Martín Aguirre
Martín Aguirre

Mujeres marchando

En un país abúlico, donde causas muy válidas no logran convocar a nadie, de repente, 300 mil personas inundaron 18 de Julio convocadas por el Día Internacional de la Mujer. Desde el fin de la dictadura no se veía una multitud semejante. Ver ese río humano en marcha disparó una pregunta clave: ¿qué generó esto? ¿Qué fibra íntima de la sociedad tocó esta convocatoria, que no logra rozar ni la inseguridad, ni la crisis de la educación, ni la pobreza, ni el despilfarro del dinero público, ni la injerencia estatal en cada aspecto de la vida individual?

En un país abúlico, donde causas muy válidas no logran convocar a nadie, de repente, 300 mil personas inundaron 18 de Julio convocadas por el Día Internacional de la Mujer. Desde el fin de la dictadura no se veía una multitud semejante. Ver ese río humano en marcha disparó una pregunta clave: ¿qué generó esto? ¿Qué fibra íntima de la sociedad tocó esta convocatoria, que no logra rozar ni la inseguridad, ni la crisis de la educación, ni la pobreza, ni el despilfarro del dinero público, ni la injerencia estatal en cada aspecto de la vida individual?

Para eso es clave analizar las consignas de la protesta. Y la verdad es que las mismas eran tan amplias como el espectro de participantes de la misma. Pero algunos ejes destacados eran fáciles de identificar. Un sector de quienes marcharon parecían hacerlo en rechazo a la violencia de género. Algo comprensible, cuando se ven las cifras de los últimos tiempos de este tipo de delito. Sin embargo, parece difícil no coincidir con el abogado y polemista Hoenir Sarthou en su análisis de que en un país cada día más violento, estas cifras no son tanto más altas que las que padecen otros colectivos y que no generan este sacudón popular.

La diferencia con Sarthou es que tanto para él como para mucha gente de concepción marxista, la magnitud de esta marcha se podría explicar por la influencia de ese lobby financiado por grupos de poder para distraer la atención de las verdaderas causas del malestar social: la explotación y la lucha de clases. Curiosamente, otra de las consignas de la marcha era la lucha “contra el capitalismo”. Pero si bien ese lobby existe, para quienes creemos que los seres humanos no somos tan manipulables, el desafío de explicar lo del martes es más duro.

Una segunda expresión que surgía de las imágenes de la marcha, era un encono contra la Iglesia Católica, relacionado con el aborto. Hubo gente que posó frente a la Catedral con un cartel que decía “Dios ha muerto”, la estatua de Cervantes fue adornada con la consigna esa de los rosarios y los ovarios, y hasta un monumento a “la Madre” fue intervenido con consignas por el estilo.

Tal vez se pueda señalar que el caso reciente de Mercedes, pueda haber agitado estas aguas, pero la verdad es que el tema del aborto, como quedó en claro con el intento de plebiscitar la ley que lo habilita, no ha sido nunca en Uruguay un catalizador de multitudes. Y esa obsesión contra la Iglesia, en un país donde esa institución ha tenido escasa influencia política en la historia, parece más parte de ese complejo algo pueblerino de nuestra intelectualidad por copiar consignas ajenas, que de un problema real local. El autor no tiene un pariente católico en cuatro generaciones, y nunca sintió que la Iglesia fuera un factor de presión ni siquiera marginal en su forma de vida. Más allá del respeto (y a veces envidia) que generan los amigos cuya fe les da certezas ante esas preguntas trascendentes que se van haciendo más angustiosas a medida que pasan las hojas del calendario.

Hubo un tercer eje convocante a la protesta, y este fue la lucha por la igualdad. Otro tema que se presta para discusión. ¿Es verdad que hay una segregación contra la mujer en los ambientes laborales? ¿Existe una diferencia salarial tan chocante? ¿Qué tan bajo es ese “techo de cristal” que se denuncia desde los años sesenta? Hay señales que darían razón a la protesta. Tanto a nivel político, como en las reuniones de empresarios, como en la cúpula del Pit-Cnt, la presencia femenina es porcentualmente muy menor a la de la población general.

Pero también hay matices. Por un lado, legalmente, hay amplísimas normas protectoras para enfrentar este desbalance. Por otro, en la práctica, en los últimos 10 o 15 años, el avance de la mujer en estos campos es formidable, y no parece faltar mucho para que en muchas actividades la presencia femenina sea casi hegemónica.

Es más, si en vez de mirar a las posiciones de poder hoy en esta sociedad envejecida, hiciéramos un corte generacional en los 35 a 50 años, veríamos que en muchas actividades de influencia, desde la Justicia, hasta el periodismo, pasando por las empresas y la política (no así el gremialismo) los cargos con más proyección son ocupados hoy por mujeres.

Dicho todo esto, seguimos como al principio. ¿Qué motivó que de golpe 300 mil personas salieran a la calle? Para el autor, seguramente condicionado por ese terco cromosoma que se empeña en marcar que somos distintos, esto como tantas cosas de la naturaleza femenina, seguirá siendo un misterio. Pero, a corto plazo, será muy interesante ver hacia dónde nos arrastra a la sociedad uruguaya ese río humano que salió el martes a copar 18 de Julio.

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