Martín Aguirre
Martín Aguirre

La muerte y los impuestos

La “grieta” llegó a Estados Unidos. Unos días en el país más rico del mundo muestran a una nación dividida y polarizada como nunca, donde si se toma lo que se ve en la TV o en los diarios, se está al borde una guerra civil, pero si se camina por la calle la vida fluye como siempre. Ahora, los contrastes con el debate político uruguayo chocan dolorosamente.

La “grieta” llegó a Estados Unidos. Unos días en el país más rico del mundo muestran a una nación dividida y polarizada como nunca, donde si se toma lo que se ve en la TV o en los diarios, se está al borde una guerra civil, pero si se camina por la calle la vida fluye como siempre. Ahora, los contrastes con el debate político uruguayo chocan dolorosamente.

Es que más allá de ruidos y disparates, la sociedad norteamericana en esta era Trump se está planteando preguntas clave: su vínculo comercial con el mundo, su política migratoria, el sistema educativo, la reforma de la salud. Por ejemplo, hace unos días hubo un debate en CNN entre los senadores Sanders y Ted Cruz acerca del plan de salud lanzado por Obama, que pondría verde de envidia a cualquier uruguayo.

Fue una discusión jugosa, conceptual, entretenida, y donde dos tipos en las antípodas ideológicas chocaron de frente en varios puntos, pero acordaron en otros y hasta pactaron actuar juntos para poner la lupa sobre laboratorios y empresas de seguros médicos.

La diferencia con lo que vemos acá es tremenda. ¿Qué discusión de fondo afronta hoy la sociedad uruguaya? El gran tema de todos, la crisis terminal de la educación nacional, se ha banalizado a niveles asombrosos (leer las declaraciones de Muñoz y Netto desde el exterior dan ganas de pedir asilo en la embajada del Congo), los agujeros crónicos en el Fonasa o el BPS son tabú, la decadencia del entramado industrial solo es analizada por los diarios.

Tal vez el punto donde esto es más chocante tiene que ver con el tema impositivo. En estos primeros meses del año el asunto ha vuelto a ponerse sobre la mesa a raíz de la ya famosa filtración difundida por El País sobre el plan a estudio del Frente Amplio para quedarse con el excedente del Fonasa y aumentar la carga tributaria sobre empresas y personas.

Todo el debate estuvo cargado de preconceptos, eslóganes y palabrería hueca sin fundamentos ni vocación constructiva. Al punto que el gran tema debatido fue la supuesta “traición” del infidente en vez de las bases de la propuesta. Y un planteo bastante desafiante de Edgardo Novick, con cifras y datos concretos, solo fue respondido de parte del oficialismo por algún cómico radial de su esfera cercana.

Es una pena, ya que el tema tributario es realmente un problema central de la sociedad uruguaya hoy. Porque las noticias cotidianas dejan en claro que el peso de los impuestos y la escala con la que el Estado extrae recursos a los ciudadanos para financiar su enorme aparato, está siendo cuestionada por la realidad todos los días.

Son demasiados los emprendimientos comerciales e industriales que han cerrado sus puertas, y las razones citadas son principalmente dos: la rigidez laboral y la carga de impuestos.

Pero más allá de los grandes titulares, el que camina por la calle no deja de sorprenderse con la poca vida que tienen los comercios en el país. Desde el Centro a Pocitos es cosa de todos los días ver locales que cierran a pocos meses de arrancar su negocio, y la respuesta de sus responsables suele ser siempre la misma: los márgenes que quedan después de pagar impuestos no compensan el esfuerzo que insumen.

Un norteamericano que se instaló hace unos años con negocios en las costas de Rocha se sorprendía con el comentario de sus colegas locales que evadían abiertamente impuestos con el argumento de que si se paga todo lo que se debe, no se puede funcionar en Uruguay. Algo imposible de comprender por él, que tenía todo en regla. Hoy vive en Bali.

Es interesante analizar cuáles son los rubros que andan bien en el país, y buena parte de ellos operan en zonas francas. De hecho, la oferta a UPM de declarar el lugar de la nueva fábrica (igual que la anterior) zona franca, es una declaración explícita de que si pagara lo que paga cualquier empresario uruguayo, sería inviable.

Incluso el turismo argentino, ese que este año concretó una excelente temporada, es tentado en la publicidad oficial uruguaya con la oferta de una jugosa devolución de impuestos. Si no, no vienen.

La pregunta es: ¿qué empresa o comercio está teniendo hoy rentas significativas? Si dejamos de lado al Estado y sus proveedores (esos que tienen que comprar tiques de 500 dólares para ir a cenas con los jerarcas que deciden a quien se contrata), ¿qué rubros están florecientes en Uruguay como para aportar más impuestos? Y dejemos de lado ese eslogan tonto de afectar al “gran capital”, que en Uruguay casi no existe, y el que hay es casi imposible de afectar. ¿Se puede seriamente sostener que hay margen para aumentar los impuestos en un país estancado, caro, y con sueldos bajísimos?

Benjamín Franklin dijo una vez que lo único cierto en la vida es la muerte y los impuestos. Si en Uruguay no se analiza a fondo y sin preconceptos apolillados la sostenibilidad del esquema tributario, lo primero va a llegar antes que lo último.

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