Martín Aguirre
Martín Aguirre

Sube y baja engañoso

Se pinchó Lacalle Pou". El comentario de un periodista, confeso partidario frenteamplista, traducía un sentir que parece general en su partido. Que tras un arranque de campaña tan festivo del lado del nacionalista, como opaco el de Tabaré Vázquez, las cosas se habían dado vuelta. Y que el cambio de estrategia estaría dando resultados para asegurar un tercer gobierno. ¿Será esto tan así?

Se pinchó Lacalle Pou". El comentario de un periodista, confeso partidario frenteamplista, traducía un sentir que parece general en su partido. Que tras un arranque de campaña tan festivo del lado del nacionalista, como opaco el de Tabaré Vázquez, las cosas se habían dado vuelta. Y que el cambio de estrategia estaría dando resultados para asegurar un tercer gobierno. ¿Será esto tan así?

No cabe duda que el tono de la campaña oficialista tuvo un giro drástico. Parece haber un siglo de distancia entre aquel Vázquez solemne, frío, maquillado al filo de un Bela Lugosi, que leyó sus 10 medidas presidenciales tras imponerse en la interna, con el de estos días. Que tocó el tambor en televisión, compartió estrado y sonrisas con sus rivales en el Prado, o incluso corrió unos metros para escapar de la lluvia, ante unas oportunas cámaras en el Obelisco. Y el cambio excedió al candidato.

El Frente parece haber sacado a su infantería pesada a pleno en apoyo a Vázquez, y dando razón a la primera dama cuando dijo de manera siempre elegante que "el susto despertó al mamado". Los grupos parecen haber dejado de lado sus picas internas y salido a movilizarse fuerte, ha habido una ofensiva agresiva y asfixiante en las redes sociales, y dos entes "parapolíticos" muy vinculados al oficialismo también mostraron las garras. Primero fue el sector cultural, que emitió una carta de apoyo a Vázquez firmada por decenas de personajes, desde figuras como Ruben Rada, Tomás de Mattos u Osvaldo Laport, hasta otros como Víctor Hugo Morales o Esteban Valenti.

Tal vez lo más explícito fue lo del movimiento sindical, que concretó un "paro electoral" que afectó especialmente a la enseñanza secundaria, a la recolección de basura y a las actividades estatales, con el eslogan de que "nos movilizamos para que los cambios no se detengan". Aunque el dirigente del Pit-Cnt, Fernando Pereira se encargó de aclarar que "no le vamos a decir a nadie a quién votar".

Como contracara de esta ofensiva oficialista, el bando opositor mostró unas semanas de desconcierto. Primero por el agresivo cambio de estrategia de los colorados, que se lanzaron duro contra Lacalle Pou en lo que lució como un intento final y desesperado por pelear el segundo puesto en el balotaje a como dé lugar. Pero también por una seguidilla de expresiones del candidato blanco y algunos asesores, que abrieron flancos para los afilados colmillos oficialistas en los medios y en las redes. Un eventual cambio en leyes sociales y laborales que el oficialismo muestra como emblema, y que la oposición nunca apoyó con demasiado calor (pese a que ha negado hasta el hartazgo querer cambiar) han puesto a la defensiva a los blancos, quienes por primera vez parecieron perder la iniciativa en la campaña. Por momentos, dio la impresión de que el comando nacionalista se dejó llevar demasiado por polémicas mínimas que florecen en las redes sociales más que en los medios tradicionales.

Esto nos lleva a un tema trascendente: ¿qué peso tienen realmente estas redes en la campaña? ¿Hasta dónde estas percepciones que sienten quienes están 24 horas por día sumidos en temas políticos son realistas? Y, sobre todo, ¿impactan al pequeño sector de indecisos que definirán la elección?

Dos estudios de la empresa Equipos conocidos esta semana dan luz sobre el tema. El primero revela que del 17% de los uruguayos que tienen cuenta en Twitter, apenas un 3% la ha usado para comentar temas políticos. Y del 40% que es usuario de Facebook, lo hizo apenas el 14%. O sea una cifra ínfima. Por otro, el perfil de esos indecisos revela que una mayoría importante se consideran de "centro", casi la mitad serían votantes afines a los partidos tradicionales, mayoritariamente mujeres y del interior del país. Un público que parece poco proclive a dejarse llevar por la histeria desatada en las redes sociales, ni por los amenazantes discursos de la cúpula del Pit-Cnt. Que, además, no le va a decir a nadie a quién votar. Tal vez lo más efectivo en ese sentido haya sido el apoyo de Laport.

Pero además, hay hechos que escapan a los comandos de campaña, y que pueden arruinar la estrategia más elaborada. Una muestra evidente de esto fue la recorrida mediática del ex ministro, y ahora candidato a diputado por el sector de Michelini, Fernando Lorenzo, con frases como que "nada de lo que yo hice le costó un céntimo al Estado", o que "el caso Pluna es insignificante al lado de los temas que tiene el país para atender".

No se precisa demasiada imaginación para figurarse la reacción del candidato oficialista ante estas palabras. "Y yo que me gasto corriendo", pensará Tabaré.

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