Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Revolución rusa 1917-1923

Dos guerras la impulsaron. Entre 1904-1905 ocurrieron sucesivos reveses rusos al enfrentarse con los japoneses, especialmente la humillante y decisiva derrota naval en el estrecho ente Corea y Japón. El triste resultado creó angustia y frustración a través de la nación. No mucho después empezó la 1ª Guerra Mundial (1914-1918). Alemania apoyaba las pretensiones imperiales de Austria en los Balcanes, que no admitía Rusia. Comenzaron las movilizaciones y para madrugar a Francia, aliada de Rusia, Alemania lanzó un tremendo y demoledor ataque hacia occidente.

En función de sus compromisos, los rusos se solidarizaron con los franceses. A los pocos días que los alemanes violaran la neutralidad belga, también entró en guerra Gran Bretaña. Ya para 1917 el imperio, mal liderado, estaba exhausto y hambriento. Al zar Nico-lás II, una persona de inteligencia mediocre y de carácter obtuso, el poder se le iba de las manos. Era un buen padre de familia, preocupado por la enfermedad de su hijo hemofílico pero carecía del don de mando y la personalidad para dirigir en circunstancias difíciles, un inmenso imperio en guerra.

El 8 de marzo estalló una primera revolución, llamémosla benigna. La monarquía fue depuesta el 15 y se formó un gobierno provisional de corte liberal democrático con el objetivo de instaurar un régi- men parlamentario. Tendría po- ca vida.

De sus exilios volvieron Stalin de Siberia y Trotsky de Nueva York. En Suiza, moraba un fanático y brillante agitador. Predicaba la violencia y la revolución. Su nombre era Vladimir Ilych Ulyanov, alias Lenin. Lejos del alcance de la policía rusa, conspiraba activamente. Mantenía una extensa correspondencia, principalmente con revolucionarios rusos y publicaba "Iskra" (la Chispa) un pasquín que predicaba la revolu- ción proletaria, abandonar la guerra, liquidar a los terratenientes, terminar con la burguesía, etc. A esa publicación, y presumo también a sus cartas, las leían con interés los servicios de inteligencia alemanes. A estos señores se les ocurrió una diabólica maniobra, ahora que se desmoronaban las cosas en Rusia, para impulsar más el caos, dinamizar las huelgas y la deserción de los soldados del frente. Desestabilizar Rusia.

Lenin negoció con los alemanes un trato y a prin-cipios de abril, cuando se iba de Zurich, le dijo a un colega que se vino a despedir: "En 30 días o estoy colgado en la horca o estoy en el poder" Tanta fe se tenía el hombre. Al mando de 30 camaradas y provisto de fondos, abordó un tren especial que atravesó toda Alemania pasando por Berlín y llegando al borde del Báltico. Junto con sus "activistas" se embarcó en un "ferry" y cruzaron a Suecia. Siguieron hasta bien al norte, atravesando Finlandia y luego fueron hacia el sur. El 16 de abril finalmente entraron en Rusia muy cerca de San Petersburgo, entonces la Capital, donde fue acogido con entusiasmo por sus simpatizantes. Desde entonces a Lenin no lo paró nadie. Con enorme despliegue de energía y una voluntad de acero, fue escogiendo adeptos, eliminando a los pusilánimes, organizando, acumulando poder, prometiendo, paz, pan y tierra para quienes la trabajen. Fogoneó huelgas y desorden, armó a los sindicatos. Fomentó la lucha de clases.

Su idea fija era debilitar a las autoridades democráticas que trataban de gobernar y que buscaban llegar a un armisticio con Alemania. Los llamaba una manga de idiotas, les tenía profundo desprecio. Lenin tenía muy en claro sus objetivos. Tomar el poder absoluto por las armas. Todo valía para lograr el triunfo y mantenerlo. Especialmente el terror, luego convertido en política de Estado y para lo cual formó la guardia roja. El 16 de junio convocó el primer Soviet pero después debió escapar cuando el gobierno provisional ordenó su arresto. Regresó a escondidas el 23 de octubre para liderar la reunión del comité central y declarar la revolución, dando el puntapié inicial al comienzo de una cruenta guerra civil. Los comunistas, que a partir de marzo 1918 dejaron de llamarse bolcheviques, finalmente triunfaron sobre los blancos en 1923. Las promesas engañosas de Lenin no se cumplieron. Aumentó muchísimo el hambre, la tierra pasó a manos del estado y los campesinos fueron "colectivizados" de la forma más brutal.

Lo que se ha logrado curiosamente, es crear una aureola de mansedumbre alrededor de la imagen de Lenin, culpando a Stalin de "algún" exceso. Falso. Lenin desde el comienzo impulsó al terror como política de Estado. Para imponer al régimen, ordenó fusilar en el acto, sin juicio, a cualquier persona sospechada de ser un posible opositor. A los campesinos que escondían de la requisa algunas semillas para sembrar el año que viene, como mínimo, el castigo era un balazo en la cabeza al hijo mayor de la familia. Para que aprendieran. Odiaba a los labriegos rurales, a los kulaks y a los cosacos, más que a la burguesía, a quienes exterminó con saña, siendo esa una de las razones de las hambrunas posteriores. Mandó establecer campos de concentración y se preocupó en poblarlos. Era un verdadero genio del mal. De macabro recuerdo es esa revolución, donde murieron entre 7 y 12 millones de personas para crear el paraíso soviético. Y eso sería solo el principio.

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