Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Niños y pasto

En un alarde de profundo mal gusto, la ministra Carolina Cosse dijo que Uruguay tiene hoy problemas de obesidad, mientras antes había niños que "comían pasto". Más allá de lo torpe de la frase, las continuas referencias que desde el oficialismo se hacen a ese supuesto hecho son una buena ilustración de cómo funcionan los mitos.

La cuestión no es si la crisis de 2002 existió, o si de veras fue grave. La crisis existió, fue durísima, le hizo daño a demasiada gente, llevó hambre a muchos hogares y dejó heridas que duran hasta hoy. Quien niegue lo anterior no conoce el país. Y quien no se conmueva ante tanto sufrimiento es un desalmado.

La pregunta es otra y mucho más acotada: ¿puede afirmarse con seriedad que en aquella época hubo niños que comían pasto?

La frase ha sido repetida mil veces, pero eso no prueba su verdad. Y cuando uno va a ver de dónde salió, descubre que hay una única fuente: un artículo publicado por el diario La República en aquel año fatídico. En ese artículo, el cronista dice que en el barrio Conciliación de Montevideo hay unos 80 escolares que comen pasto los fines de semana.

¿Cuál es la base de esa información? Solo dos testimonios: el de la presidenta de la comisión de fomento de la escuela y el de un padre. Ninguno de los dos dice haber visto niños comiendo pasto. La presidenta de la comisión dice que se lo han dicho. El padre no dice que sus hijos coman pasto ni menciona ningún caso que conozca directamente. Habla de una observación de heces de alumnos que habría sido hecha por maestros y vecinos.

Dicen que el apóstol Tomás fue el primer periodista: le dijeron que Jesús había resucitado, lo tenía enfrente y aun así quiso meter los dedos en las llagas. Tuvo que verificar. Eso es lo que diferencia al periodismo del rumor.

Pero el periodista que redactó la nota no verificó nada. No visitó casas del barrio, no se entrevistó con madres, no chequeó datos. Se limitó a transcribir palabras que, como todas las palabras, pueden ser verdaderas, exageradas o falsas (no siempre por mala voluntad). Tampoco hubo otros periodistas que investigaran, ni estudios del MSP, ni equipos universitarios en el terreno. El Frente Amplio, que en aquel entonces hacía una oposición feroz (el hoy presidente Vázquez pedía el default), no reaccionó.

Pero la historia siguió su camino. Primero fue levantada por otros medios. Luego, por un par de agencias internacionales. Por fin se metió en los discursos políticos. Pero nadie aportó un dato nuevo.

El flojo artículo de prensa con el que todo empezó no permite asegurar siquiera que hubiera niños comiendo pasto en el barrio Conciliación. Tal vez sí, pero nadie lo documentó. Sin embargo, la repetición autoconfirmatoria instaló la idea de que eso ocurría de manera generalizada. Hace un par de semanas, el diputado "Pacha" Sánchez y la página web de Presidencia afirmaron que los niños que comían pasto eran de Las Láminas, en Bella Unión. La historia tiene tan poco que ver con los hechos que puede ubicarse en cualquier lado. Así es como funcionan los mitos.

Que hubiera o no niños comiendo pasto en Conciliación no agrega ni quita nada al drama que se vivió. El dolor es el mismo. Pero esta no es una cuestión de más o de menos. Es una cuestión entre la verdad y la falsedad. Por desgracia, esa distinción ya no es importante para alguna gente. Lo único que importa es el impacto político.

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