Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Desde adentro

Hace exactamente una semana ocurrió un hecho que no fue recogido por los medios de comunicación, pero que hubiera merecido titulares.

Hace exactamente una semana ocurrió un hecho que no fue recogido por los medios de comunicación, pero que hubiera merecido titulares.

Para ser exactos, parte de lo que pasó fue debidamente difundido: el 5 de julio pasado, el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) dio a conocer los resultados de un estudio que analiza las trayectorias de los alumnos que participaron en las pruebas PISA del año 2009.

También se divulgó que los resultados son desalentadores. En el momento de realizarse la prueba, esos chicos tenían quince años de edad. Quiere decir que todos hubieran debido terminar Bachillerato a fines de 2012. Aquellos que hubieran sufrido retrasos tendrían que haberlo terminado en 2013 o 2014. Pero el estudio revela que, al día de hoy, solo el 44% es bachiller. Un 15% de los evaluados en 2009 ni siquiera llegó a terminar un grado después de los 15 años.

Lo que los medios no recogieron fue lo que ocurrió en el cierre del acto de presentación de resultados. En ese momento tomó la palabra el Director Ejecutivo del Ineed, Dr. Mariano Palamidessi, quien, ante la mirada petrificada de las principales autoridades educativas, dijo algunas cosas muy claras. Por ejemplo, dijo que es falso que nuestra Educación Secundaria sea ineficaz, porque es tremendamente eficaz generando desigualdad. Y dijo también que nuestro sistema educativo está generando “dos razas” de uruguayos. Una integrada por poca gente, que tiene por delante una vida de crecimiento personal y oportunidades, y otra mucho más numerosa, integrada por personas que están condenadas a una vida sin horizontes.

El señor Palamidessi no ocupa ningún cargo político, sino un cargo técnico al que accedió tras presentarse a un llamado internacional. De hecho, ni siquiera es uruguayo. Tal vez por eso tenga la libertad de expresar lo que nuestras autoridades educativas no quieren escuchar.

Mientras todo el tiempo las vemos hacer malabarismos para poder decir que las cosas no andan tan mal, el señor Palamidessi (con un doctorado en Educación y abundante experiencia internacional a sus espaldas) describió la realidad sin cobardía ni meneos políticos.

La importancia del hecho no está en que se haya dicho algo nuevo. En realidad, tanto las conclusiones del informe como las palabras de Palamidessi confirman tendencias conocidas desde hace años. Lo nuevo es que lo haya dicho alguien colocado en el corazón del sistema, como es el Director Ejecutivo del Ineed. A partir del 5 de julio, a las autoridades les resultará un poco más difícil seguir fingiendo demencia. Las voces de alerta ante la debacle de nuestra educación ya no pueden ser descartadas diciendo que se trata de viles maniobras opositoras. Las mismas alarmas empiezan a sonar dentro de la institucionalidad educativa.

El episodio vuelve a confirmar lo mal que estamos, pero también incluye un elemento de esperanza. El señor Palamidessi ocupa su cargo porque las autoridades del Ineed decidieron hacer un llamado internacional y seleccionar con criterios técnicos a quien iba a desempeñar un rol crucial en la institución. Por una vez, el profesionalismo y la búsqueda de la excelencia primaron sobre la cuota política y el amiguismo. Al decir lo que dijo, el señor Palamidessi no se estaba saliendo de tono sino haciendo lo que tiene que hacer un evaluador independiente. Se trata de un paso en el camino correcto.

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