Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Lavandeira universitario

El domingo se cumplió un nuevo aniversario de la muerte de Francisco Lavandeira, ocurrida un sangriento 10 de enero de 1875. Se trató de una pérdida enorme para la República, para la prensa y para el mundo académico porque, en los escasos 26 años que pudo vivir, Lavandeira reunió las condiciones de dirigente político, periodista y profesor universitario. Este último aspecto ha sido olvidado injustamente.

El domingo se cumplió un nuevo aniversario de la muerte de Francisco Lavandeira, ocurrida un sangriento 10 de enero de 1875. Se trató de una pérdida enorme para la República, para la prensa y para el mundo académico porque, en los escasos 26 años que pudo vivir, Lavandeira reunió las condiciones de dirigente político, periodista y profesor universitario. Este último aspecto ha sido olvidado injustamente.

Lavandeira se había doctorado en Derecho en la Universidad de Buenos Aires, con una tesis centrada en temas económicos y financieros. En mayo de 1873, con apenas 24 años, obtuvo la cátedra de Economía Política de la Universidad de la República. Sustituyó en el cargo a Pedro Bustamante, que había sido rector y ahora ingresaba al Parlamento.

Asumida la cátedra, Lavandeira elaboró un programa a ser dictado en dos años que significó un quiebre con las prácticas precedentes. La primera mitad del curso se mantenía en la línea tradicional: una reflexión general sobre la naturaleza de la ciencia económica y sobre el alcance de sus leyes, seguida de un esfuerzo por establecer los límites con las ciencias naturales, la política y la moral.

Pero el modo en que planteaba las cosas era innovador. En su visión, la Economía Política era “la ciencia que estudia las leyes del esfuerzo generador de la riqueza, la ciencia cuyo objeto práctico consiste en la elevación moral, intelectual y material de la sociedad”. Su tarea es “iluminar con sus doctrinas la tarea del legislador, del hombre de estado, del administrador, servir al hombre de empresa y de fatiga, descubriéndole el mecanismo de la sociedad, las leyes generales de la industria (…) Formar, en fin, la conciencia del pueblo sobre los grandes intereses que lo afectan, y de que él debe disponer como único dueño y soberano”.

Lavandeira se niega a limitar la enseñanza de la Economía Política a una presentación de ideales abstractos. Por eso, la segunda mitad del curso incluía un análisis empírico de los sistemas de producción, crédito y consumo que operaban en la economía uruguaya, al tiempo que argumentaba en favor de las grandes reformas que a su juicio estaban haciendo falta: ley de presupuesto, organización de la deuda pública, legislación bancaria, habilitación de puertos, reforma educativa, judicial y policial como condiciones para el desarrollo de una actividad económica sana.

“Nunca se había hecho en nuestra Universidad -escribía Carlos María de Pena en aquel trágico enero de 1875- un estudio tan prolijo y detenido de las cuestiones (…) financieras. Jamás se había hecho un análisis científico y esmerado de nuestro sistema rentístico; jamás se habían arrojado tan vivos rayos de luz en ‘el laberinto de nuestro sistema fiscal’ (son sus palabras) como los que proyectó la robusta inteligencia del que fue entre nosotros el doctor Lavandeira”.

Noventa años después, los historiadores Juan Oddone y Blanca Paris escribían: “La significación de Lavandeira en la docencia universitaria no ha sido suficientemente encarecida. Algún día ese diferido balance deberá tener en cuenta no sólo las enseñanzas del estudioso y la actitud mental que postuló, sino también el ejemplo del hombre que no supo de inconsecuencias”.

Así las cosas, es digno de aplauso que el rector de la Universidad de la República haya querido sumarse al homenaje al primer mártir universitario del Uruguay.

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