Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Un buen aporte

El primer informe producido por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd) nació en un contexto de conflictos y sospechas que hubieran sido evitables.

El primer informe producido por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd) nació en un contexto de conflictos y sospechas que hubieran sido evitables.

Pero el documento es separable de esas circunstancias y merece ser evaluado en sí mismo. La tarea está lejos de ser sencilla, porque se trata de un trabajo complejo y extenso (367 páginas cargadas de datos). Pero una primera lectura permite generar algunas impresiones.
¿Hemos ganado algo con la publicación de este documento? Más allá de algunas debilidades y aspectos discutibles, ciertamente se trata de un aporte. Eso se debe ante todo a que sus páginas reflejan una voluntad de reconocer los principales problemas de nuestra enseñanza sin pretender esconderlos tras falsos éxitos. Esto marca un contraste importante con la actitud que siguen asumiendo hasta hoy las principales autoridades del Ministerio de Educación y Cultura.

Casi en simultánea con la divulgación del informe del INEEd, se presentó la última edición del Anuario Estadístico publicado por el MEC. En esa ocasión, el Director Nacional de Educación, Luis Garibaldi, salió a presentar como un logro lo que en realidad es una variación insignificante de las tasas de repetición de Secundaria. Aferrado a esa cifra y a algún otro dato igualmente irrelevante, intentó transmitir una sensación de avance que no guarda ninguna relación con el verdadero estado de nuestra enseñanza. Los autores del informe del INEEd, en cambio, señalan con razonable claridad varios aspectos en los que seguimos estancados o hemos retrocedido.

La información proporcionada por el INEEd también da elementos para combatir algunas ignorancias sólidamente instaladas entre nosotros. Por lo pronto, finalmente aporta información sobre los pavorosos niveles de deserción y de repetición que se registran en la educación técnica. Hasta ahora, las autoridades de UTU habían tenido éxito en ocultar esas cifras, y habían construido sobre esa ausencia el mito de que las cosas andaban razonablemente bien en esa rama. Hoy sabemos que esa impresión es falsa.

En otros casos, los datos del INEEd confirman algunas verdades incómodas. Por ejemplo, que el número de alumnos dependientes de ANEP, lejos de aumentar, se redujo en el correr de los últimos años. Este dato echa por tierra la justificación a la que suele recurrir el oficialismo para explicar su fracaso. Esa explicación dice que los niveles de aprendizaje se han reducido y las tasas de abandono han aumentado porque estamos incluyendo más. Los datos del nuevo informe confirman que esto es falso. Nuestros progresos en materia de inclusión son insignificantes al lado de los que se logran en países como Brasil, Perú o Colombia. Pero mientras todos esos países mejoran sus puntajes en PISA, nosotros los empeoramos.

Por último, el informe del INEEd aporta información sobre temas que no han recibido la suficiente atención pública en estos años. Por ejemplo, proporciona una nueva estimación del gasto privado en educación, al que ubica (conservadoramente) por encima del 1,5% del PBI. Quiere decir que nuestro gasto educativo total ya está hoy por encima del 6%. Este es un dato crucial porque, cuando nos comparamos con países como los escandinavos, tendemos a olvidar que en esos países el gasto público prácticamente coincide con el gasto total. Al final resulta que no estamos tan lejos de ellos.

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