Martín Aguirre
Martín Aguirre

La posverdad uruguaya

Se define como posverdad cuando la gente a la hora de formar su pensamiento privilegia emociones y sentimientos, por encima de la información concreta. Y es a lo que apelan cada vez más los políticos cuando algún dato los perjudica, negando todo hasta el final, y culpando a los medios o a oscuras conspiraciones, de su infortunio.

Se define como posverdad cuando la gente a la hora de formar su pensamiento privilegia emociones y sentimientos, por encima de la información concreta. Y es a lo que apelan cada vez más los políticos cuando algún dato los perjudica, negando todo hasta el final, y culpando a los medios o a oscuras conspiraciones, de su infortunio.

Por ejemplo, cada vez que CNN publica algo que no le gusta, Trump dice que es “fake news”, mentiras, y su gente le cree. Y cada vez que CNN publica algo que no le gusta, Maduro dice lo mismo, o los echa del país, y su (achicada) claque festeja. Algo debe estar haciendo bien CNN.

En Uruguay esto ocurre cada vez con mayor frecuencia.

Un ejemplo es lo que sucede con las denuncias contra el vicepresidente Sendic. Los números concretos dejan en evidencia que tras su gestión en Ancap, la empresa quedó en rojo por cientos de millones, al punto que el estado tuvo que capitalizarla, y los uruguayos pagan un combustible carísimo para tapar los agujeros. También ilustran sobre sus gastos de tarjeta corporativa, algunos en La Paloma en enero, que no condicen con su explicación de que solo la usaba con fines laborales.

Sin embargo, Sendic insiste en que es todo una campaña de la prensa, de la derecha, de gente que lo quiere mal. Lo curioso es que hay gente que lo cree. No solo votantes de a pie, dirigentes como Javier Miranda, como Lucía Topolansky, como todo el plenario del Frente Amplio. ¿Posverdad?

Otro. Desde hace meses, la agenda pública está marcada por revelaciones complicadas sobre la financiación original del sector del expresidente Mujica, el MPP. Todo comenzó con un libro, donde algunas fuentes relataban que viejos militantes tupamaros realizaron asaltos aprovechando su entrenamiento guerrillero, para aportar fondos al grupo. Los datos fueron ratificados por otras fuentes, al punto que se debió reabrir una causa judicial sobre el tema.

Mujica primero negó, después reconoció algo, pero siempre denunciando ser víctima de una conspiración mediática. Algo que ratificó el exsenador Agazzi señalando con insidia que el libro de Urruzola había sido impreso en El País. Otros dirigentes del FA han regresado con ese argumento, agregando que el nuevo libro sobre Sendic también es de editorial Planeta, propiedad de El País de España, y también habría sido impreso por El País de Uruguay. Un minuto en Google permite comprobar que El País de Uruguay y el de España no tienen nexo, y que ninguno de los dos libros fue impreso en esta casa. Gente inteligente y con posibilidades de informarse repite algo a sabiendas que es falso. O sea, posverdad al 100%.

Tercer caso. Esta semana estuvo en Uruguay el conferencista chileno Axel Kaiser, quien defiende ideas liberales en materia política y económica. Un pensador polémico y desafiante, sobre todo en un país donde esta visión ha sido expulsada hasta los límites de lo moralmente aceptable por el establishment político. Al punto que cuando vino al país la politóloga Gloria Alvarez, coautora con Kaiser de un exitoso libro sobre el populismo, a la reacción histérica de buena parte del sistema político, hubo que sumar que el politólogo Daniel Chasquetti, la mandara a dedicarse “a la pasarela”.

Ahora, el director de la OPP, Alvaro García dijo que las posturas de Kaiser serían “fórmulas viejísimas y archiconocidas que nuestros países sufrieron duramente, en envases nuevos: El liberalismo ‘cool’ para pocos”. Más allá del inexplicable enojo de García porque alguien venga a generar debate de ideas en un país que tanto lo necesita, lo único cierto es lo de viejísimas, si recordamos que Adam Smith vivió en la primera mitad del siglo XVIII. Pero Marx es solo medio siglo más moderno, y eso no parece afectar su idolatría por estas costas.

Ahora bien, que nuestros países hayan conocido y sufrido esas “fórmulas”, parece difícil de sostener. Salvo Chile, cuyos resultados son tan buenos que redujeron la pobreza del 50% al 7%, y tiene un 80% de gente que termina secundaria contra un 37% de Uruguay, no hay muchos ejemplos regionales de aplicación de políticas liberales. Menos en Uruguay, donde el que pretendió hacer algo por el estilo fue Lacalle Herrera, y la alianza del Frente Amplio con Sanguinetti y parte del Partido Nacional, lo frenó con un referéndum.

De hecho, las pocas reformas liberales concretadas, el puerto, los seguros y la telefonía celular (ya en gobierno de Batlle), nunca fueron tocadas por el FA y han mostrado ser muy positivas. ¿Entonces? ¿A qué se refiere García? Difícil que alguien tan capaz no conozca esta realidad. O sea, una nueva apelación a la posverdad.

Es bueno tener claro cuando muchos políticos y académicos miran con aires de superioridad lo que está pasando con Trump, que acá no estamos mucho mejor. Y recordar aquella frase de otro republicano, Abraham Lincoln, que decía “puedes engañar a alguna gente durante un tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo para siempre”.

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