Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Dos ideas dañinas

En Uruguay como en otras partes del mundo, el debate educativo se ve entorpecido por la amplia difusión de dos ideas nocivas que funcionan en espejo. 

Se trata de dos prejuicios que, como todos los prejuicios, no se fundan en hechos verificados sino en las rigideces mentales de quienes los adoptan y difunden.

El primero de ellos aparece con cierta frecuencia entre los docentes que día a día se desempeñan en las aulas. El segundo tiende a aparecer entre quienes abordan la temática educativa desde el mundo académico.

El primer prejuicio, propio de quienes están en contacto diario con los alumnos, consiste en decir que los llamados "especialistas en educación" no tienen nada útil que decir porque no tienen idea de lo que es estar en la trinchera. La frase mil veces repetida por quienes caen en este error adopta la forma de una pregunta: "¿qué puede saber sobre educación si nunca dio clase?".

El segundo prejuicio, propio de quienes han dedicado largos años a estudiar los problemas de la educación en universidades y centros de investigación, consiste en decir que los docentes que trabajan día a día en las aulas no tienen nada útil que aportar porque no tienen una comprensión global ni profunda de los problemas. Para quienes caen en ese error, a los docentes les falta información y no tienen hábitos de pensamiento sistemático.

Estas dos ideas son muy distintas desde el punto de vista del contenido (de hecho, son opuestas) pero se parecen mucho en las actitudes que promueven: ambas descalifican al otro y reclaman un monopolio del saber. En este sentido, las dos son idénticas.

También se parecen en otro aspecto: ambas encierran una cuota de verdad y otra de falsedad. Los docentes que trabajan en el terreno tienen razón al sostener que la experiencia directa y cotidiana aporta un conocimiento insustituible de la realidad educativa. Después de todo, la verdad sobre el funcionamiento de un sistema de enseñanza es lo que ocurre diariamente ante sus ojos.

Los especialistas tienen razón al sostener que la visión que se tiene desde la trinchera es siempre incompleta. Cuando alguien solo tiene en cuenta su propia experiencia (o la de quienes tiene cerca), puede terminar teniendo una visión parcial y hasta deformada de lo que ocurre. Al mismo tiempo, corre el riesgo de desconocer experiencias y aprendizajes que se producen en otros contextos.

Pero las dos partes se equivocan a la hora de utilizar estas verdades para extraer conclusiones. Los docentes que trabajan en el terreno se equivocan al pensar que, como su experiencia es insustituible, entonces solo ellos tienen algo importante que decir. Y los especialistas se equivocan al pensar que, como solo ellos cuentan con el bagaje conceptual y el instrumental metodológico que permiten desarrollar una mirada global, entonces no necesitan prestar atención a lo que los docentes tienen para aportar desde su propia experiencia.

La verdad completa es que ambas partes se necesitan mutuamente. Los docentes necesitan de los especialistas para construir interpretaciones más globales y sistemáticas de la realidad a la que se enfrentan todos los días.

Y los especialistas necesitan de los docentes para bajar al mundo real lo que de otra manera puede ser un conjunto de abstracciones vacías.

Reconstruir adecuadamente este diálogo es otra de las tareas que debemos incluir en la agenda.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)