Martín Aguirre
Martín Aguirre

El mundo al réves

La campaña rumbo a las internas de junio está mostrando un rostro sorprendente. No tanto por los equilibrios internos en cada partido, que según las encuestas están cerca de lo que se preveía, sino en el tono del debate dentro de las fuerzas políticas. En una semana marcada por el recambio forzado de jerarcas en el BROU, y por el "pase" del senador Abreu a filas de Lacalle Pou, esto quedó más patente que nunca.

La campaña rumbo a las internas de junio está mostrando un rostro sorprendente. No tanto por los equilibrios internos en cada partido, que según las encuestas están cerca de lo que se preveía, sino en el tono del debate dentro de las fuerzas políticas. En una semana marcada por el recambio forzado de jerarcas en el BROU, y por el "pase" del senador Abreu a filas de Lacalle Pou, esto quedó más patente que nunca.

El sacudón que significó la decisión de Abreu fue una prueba de fuego para el clima de frágil armonía con el que venía desarrollándose la interna blanca. Se sabe que históricamente las pugnas en el Partido Nacional han sido sangrientas, y en ese sentido, con una lucha bastante pareja entre Jorge Larrañaga y Luis Lacalle Pou, no eran pocos los observadores que esperaban que al primer chispazo, ardiera la pradera.

Y lo del excanciller se prestaba para ser un foco ígneo importante. Es que su precandidatura, según los sondeos, sumaba un número de adhesiones casi justo como para compensar la distancia que esos mismos sondeos conceden a Larrañaga sobre Lacalle Pou.

Sin embargo todo fluyó de manera inesperadamente calma. Desde el sector de Alianza Nacional casi no se escucharon críticas contra la decisión de Abreu. Su líder solo dijo que el pase "es noticia para dos días", y que no creía que impactara mucho en las intenciones de voto. El propio Abreu tuvo palabras medidas y dijo que "el partido se hace desde distintas visiones que no son incompatibles. Por eso aquí va mi saludo también para el doctor Jorge Larrañaga porque es un buen blanco".

Tal vez el único que marcó un perfil un poco más combativo fue el intendente de Cerro Largo, Sergio Botana (aliado de Larrañaga) quien hizo algún comentario irónico diciendo que "Tabárez no lo cita porque Abreu no está llegando al final de los Partidos". Algo que puede tener que ver con la interna en su propio departamento, donde el pase de varios dirigentes de sus filas a Lacalle Pou lo ha dejado en minoría en la Junta Departamental. Pero, de nuevo, para lo que son los antecedentes, esta campaña parece más un monasterio tibetano que una pugna en el seno del Partido Nacional.

La que no tiene nada de armoniosa es la interna en el oficialismo, donde hay al menos dos choques muy marcados y, lo que es más llamativo, extremadamente públicos.

Por un lado la lucha "oficial" entre Tabaré Vázquez y Constanza Moreira. A esta altura hasta el observador más alejado tiene claro que la relación entre ambos es pésima, y cada vez que tienen que compartir un estrado, el ex presidente debe ingerir una triple dosis de antiácido estomacal. Esto quedó evidente en ocasión del acto conjunto por el aniversario del Frente Amplio, cuando tras escuchar una andanada de ataques de la senadora, donde lo más lindo que le dijo fue viejo, Vázquez habló apenas unos minutos para cumplir, y se retiró notoriamente ofuscado. El dirigente socialista Yerú Pardiñas justificó el enojo de su líder diciendo que "lo que hizo Constanza fue aprovechar el momento en que había una convocatoria de la fuerza política para marcar un perfilismo. No era el momento".

Otro choque que quedó bastante explícito estos días es el que se vive entre el presidente Mujica y el vicepresidente Astori. La elección del nuevo directorio del BROU fue una operación públicamente sufrida, con "fuentes" de ambos lados anunciando el fin de la convivencia pacífica. Astori logró imponer a alguien de su confianza como presidente, pero debió aceptar que Mujica completara a su gusto el equipo. Fue claro además que el astorismo jugó fuerte para endilgar a Mujica la culpa por la crisis en el fútbol y su sospechosa cercanía a Paco Casal, algo que a nivel popular en este país es más embromado que cuatro casos Pluna.

Incluso Astori, rompiendo acuerdos previos, proclamó a Mónica Xavier para la vicepresidencia. Esto no cayó bien en el MPP, que juega con postular a Lucía Topolansky. La propia primera dama afirmó al respecto que el pacto "era no interponer nada antes de la interna. No me voy a agarrar con Danilo porque lo anunció. Pero me tengo fe para pelear con varios pingos".

Lo curioso es que, a diferencia de los blancos que no suelen disimular sus peleas internas, el Frente, tal vez herencia de su vertiente colorada, ha sido siempre muy discreto en estos temas, prefiriendo barrer para dentro cuando hay choques, en vez de ventilarlos públicamente. Habrá que ver cómo impacta ese clima en la opinión pública y hacia dónde esa armonía y rispidez respectiva, deriva una vez que se conozcan los resultados de junio.

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