está la ministra Muñoz, que no es del MPP ni cayó del cielo, sino que llegó al cargo porque es una persona de confianza del presidente y tuvo el apoyo de toda la bancada del Frente Amplio. Ese apoyo se mantuvo cuando destituyó a Filgueira y a Mir, y dura hasta hoy.

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