Nicolás Albertoni
Nicolás Albertoni

Una región a dos tiempos

En los últimos días se confirmó que el Mercosur suspendió la cumbre pactada para el mes de julio por la situación política de Brasil y Venezuela. Mientras tanto, la Alianza del Pacífico, conformada por Chile, Colombia, México y Perú, sí concretó su cumbre que concluirá mañana viernes con la presencia de los cuatro presidentes de los Estados miembros y la de otros dos presidentes que han sido especialmente invitados: Mauricio Macri, de Argentina y Luis Guillermo Solís, de Costa Rica.

En los últimos días se confirmó que el Mercosur suspendió la cumbre pactada para el mes de julio por la situación política de Brasil y Venezuela. Mientras tanto, la Alianza del Pacífico, conformada por Chile, Colombia, México y Perú, sí concretó su cumbre que concluirá mañana viernes con la presencia de los cuatro presidentes de los Estados miembros y la de otros dos presidentes que han sido especialmente invitados: Mauricio Macri, de Argentina y Luis Guillermo Solís, de Costa Rica.

La invitación a Mauricio Macri es sin dudas una señal diplomática inmensa para Argentina que, al igual que sus socios, está encerrada en un Mercosur que corre a destiempo del resto del mundo. El presidente Macri sabe bien que de contar algún día con el “Mercosur flexible” que tanto se reclama, un primer paso estratégico sería utilizar la Alianza del Pacífico como “trampolín” para integrarse a las cadenas de valor que tienen como destino Asia.

Durante la cumbre de la Alianza del Pacífico, además de la XI reunión de presidentes en la que Chile asumirá la presidencia pro tempore, se realizan varios eventos paralelos que muestran la velocidad a la que está avanzando este bloque. En estos días, se llevó a cabo la III Cumbre Empresarial entre el Consejo Empresarial de la Alianza y de otros países de la región con una decena de países de América del Norte, Europa y Asia. También se desarrollaron paneles ministeriales sobre estrategias de alianza entre el sector público y privado, integración financiera, apoyo y cooperación para Pymes, así como una conferencia sobre emprendedores e innovación de alto impacto.

Mientras tanto, el Mercosur está paralizado a la espera de que Brasil y Venezuela superen sus problemas políticos. Una vez superadas estas instancias y sean cuales fueren sus resoluciones, no habría razones para que los países decidan sentarse en una misma mesa y darse cuenta que difícilmente exista otra coyuntura más favorable que ésta para reformular con seriedad el bloque sudamericano. Las diferencias son realmente abismales. Mientras que la Alianza del Pacífico está concentrada en el fortalecimiento de su institucionalidad, la presidencia pro tempore del Mercosur pasará a manos de Nicolás Maduro.

Ni para hablarle fuerte y claro al gobierno de Venezuela sirve hoy el Mercosur. Más allá de las debilidades comerciales y económicas del bloque, esta cumbre podría haber servido para que países como Argentina, Uruguay y Paraguay no queden recordados en la historia como socios que hicieron oídos sordos a los atropellos institucionales del gobierno de Maduro.

El punto central aquí no pasa ya por criticar al Mercosur porque sí. Todo lo contrario. Es razonable que un bloque que es hijo de otro tiempo tenga raíces difíciles de cortar cuando se lo pretende adaptar a otro terreno. La Alianza del Pacífico fue testigo de los éxitos y fracasos anteriores de la integración latinoamericana y decidió profundizar en los aciertos. Lo que sí debería sorprender es que tras la constatación de que el Mercosur tal como está no funciona, nadie se anime a dar el primer paso.

Quizá el mayor desafío pase por cambiar el foco del debate, y comprender que la flexibilización del bloque dista mucho de ser un fracaso a sus 25 años de historia. La flexibilización debería ser vista, más bien, como una adaptación estratégica a un nuevo escenario internacional.


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