Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Entregando todo

No sólo fue una rendición. Fue una rendición incondicional. La semana pasada, las autoridades educativas capitularon ante el poder sindical. El episodio dejó en claro quién manda y confirmó que varios jerarcas le mintieron reiteradamente a la ciudadanía. Para mayor vergüenza, ni la confirmación de la mentira ni la manera en que fueron desautorizados los llevaron a renunciar.

No sólo fue una rendición. Fue una rendición incondicional. La semana pasada, las autoridades educativas capitularon ante el poder sindical. El episodio dejó en claro quién manda y confirmó que varios jerarcas le mintieron reiteradamente a la ciudadanía. Para mayor vergüenza, ni la confirmación de la mentira ni la manera en que fueron desautorizados los llevaron a renunciar.

Lo que pasó hace unos días tiene dos capítulos. En primer lugar, el Codicen dejó sin efecto algunas decisiones orientadas a reducir el ausentismo de los profesores. El ausentismo es un problema real pero la marcha atrás era inevitable, porque algunas de esas medidas violaban el Estatuto Docente. El Codicen había actuado apurado y mal, como suelen hacer quienes quieren aparentar una firmeza que no tienen. Fue un error que condujo a un retroceso.

Complementariamente, y sin ninguna relación con lo anterior, las autoridades aceptaron que la elección de horas realizada el año pasado sólo tenga valor por un año, que en 2016 los docentes vuelvan a elegir y que nuevamente lo hagan por 12 meses. O sea: acabamos de perder otros dos años en el intento de reformar uno de los mecanismos que genera más desigualdad y que atenta más gravemente contra la calidad de los aprendizajes. Los que prometieron cambiarle el ADN a la educación vuelven a mostrarse incapaces de hacer un cambio concreto y relativamente sencillo, cuya necesidad es reconocida todo a lo largo del espectro político. Los que van a pagar, como ya ocurre, son los estudiantes de bajos recursos y sus familias.

Lo sucedido confirma que los consejeros de Secundaria Celsa Puente y Javier Landoni le mintieron al país entero hace un año, cuando dijeron que ya se estaba aplicando la elección de horas bianual. Y volvieron a mentir cuando, desesperados por acomodar la realidad a sus dichos, firmaron un acuerdo que daba poder de veto a los sindicatos e inmediatamente salieron a decir que todo seguía como antes. Mentiras para tapar otras mentiras. También faltó a la verdad la ministra Muñoz hace unos meses cuando, ante el reclamo de Lacalle Pou de que se confirmara la elección por dos años, lo acusó de estar mal asesorado porque eso ya se estaba haciendo. Ahora está claro que la única mal asesorada era la ministra.

El caso de Puente y Landoni es especialmente grave. No sólo se confirmó que mintieron con contumacia, sino que fueron desautorizados por el Codicen y quedaron en una posición de debilidad extrema ante Fenapes. Cualquier jerarca con algo de dignidad hubiera presentado su renuncia. Ellos no lo han hecho.

La dirigencia sindical muestra impúdicamente su alegría. Una vez más triunfaron. Una vez más bloquearon todo. Y es tan obsceno su gusto por el poder que ni siquiera se sienten en la necesidad de proponer algún cambio. La elección del año pasado fue por un año, la de este año será igual y, si es por ellos, así seguiremos. No hay nada que revisar. Mientras ellos conserven su poder, que los más débiles sigan pagando.

Las conclusiones son varias: paralizado por sus contradicciones internas, el gobierno acaba de perder una nueva batalla en la enseñanza; las autoridades educativas que tenemos son, con algunas excepciones, simplemente impresentables; y los actuales dirigentes sindicales de Secundaria son los peores enemigos del cambio, de la justicia social y de la igualdad de oportunidades.

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